Arte
El MUPAM exhibe el eterno viaje al interior de Antonio Montiel
La muestra celebra en La Coracha los 50 años de trayectoria artística del afamado pintor malagueño, maestro en el arte del retrato y sublime comunicador del sentimiento religioso en sus lienzos y carteles. Un centenar de piezas condensan un corpus creativo marcado por la introspección y la observación del alma

«De pequeño me cuestionaba la vida mientras los demás niños se dedicaban a jugar a la pelota. Y pronto empecé a leer a Krishnamurti y Yogananda, y a intentar comprender al ser humano. Eso me ha ayudado mucho a la hora de captar la parte interna de las personas. Las caras dicen mucho de lo que la persona es. Se puede cambiar una nariz, una boca... Pero lo que la persona emana es propio de su esencia. Y eso se puede captar si eres observador». Son palabras de Antonio Montiel (Antequera, 1964), uno de los retratistas definitivos de nuestro país y también un hombre que ha encontrado en el lienzo mucho más que arte. Para celebrar sus 50 años con los pinceles, el Museo del Patrimonio Municipal de Málaga (MUPAM), en sus salas de La Coracha, ha diseñado una completa muestra de su corpus creativo, acertadamente titulada De lo divino. De lo humano. Porque ya lo dice el propio Montiel: «El retrato me llevó a una búsqueda espiritual y de conocimiento. Lo más importante que ha sucedido en mi vida, por encima incluso de la pintura, es ese encuentro con la divinidad y la esencia del ser humano».
Hasta el 6 de enero del 2025, un centenar de obras fechadas entre 1975 y 2024 rastrean la trayectoria del antequerano, que, como tantos, no fue profeta en su tierra y comenzó regalando sus cuadros y que a los 19 años ya había retratado a Juan Carlos I. Escribió la catedrática María Jesús Pérez Ortiz que Antonio se abrió camino artístico en la vida «con constancia, lucha y con esperanza» y lo resumió a la perfección Lola Flores, una de las famosas a las que aprehendió en un lienzo: «Antonio ama la pintura y ama a la gente». Por eso, Pepa Flores, Fidel Castro, Isabel II de Inglaterra, doña Sofía, Rocío Jurado, la duquesa de Alba, Carmen Thyssen y Sara Montiel, entre muchos otros, confiaron en su mirada y sus manos. También Felipe VI: de Montiel es su primer retrato al óleo tras ser proclamado rey de España.

Chiquito de la Calzada con su mujer, Josefa García Gómez, conocida cariñosamente como Pepita / Álex Zea
Doña Sofía
De su experiencia con esos vips, resalta por ejemplo que la reina Sofía se portó de un modo «sencillo y natural». «Nos quedamos a solas en el Palacio de la Zarzuela, adonde yo había llevado una carpeta con fotos. Yo solo le quería enseñar dos, pero ella me dijo que quería verlas todas». Y de Isabel II asegura que «ganaba en las distancias cortas». «Dijo que su retrato era una delicia», ha asegurado Montiel, que ha recordado que su obra se incluyó en la exposición con motivo de los cincuenta años de su reinado.
Por encima de todos esos nombres propios está el de Marisol, Pepa Flores, con quien une a Montiel «una gran amistad» y que es también responsable en parte de su búsqueda del alma humana en el rostro de los demás: «Al ver en una revista a una Marisol de unos 19 años, sentí un gran impacto, se percibía en ella algo mucho más profundo, y eso hizo que yo quisiera indagar en los retratos y buscar en el interior, algo a lo que ella se presta muy bien por algo que tiene en su rostro», recuerda Montiel.

Varias obras de la exposición / Álex Zea
A todos y todas las retratadas, eso sí, el malagueño ha aplicado su humanidad y perfeccionismo, a pesar de que, asegura, «el retrato es muy esclavo». Y matiza: «Pero es una esclavitud que me gusta».
Contenido religioso
Especial atención se presta en la exhibición temporal a sus obras de contenido religioso. Muchas cofradías de Málaga y su provincia cuentan con óleos de Antonio Montiel que muestran en sus estandartes así como obras al pastel que inmortalizan a sus sagrados titulares. Como excelente cartelista sus obras han anunciado el ciclo festivo completo oficial de Málaga, así como muchos eventos lúdicos y religiosos. Piezas todas ellas, sus Vírgenes y sus Cristos, caracterizadas por un humanismo emocionante y esperanzador. Sin saberlo, suele recordar el artista, convirtió a Jesucristo en su mejor amigo, en su «hombre interior» con el que se identifica; de ahí que sus autorretratos representen a la figura de Jesús y condensen el diálogo entre lo divino y lo humano, el leit motiv de la obra, y si nos apuran, la vida del pintor malagueño.
En todas las obras, en los retratos y en las de contenido religioso, hay una sublimación de lo figurativo; no verán en el arte de Montiel ninguna tendencia actual ni vanguardismo. «Hice algunas incursiones vanguardistas, pero no era lo que sentía y fui honesto, a pesar de que es lo que potencian las instituciones. No estoy en contra de la pintura de vanguardia, pero sí de las tomaduras de pelo, y creo que el tiempo irá dándome la razón», argumenta Montiel.
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