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Arte

Shanghái dedica una retrospectiva a Julio Anaya Cabanding

El Jiushi Museum de la ciudad china despeja sus paredes para los trampantojos del artista malagueño

Algunas de las obras de Anaya Cabanding, expuestas en Shanghái

Algunas de las obras de Anaya Cabanding, expuestas en Shanghái / La Opinión

Víctor A. Gómez

Víctor A. Gómez

Málaga

Nuevo hito en la aún pujante carrera de Julio Anaya Cabanding. Si el pasado septiembre su 'Guernica despedazado' abandonó la Casa Natal de Picasso, un jalón especialmente emotivo para alguien que había pasado tantas veces por aquellas salas como estudiante de Bellas Artes, ahora el malagueño se ha desplazado a Shanghái para una retrospectiva personal, comisariada por José María Luna, en la que descubre a los aficionados chinos su singular modus operandi: el artista se apropia y recompone sobre cartón las grandes obras de firmas míticas como Van Gogh, Picasso y Modigliani, resignificando los iconos de la Historia del Arte y, de paso, haciéndonos reflexionar sobre nuestra relación con la creación pictórica.

Julio Anaya Cabanding (Málaga, 1987) ha expuesto en ciudades como Tokio, Ámsterdam, Londres, París, Valencia, Málaga, Wuppertal y Aberdeen, entre otras. Ahora en Shanghái, gracias a la Fundación Mecenas Casa Natal Picasso y el apoyo del Instituto Cervantes de la ciudad china, muestra cerca de setenta obras, agrupadas bajo el título 'Una mirada perpleja' y que podrá visitarse en el Jiushi Museum hasta el próximo 22 de febrero del 2026.

Un visitante de la muestra del malagueño en Shanghái

Un visitante de la muestra del malagueño en Shanghái / La Opinión

La retrospectiva es un completo vistazo a lo hecho hasta ahora por el malagueño, que transita un lugar propio en el arte, entre la creación urbana, la pintura más clásica y la intervención conceptual; un diálogo entre lenguajes, contextos y materiales que le permiten, a partir del virtuosismo técnico y la mirada fresca, plantearse preguntas a propósito del arte y lo que supone en nuestra vida.

Réplicas

Un amigo grafitero invitó a Anaya Cabanding a acompañarle en uno de sus periplos y ahí descubrió que podría aplicar sus intereses pictóricos en lugares deshabitados, abandonados. Empezó ejecutando pequeñas réplicas de cuadros de Vermeer y Monet, entre muchas otras obras y autores icónicos; ponía a sus piezas un marco dorado y las colgaba en esas zonas insospechadas. «Me gusta la idea romántica de que muchos de estos cuadros probablemente nunca los verá nadie. Quizás un pastor que vaya con sus cabras se encuentre con alguno de ellos... La idea de que se produzca un descubrimiento así me encanta», nos contaba hace unos años.

Anaya Cabanding, en la inauguración de su muestra china

Anaya Cabanding, en la inauguración de su muestra china / La Opinión

Y en esos solares y casas derruidas, Anaya Cabanding descubrió los cartones, cuanto más viejos, deteriorados, manchados y llenos de tierra, mejor. Los prepara en su estudio: desparasita el material y le aplica una solución de látex hasta que queda "duro y rígido". "Para mí es mejor que el lienzo", dice ahora. Y además reformula la operación artística y da sentido a su obra: "Contraponer lo que se suele identificar con el arte en mayúsculas con el cartón usado que pisamos al caminar por la calle: ahí es donde cobra sentido mi trabajo", resume el malagueño.

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