Literatura
Justo Pérez: entre aulas y distopías
El escritor fuengiroleño acaba de publicar dos novelas: 'Potaje Cream', la segunda entrega de su Trilogía de la Educación, y 'nèdE', una distopía sobre el poder y la supervivencia con su ciudad natal como gran protagonista

El escritor fuengiroleño Justo Pérez / La Opinión

Justo Pérez (Fuengirola, 1973) dedicó el 31 de octubre, la noche de Halloween, a algo muy provechoso, la publicación de dos novelas, directamente en Amazon: 'Potaje Cream', la segunda entrega de su Trilogía de la Educación, y 'nèdE', una distopía que se debate entre la ciencia ficción costumbrista y el costumbrismo sci-fi.
A Justo, que lleva ligado a la educación veinticinco años, le fascinan los centros educativos «como condensación de la sociedad, microcosmos donde todos estamos representados». «Son, quizás», dice, «el mejor barómetro para medir los vaivenes que azotan la actualidad». De ahí que les vaya a dedicar tres novelas, una serie de entregas independientes que empezó con 'Zelestina' y continúa ahora con 'Potaje Cream'; si en la primera la acción se desarrollaba en un ficticio instituto paleño y con la temática del trapicheo de fondo, la acción se traslada en la segunda al Rincón de la Victoria, a un centro recién inaugurado y adonde llega un grupo de chavales rescatados en alta mar, una medida de urgencia que no sienta precisamente bien a los padres y madres de los alumnos.

Portada de 'Potaje Cream' / L.O.
Entonces, esto que se dice de que las aulas españolas han asumido la integración de razas y nacionalidades sin problema, que nuestros niños de ahora se están criando orgánicamente en la multiculturalidad, ¿es cierto o un desiderátum? «Para intentar responder a esa pregunta he tenido que escribir una trilogía, dos obras de teatro y quince o veinte relatos. La realidad de un centro es compleja. A mí me gustaría pensar que sí, que toda la comunidad educativa se esfuerza porque esa integración sea cierta y natural, pero luego se percibe ese rechazo ante el extraño, ese miedo tan magnificado en las redes sociales. La respuesta queda ahí, incómoda, flotando en el viento».
Distopía en Fuengirola
Pasemos a 'nèdE', un homenaje distópico a la Fuengirola de Justo Pérez (la denomina en estas páginas Fuen-Yi) que ha tenido entretenido al escritor cerca de una década. «He estado diez años rumiando una idea, dándole vueltas de manera obsesiva, probando tonos, escenarios, personajes, tramas... Hasta que de pronto, sin que uno lo esperara, un día todas las piezas de ese puzle encajaron. La alegría por haber resuelto el acertijo fue inmensa. Entonces tocó escribir como si te metieran en una lavadora, centrifugando a dos mil revoluciones por minuto, durante cuatro meses, todos los días, sin descanso, mil palabras al día, donde fuera, como fuera y con lo que fuera», nos confiesa Justo.
¿Y de qué va la historia a la que ha dedicado tan titánico esfuerzo? Tiene su miga: ambientada en un futuro cercano, y cercado por el cambio climático, la monetización del horror y la reorganización geopolítica del mundo, nos presenta un juego de supervivencia humana ideado por el hombre más rico del planeta con el propósito de salvarlo del desastre final.
«No considero que se trate de ciencia ficción en la medida en que tampoco lo son '1984', 'Oryx y Crake' o 'Un mundo feliz'. El escenario que planteo me parece bastante creíble, muy salvaje. No sé si en 'nèdE' se denuncia algo o todo o a todos, pero lo que sí me parece muy inquietante es la tendencia actual a que muy pocas personas, apenas un puñado, acumulen tanto poder a nivel mundial y los gobiernos estén mirando para otro lado. Tengo la convicción absoluta de que las altas esferas políticas están untadas y bien untadas. Con 'nèdE' quise contestar a una pregunta: ¿cuál puede ser el último capricho de un megapoderoso? En este caso, la respuesta la podemos encontrar en La Biblia, y es un tanto estremecedora», asegura el autor.

Portada de 'nèdE' / L.O.
'nèdE' no es sólo un libro; Justo Pérez lo imaginó como «algo global, un concepto que podría entenderse desde distintas experiencias»: así, por ejemplo ha compuesto una pieza musical para ambientar la historia ("en la línea de un Stockhausen pervertido, que escribí escuchando al Zappa que te desquicia y al Miles Davis que te enloquece", afirma) y hasta ha diseñado una página web que amplía la experiencia. «La historia se presta para esto y más, incluso una saga o un desmadre», asevera su autor.
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