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Literatura

Álvaro García enseña el camino de regreso a la poesía

El poeta y profesor malagueño Álvaro García exprime en 'La vuelta a la poesía' (Peter Lang) la teoría y praxis de un método propio para que sus alumnos se aproximen a los versos. Y dice que funciona porque «a poco que se pare y piense cualquiera asume que tiene palabras que llevar a sus máximas consecuencias»

Álvaro García, en la Plaza de la Merced

Álvaro García, en la Plaza de la Merced / Álex Zea

Víctor A. Gómez

Víctor A. Gómez

Málaga

Si hay palabras que, a priori, parecen condenadas a la enemistad son poesía y método. Pero el escritor y profesor Álvaro García lo ha intentado, se ha empeñado, aunque sea difícil, en «desmontar la idea de que la literatura es un arrebato, un adorno o un cauce de autoayuda» y, empujado por la necesidad de conjugar planes de estudio y el amor a la palabra, propuso a sus estudiantes de Magisterio de la UMA un acercamiento diferente a los versos. La cosa le fue bien, ampliándose la iniciativa a seminarios en las universidades de Oxford, Central Lancashire, Bérgamo y Dartmouth y llegando ahora a 'La vuelta a la poesía. Un experimento didáctico' (Peter Lang, Oxford), que ha presentado en la Casa Natal de Picasso.

«Propongo, ante todo, volver a la propia vida y al mundo en sus detalles, no en sus sobrentendidos. A mis estudiantes les pido que descarten los grandes contenidos abstractos como soledad o amor y empezar a mirar las cosas que hay en la habitación y, a partir de ahí, seguir huellas, no ser jueces, si acaso detectives. Un poema de principiante siempre juzga y es siempre abstracto. En la Universidad tenemos cuatro meses para aprender a concretar, con más sentido aún en literatura para Magisterio, que es donde estoy. Se puede encontrar la forma en estrofas consensuadas durante siglos como la soleá, por ejemplo, que mis estudiantes de Málaga escriben de maravilla, pero también hacen eslóganes, caligramas o greguerías, todo de maravilla», explica García.

Acogida

En realidad, al poeta no le sorprende la acogida del método en las aulas. «Cada cual, a poco que se pare a pensar y a sentir, asume que tiene palabras que llevar a sus máximas consecuencias. Si la literatura es eso, chicos y chicas de veinte años lo quieren y lo pueden hacer mejor que una máquina. El arte no consiste en hacerlo mejor, sino en hacerlo más vivo y más creíble», asegura el malagueño, quien, dice, «procurar que se olviden un poco de la nota, que va con su cuaderno y un examen que contestan desde casa, y piensen en su vida y en una manera viva, realmente contemporánea, de nombrarla».

Asegura el autor y profesor que los alumnos suelen ser «mucho mejores en la creación que en la teoría» (lo demuestra en el libro, que incluyendo ejemplos rotundos de poemas escritos por los chavales): «Tienen una especie de talento súbito y lo deben a que normalmente, antes de la Universidad, no han escrito poemas y se encuentran con unas indicaciones que enseguida aplican bien. A la segunda semana están ya dentro de su propia historia, no quieren saber nada de ChatGpt y le pegan una patada al móvil».

Entonces, ¿aprender a escribir versos supone aún pasar de la Inteligencia Artificial? «De momento, la IA escribe estándares sentimentales. Avanzará, sin duda, pero de momento ChatGpt es el poeta poético de toda la vida, que si nuestras mañanas compartidas, que si mi dignidad, que si juntos somos fuertes. Una birria, por ahora», zanja García.

Tampoco es muy fan Álvaro García de las redes sociales, que, en su opinión, han provocado una "simplicación" en el género literario. «Como a todo el mundo le pasan cosas y todo el mundo tiene un móvil, se ha acelerado y multiplicado la expresión particular de amor, desamor, problemas de salud, euforias sentimentales y sociales, es decir, las mismas debilidades que pueda tener Shakespeare, pero no siempre con su talento, porque sería un milagro. García Lorca dejó una estela de imitadores y rapsodas que lo tomaban un poco por la cáscara y conmovían. Esto tiene que pasar siempre, y sólo el tiempo dirá», reflexiona.

Como ha descubierto la psicología social, desahogarse no calma, desahogarse enfurece. En este sentido, la poesía debe ser un dinosaurio de contención

Al autor malagueño no le importa que, leído lo leído, le consideren un 'carroza' de la poesía; es más, lo asume: «Yo mismo soy muy consciente de ser una reliquia». La receta para la relevancia, para estar ahora mismo, para estar presente es «conjugar» lo que le pasa con lo que pasa, «no patinar hacia la autocomplacencia». Y medita: «Me metí así en un proyecto un tanto raro de poema que dura ya veinticinco años. Me parece un milagro que la humanidad se exprese con palabras. Lo malo es que, como ha descubierto la psicología social, desahogarse no calma, desahogarse enfurece. En este sentido, la poesía debe ser un dinosaurio de contención. No es que yo reclame una vuelta a la poesía clásica: reclamo una vuelta a la poesía. No echo especialmente de menos a Garcilaso, que puede llegar a ser bastante pedestal de sí mismo. Si tengo nostalgia, tengo nostalgia de la poesía del futuro. Siempre habrá grandes bestias de exhalación y contención. Los poetas son los dinosaurios del futuro».

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