Entrevista | Sonia Moreno Periodista y escritora
«Los saharauis están reprimidos y nunca tendrán autonomía real»
Sonia Moreno (Oviedo, 1973) trabajó como corresponsal en Marruecos para distintos medios de comunicación durante una década, hasta que le fue retirada la acreditación y descubrió ser objeto de espionaje. Presenta su libro, 'Marruecos, el vecino incómodo', el próximo 2 de diciembre en El Tercer Piso de la Librería Proteo

La periodista y escritora Sonia Moreno, en una foto de archivo / Juan Plaza
Elena Fernández-Pello
De la lectura de su libro se deduce que Marruecos sabe mucho más de España que a la inversa.
Para empezar, ellos tienen un informativo diario en español dentro del informativo nacional, escuchan información en español sobre Marruecos y sobre España; conocen nuestra lengua, en el norte, ven la televisión española de toda la vida. En segundo lugar, la comunidad de residentes marroquíes en España es la más numerosa: visitan a familiares, vuelven y cuentan lo que ven. Además, tienen un ministerio específico, el de Exteriores y Residentes Marroquíes en el Extranjero. Viajan recurrentemente a España, muchas veces de vacaciones a Málaga, pero también en viajes culturales a Madrid o Barcelona. Están muy interesados y bien informados, incluso de la política. Cuando pasó lo del nacionalismo catalán, nada más subirte a un taxi, empezaban a hablar del tema.
Acaban de dar un nuevo paso hacia la construcción del Gran Magreb con la aprobación de la nueva disposición del consejo de seguridad de Naciones Unidas (ONU) para el Sáhara Occidental.
Mohamed VI se ha centrado en consolidar la soberanía sobre las provincias del sur. No se puede decir que nos hayan mentido: todo está publicado oficialmente. Las leyes de ampliación de aguas territoriales están en el Boletín Oficial de Marruecos, firmadas el 31 de marzo de 2020. Lo mismo con la estrategia sobre Ceuta y Melilla o la expansión alrededor de Tánger Med, Nador o Uezán: todo eso fue anunciado por el rey en 2008 y publicado en 2010. Marruecos trabaja de manera metódica y Mohamed VI, además de rey, es empresario. Ha impulsado una auténtica colonización económica de África entre 2014 y 2016, de modo que hoy muchos países africanos tienen consulados en Dajla o El Aaiún, en el Sáhara Occidental. Así han logrado lo que ahora consideran un éxito: que el Consejo de Seguridad de la ONU reconozca el plan de autonomía como base para la negociación, aunque, en realidad, el texto se cambió tres veces y el Frente Polisario puede seguir proponiendo alternativas; aún hay margen para el diálogo.
Marruecos lo ha presentado como un gran éxito.
Marruecos celebra este avance por todo lo alto, coincidiendo con los 50 años de la Marcha Verde. Es una muestra más de cómo funciona el país: todo es escenificación. Presentan una obra de teatro política que el resto del mundo interpreta como realidad, mientras detrás se mueven otras piezas. Lo mismo ocurrió con Brahim Ghali [el presidente de la República Árabe Saharaui Democrática]: su entrada en España y la crisis posterior fueron parte de una escenificación. Todo para presionar.
Marruecos ha sabido ganarse a las grandes potencias.
Los servicios de inteligencia nunca han dejado de funcionar. Hassan II tenía una buena relación con Israel, y esos vínculos se mantuvieron. Buena parte de los ministros de Israel son de origen marroquí. El reconocimiento de Israel en diciembre de 2020 fue muy importante. Se hizo por iniciativa de Donald Trump, y fue la contrapartida para lo que está ocurriendo ahora con el Sáhara. Además, Marruecos ha tenido suerte con Trump. Todo puede retomarse desde donde se dejó en 2020.
Y seguir avanzando en su política expansionista.
Marruecos ofrece una lectura interesada, y los medios españoles, en general, reproducen la versión marroquí sin contrastarla. Marruecos no está consiguiendo en la Unión Africana lo que quería cuando volvió a ingresar en 2017, con el objetivo de expulsar a la RASD (República Árabe Saharaui Democrática). No lo ha logrado, y es lógico: la mayoría de los países africanos fueron colonizados, tuvieron que descolonizarse y entienden perfectamente el caso del Sáhara Occidental. Para eso se creó la Unión Africana. Marruecos continuará abriendo consulados en el Sáhara Occidental y sumando países que hagan declaraciones similares a la de Pedro Sánchez, que calificó el plan de autonomía como «la opción más creíble y seria», y con Trump de nuevo en el poder incluirán al Frente Polisario en la lista de organizaciones terroristas internacionales, como ocurrió con Hezbolá, después dirá a España: «No podéis tener terroristas en vuestro territorio», y presionarán para expulsar al Polisario, forzando a sus miembros a volver a los campamentos de Tinduf o a aceptar la integración en el Sáhara marroquí, pero Marruecos no ofrecerá a los saharauis verdaderamente buenas condiciones de vida.
Marruecos sabe jugar muy bien sus cartas. Controla flujos migratorios, información estratégica y elementos de presión política. España es consciente de que cualquier gesto hostil puede tener consecuencias inmediatas
¿Entonces?
El Sáhara Occidental está siendo colonizado: quienes se manifiestan allí no son saharauis, son colonos. Los saharauis están reprimidos y nunca tendrán una autonomía real. En Marruecos se difunde la idea de que el Frente Polisario mantiene a la población de los campamentos de Tinduf secuestrada, que allí hay terroristas, niños soldados y gente sin libertad para salir. Se presenta al Polisario como una organización que vive de la ayuda internacional mientras la población sufre y se transmite que Argelia utiliza esta situación con fines políticos, lo que refuerza la percepción de que Marruecos defiende su integridad frente a enemigos exteriores.
España tiende a ser condescendiente con Marruecos.
Marruecos reclama de forma constante territorios y espacios marítimos, incluyendo aguas próximas a Canarias. A pesar de ello, la respuesta española suele ser contenida. Marruecos sabe jugar muy bien sus cartas. Controla flujos migratorios, información estratégica y elementos de presión política. España es consciente de que cualquier gesto hostil puede tener consecuencias inmediatas. Además, está el espionaje, operaciones de vigilancia que habrían afectado a responsables políticos europeos, incluyendo españoles, y eso aumenta la sensación de vulneraibilidad.
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