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Notas sobre cine

Noche en Blanco , noche Miyazaki

El Cine Albeniz nos brinda una oportunidad única: poder disfrutar de los tres grandes clásicos de la filmografía de Hayao Miyazaki

El cineasta japonés Hayao Miyazaki

El cineasta japonés Hayao Miyazaki / L.O.

Miguel Robles

Miguel Robles

En la Noche en Blanco del próximo sábado, una jornada que cada año se señala con mayor prioridad en el calendario de los malagueños, el Cine Albeniz nos brinda una oportunidad única: poder disfrutar de los tres grandes clásicos de la filmografía de Hayao Miyazaki como son El Viaje de Chihiro, El Castillo Ambulante o La Princesa Mononoke.

Tener al bueno de Hayao con vida, unos 83 años de vida, talento y cine, es un milagro en sí mismo y un regalo que no merece una ciudad de espectadores inmersos en la adicción de la multipantalla. La edad no lo ha desgastado en continuar haciendo su cine, ya que hace pocos meses tuvimos El Chico y la garza. La ganadora al Óscar a película de animación, fue muestra de un cambio de perspectiva de su creador aunque su campo temático sea sustancialmente el mismo. Vemos a una persona que en su madurez creativa acepta los últimos coletazos de su memoria, a través de una imagen impregnada de bella melancolía en los detalles más nimios, un ojo hierático a los gestos más implícitos como japonés (el arte del calzado) y como elemento participante de la naturaleza (paisajes, contacto con los animales).

Cuando he podido revisionar sus grandes clásicos me doy cuenta de lo contemporáneas que son: en El Viaje de Chihiro (posiblemente su obra magna), Miyazaki desmiembra el mundo y expone la caída de sus valores -la falta de referentes y una tradición que ya no es respetada sino ninguneada- , enfrentándolo con la fantasía más terrorífica para reformar uno nuevo, donde haya sitio a la esperanza. Un mundo en el que los jóvenes tomen el liderazgo como lo haría Chihiro.

El viaje de Chihiro

El viaje de Chihiro / L.O.

El cineasta llena la pantalla de significados inabarcables, una ambición tan desmedida que retrata desde el punto de vista más ingenuo la sublevación ante fuerzas totalitarias y la gobernanza del modelo industrial sobre mentes alineadas, una película que se crea para nunca ser entendida en su totalidad, dejando parte de ella a la mágica interpretación de sus visitantes, esos que volverán a la realidad con las partituras de Joe Hisaishi resonando hasta su final. Ese momento que tendremos que subir a ese tren.

El genio disemina tal cantidad de símbolos, nunca olvidando la naturaleza como fuerza pivotante sobre la tiranía humana, que resulta imponente para el niño pequeño que venía atraído por el diseño de sus criaturas.

La princesa Mononoke

La princesa Mononoke / L.O.

Tan compleja como abrumadora, al igual que La Princesa Mononoke. A los ojos teóricos de Miyazaki, el humano odia lo desconocido y busca reformarlo a su voluntad. Acostumbrado a linear un mosaico sobre el pecado de la ambición humana, hemos arrebatado el rol de deidad a las fuerzas que nos preceden en el tiempo y, desde nuestra congénita inconsciencia autodestructiva, estamos maldiciendo el mundo a base de dejarlo hecho cenizas.

Componiendo estás imágenes, el artista japonés nos señala diferentes preguntas morales: ¿Es el ser humano superior? ¿Donde tiene su límite en la naturaleza para manipularla en pos de extenderse?

Todo espectador debe interpretar esas preguntas en la sala de cine, un espacio de reconciliación con el mundo exterior y los que lo habitan. Y no hay excusa para bolsillos caprichosos: las entradas son gratuitas (máximo dos por adquisición) en las taquillas del Albéniz.

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