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Entrevista | Moncho Borrajo Cómico

"Lo peor que le puede pasar a un cómico es la autocensura"

El célebre cómico presentó su nuevo libro, 'Aquella Farándula', el pasado viernes en la Asociación de Vecinos de La Malagueta

Moncho Borrajo en la sede de La Opinion de Málaga

Moncho Borrajo en la sede de La Opinion de Málaga / Álex Zea

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Manuel Díaz

Málaga

El cómico Moncho Borrajo, celebre durante décadas gracias a sus actuaciones en grandes teatros, salas de fiesta y programa de televisión, ha presentado en Málaga su novela “Aquella farándula” (Editorial Jákara) en la que retrata a través de dos personajes principales y numerosos secundarios, el mundo del espectáculo y el artisteo desde los años de la Transición.

¿Qué le llevó a escribir el libro Aquella Farándula, qué quería rescatar de aquella época del espectáculo español?

Yo quería enseñar de alguna manera la trastienda de la botica. En todas las farmacias de España, durante la posguerra, se reunían el alcalde, el cura del pueblo y el boticario a jugar a las cartas y hablar de todo. La gente conoce de la farándula, la lucecita, la lentejuela y el brillo, pero no la realidad. Hay dos personas, uno es cómico y otro una actriz, donde la palabra soledad está ahí.y la droga está presente.

¿Qué cree de aquella generación de artistas que ya no se ve hoy?

En aquella época tuvimos suerte, porque no había móviles. Nuestra vida podía ser privada si queríamos. No salíamos en los elementos públicos, ahora es imposible, te cazan por todos lados, hagas lo que hagas. Ahora estamos en la generación TikTok, que es nacer, crecer, triunfar y morir en un día. El artista duraba mucho tiempo y tenía que luchar. El otro día estuve grabando unas cosas y el técnico de sonido me dijo que estuvo una chica, durante una semana, para grabar una canción, le corregía cada frase. Hoy en día, todo va muy deprisa, las personas no se mantienen y no tienen peso. Lo peor que le puede pasar a un cómico es la autocensura, que el gobierno consiga que tú seas el que se censura. Han convertido el insulto en ingenio, y no, insultar no es ingenioso. Soy de la opinión que tenía Camilo José Cela, el taco bien dicho refuerza lo que estás contando. Lo que he notado, es que la mujer ha tomado un puesto del humor, que me parece interesante. La mujer tiene más “mala leche”, que el hombre.

¿Cree que las redes sociales han cambiado la manera de hacer reír a una persona?

Todo depende de quien haga el humor y de quien lo recibe. El sentido del humor es un regalo de tu cerebro, depende de ti. Si tu concepto del humor es decir tacos, pues te quedas ahí. Yo me reía de los pijos, de los ricos, del político de turno, del que me tengo que reír. Recuerdo que una vez, un señor que me quiso ofender hace muchos años, me dijo, bueno, todos los cómicos salen de las barras de los bares, Y yo le contesté, en la universidad también hay bar.

¿Cómo ha cambiado el humor desde aquellos años hasta ahora?

En el humor hubo un tiempo en el que el machismo y la burla sobre la mujer formaban parte del humor. Todo ha ido evolucionando gracias a Dios. Todo depende de quien te lo cuenta, cómo te lo cuenta y dónde te lo cuenta. Con Arévalos nunca me sentí ofendido con sus chistes de homosexuales. Él tenía una hija con síndrome de Down y contaba chistes de tartamudos y de gangosos y, no se estaba riendo de su hija. La base del humor es siempre la misma, pero hay que vestirla de diferente forma.

¿Qué opinión tiene sobre los cómicos que hay actualmente más jóvenes como David Broncano o Eva Soriano, que representan otro tipo de humor?

Siempre digo que no son ni mejores ni peores. Broncano es un personaje que a mí, no me hace reír. Ni él ni los que tiene en su entorno. Pero no quiere decir que no sean buenos, fíjate cómo se ríe la gente. Uno de los errores más gordos que tenemos en nuestro país es juzgar siempre y, aquello que ya no nos gusta es malo. No, es otro concepto de humor. Una de las cosas que más me sorprendía a mí, era que yo llegaba a Andalucía y si espectáculo era en andaluz. En Cataluña, hablaba en catalán y en Galicia, hablaba en gallego. Yo cambio en función del público que tengo.

¿Cuáles han sido sus mayores logros?

He tenido los teatros llenos. Cincuenta años llenando teatros. Bueno, cincuenta y tres ya. Llenar el Monumental nueve meses seguidos, tres días seguidos en Peralada —donde actúan los mejores artistas del mundo de Cataluña—, y cuatro años seguidos en Cleofax, en Madrid, todas las noches.

¿Me puede contar alguna anécdota que le haya ocurrido?

Sí, una vez estaba con Gila en un aeropuerto y se nos acercó un periodista que nos preguntó quién era, para nosotros, el mejor cómico de España. Gila, con su ingenio habitual, le respondió: Mire, los humoristas no somos como las folclóricas, somos como los deportistas. Yo soy de los cien metros lisos; si hago más de tres cuartos de hora, aburro al público. Moncho Borrajo es de maratón; Tip y Coll son de salto de vallas; y Mari Carmen, de salto con pértiga. Y añadió: “¿Usted compararía el salto con pértiga con los cien metros lisos? No, ¿verdad?”. Cada artista tiene su propio estilo y su momento de humor".

Después de tantos años de carrera, ¿qué es lo que le hace reír?

Los niños. Los niños son unos cabrones, pero es que son el público más difícil del mundo. Como a un niño no le guste algo, enseguida dice “no me gusta, mamá”, y ya la has cagado. No te mata porque no puede… y ahí no hay truco: ahí está la sencillez pura y dura. Yo he disfrutado muchísimo cuando venían niños al teatro. La gente se escandalizaba porque decía tacos, pero, señora, si los niños oyen más en el colegio. Además, se ríen de cosas que ni usted ni su marido entienden, porque ellos sí las pillan. Es muy curioso. He hecho muchas veces números de payaso con mi nariz roja porque me encanta. Me cambia la voz, me transformo en niño cuando me la pongo. De ahí sale Monchito, que es un cabroncete también. Cuando hablaba con Dios, la voz de Dios era la de Constantino Romero. Yo le decía: “¡Papacielo!”, y él me respondía: “¡Monchito!”. Entonces yo decía: “El váter gira”, y Dios me contestaba: “¡No, Monchito!”. “Ya me he vuelto a hacer caca en la lavadora…”. La gente se tiraba por el suelo de la risa. Lo escatológico funciona siempre: culo, caca, pedo, pis… da igual la edad, pero hay que saber contarlo. Tenía una parodia sobre los váteres antiguos que me la han copiado muchas veces: un pie aquí, otro allá, sujetando la puerta con la mano, intentando que todo coincidiera con el agujero… y el papel, claro. La gente se partía recordando esas escenas de los pueblos.

Si pudiera mandarle un mensaje al joven Moncho Borrajo, que estaba comenzado ¿Qué le diría?

Muy sencillo. Que no cambie mucho. Hasta los errores que cometí y los momentos difíciles, los volvería a repetir. Le diría que siga siendo como fue, que no se calle, y que no se haga ninguna foto con ningún político. No hay ninguna. Si existe alguna, es porque creo que Fraga me dio un premio un día y tuve que recogerlo. Pero a mí no me verás ni con la cejita, ni con la derecha, ni con la izquierda. Yo he ido a dar, y luego lo he pagado, claro, porque le caigo mal a todo el mundo.

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