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Literatura

Violeta Niebla crea un género literario, el curricular, en su primera novela

La fotógrafa, poeta y gestora cultural debuta en la novela con 'Todo lo que hice por dinero' (Blackie Books), que expande las posibilidades narrativas de un género de ficción como el que más: el currículum vitae

Autorretrato de Violeta Niebla

Autorretrato de Violeta Niebla / Violeta Niebla

Víctor A. Gómez

Víctor A. Gómez

Málaga

Violeta Niebla siempre ha pensado que el currículum, esa relación de nuestros méritos para convencer de ser elegidos para un puesto de trabajo, es un formato más de la autoficción. «Un CV no cuenta siempre lo que pasó, sino solo lo que se puede contar o, incluso, lo que te gustaría contar. En un currículum nos editamos, nos ordenamos, nos hacemos ver más competentes de lo que somos. Los currículum vitae son nuestra versión más vendible», opina. Así que la malagueña, fotógrafa, poeta y gestora cultural, se dio cuenta de que «igual que existen el género epistolar, el confesional o el testimonial» ella podía inventar otro, «el género curricular». Y ahí encontró la idea para su primera novela, 'Todo lo que hice por dinero' (Blackie Books), «un currículum más emocional que profesional, que parte de la experiencia laboral como materia narrativa para explorar cómo se enlazan los trabajos con la identidad, el deseo y la supervivencia; en lugar de construir una historia de éxito, preferí hacer un mapa de entusiasmos y mezquindades».

Portada del libro de Violeta Niebla

Portada del libro de Violeta Niebla / Blackie Books

Asegura Violeta que se puede conocer de verdad a una persona por su vida laboral, «pero no por lo que ha hecho sino por cómo habla de lo que ha hecho»: «La vida laboral es un espejo torcido: dice mucho de los contextos, de la época, de los afectos. El libro, como cualquier creación de la malagueña, «parte de experiencias personales» pero «sin buscar la empatía en el sentido tradicional». «Hay gente que, al ver el título, cree que es un libro sobre la precariedad o un manual de supervivencia laboral. Y por ahí ya se siente mucha gente identificada. Pero no es un ensayo sobre la precariedad. Si acaso, es una exploración del movimiento: de ir saltando de oficio en oficio, de deseo en deseo, sosteniéndolo todo a base de humor y de una cierta sobreexposición de las miserias». ¿Y no hay nada, al final, generacional en eso? «Sí, pero no en el diagnóstico, sino en la mirada: una generación que ha aprendido a convertir la incertidumbre en narrativa y la adaptación en estilo. Al menos la parte de mi generación que sí se vea reflejada porque su currículum es similar. Que también hay gente de mi generación que nunca ha cogido una bandeja o una escoba», razona.

Autoficción

Los hay muy críticos con la autoficción, que sostienen que su preponderancia parece limitar la escritura como ejercicio de la imaginación pura y dura. Violeta Niebla no está de acuerdo: «Hay un capítulo de la novela que se titula 'Llevo contando mentiras desde que tengo uso de razón', y podríamos traducirlo como llevo ficcionando desde que tengo uso de razón. No creo que la autoficción limite la imaginación, sino todo lo contrario: partir de la realidad te permite imaginar otras posibles. Contar tu día ordinario como si fuera extraordinario. No necesito hablar de unicornios ni de marcianos para demostrar que tengo imaginación. Me basta con exagerar un poco lo cotidiano. No hay mayor placer que jugar al despiste: que la gente cierre el libro y no sepa si lo que acaba de leer era un confesión o una invención».

Y en ese juego, al menos en 'Todo lo que hice por dinero', la malagueña aspira a ser «la reina de la ligereza»: «Aquí quería tomármelo en serio sin ponerme solemne. En la narrativa busco el equilibrio entre el humor, la vulnerabilidad y lo cotidiano, entre lo que se dice y lo que se calla. Contar las miserias sin caer en victimismos». Y tiene un ejemplo a seguir, su abuela, a la que siempre se refiere como una excelente narradora, especialmente de historias de terror. «No sé si lo he aprendido o lo he heredado de ella, pero sí creo que tengo esa capacidad para que me escuchen con atención, y también la importancia del camino más que del final. En las historias que contaba mi abuela lo que atrapaba era la tensión, la espera, el ritmo con que dosificaba la información. Me acuerdo sobre todo de los principios y de los nudos: creaba tanta expectación que, cuando llegaba el desenlace, ya daba igual cómo acabara. El hype que generaba era tan increíble que muchas veces le pedíamos que empezara otra vez. Así que hay cuentos suyos de los que nunca supe el final. Tengo unos versos que dicen: 'Y me gusta tanto este principio, que no quiero saber el final'».

Cambio y estabilidad

Por cierto, pregunta inevitable: ¿cómo es el currículum de Violeta Niebla? «Creo que mi currículum revela más deseo de cambio que estabilidad», confiesa. Y a las pruebas nos remitimos: acaba de terminar una edición de Irreconciliables, el singular ciclo de poesía que coordina con el escritor Ángelo Néstore (quien también acaba de debutar en la novela, en Reservoir Books, con 'Leche cruda') y tiene en el MUCAC-La Coracha la instalación que correalizó con Alessandra García, 'La obra del mar'. Y eso es sólo una pequeña parte de lo que la inquieta malagueña tiene sobre el tapete.

En cualquier caso, es consciente de que para muchos la cultura no es un trabajo real sino algo más relacionado con la vocación, el tiempo libre, el hobby: «Cuesta muchísimo que se entienda como trabajo. Hace poco un amigo, en la playa, escuchó una conversación en el grupo de toallas de al lado y me la transcribió por WhatsApp: '¿Pero tú sabes de qué vive Violeta Niebla? De la poesía seguro que no'. Primero me sorprendió que alguien estuviera especulando sobre mi sustento en sus vacaciones. Desde luego, no era yo la que estaba en la toalla: yo leía ese mensaje desde mi oficina en casa. Puede que exista un mito romántico de la cultura como algo gratuito, pero detrás hay presupuestos, producción, horarios, facturas, estrés... Y la peor jefa: una misma. Cuesta contar a qué me dedico o cómo he llegado aquí, por eso creo que he escrito un libro».

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