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Entrevista | Francisco Serrano Escritor, ganador del Premio Tusquets

"La radicalidad y los bandidos despiertan siempre cierta romantización"

El más reciente Premio Tusquets presenta hoy la novela ganadora, El corazón revolucionario del mundo, en el Centro Andaluz de las Letras, a partir de las 19.30 horas

Francisco Serrano, en una imagen de archivo con el Premio Tusquets

Francisco Serrano, en una imagen de archivo con el Premio Tusquets / Alejandro Garcia/EFE

Rocío Muñoz

Málaga

Francisco Serrano (Guareña, Badajoz, 1982) ha hecho de la literatura su forma de estar en el mundo. Entre Santa Amalia, Mérida y Cáceres aprendió a mirar. Ha sabido mezclar géneros y estilos con la inventiva como bandera hasta crear una voz propia. Defiende dos certezas: que siempre habrá quien quiera leer libros, que todos sentimos el deseo de romper con las normas de la vida convencional. Autor de 'Perros del desierto', 'Hajira' y 'En la costa desaparecida', acaba de ganar el Premio Tusquets Editores de Novela 2025, uno de los más prestigiosos en lengua española, con 'El corazón revolucionario del mundo'. Lo presenta hoy en el Centro Andaluz de las Letras.

En la novela, Valeria es una joven de 19 años que queda huérfana y se adentra en una célula anticapitalista de finales de los 70. Parece más arrastrada por las circunstancias que por sus decisiones, guiada por un hombre mayor que ella que le hace creer que entiende y controla la realidad en la que viven. ¿Cree que estamos marcados por el destino?

Valeria es un personaje que ha perdido el control sobre su vida y necesita alcanzar una forma de emancipación. Uno es uno en sus circunstancias y todo pesa mucho, pero no es lo único que hay. En ese sentido, no creo en el destino como una fuerza a la que sea imposible oponerse, pero me interesa mucho mostrar ese contraste entre la capacidad de moverse dentro de sus propias circunstancias, con todo lo que le ha tocado vivir y los traumas que arrastra. En el caso de Valeria, su camino es el de liberarse de una situación en la que está anulada y alcanzar una emancipación.

Decía en una ocasión que uno suele sentir afinidad por los rebeldes. ¿Es empatía, fascinación o necesidad de ver en ellos lo que nosotros no nos atrevemos a hacer?

Suele haber una sensibilidad extrema a la radicalidad, a la romantización de los bandidos. Creo que hay un deseo inherente en las personas de romper con las ataduras de la vida convencional, de "echarse al monte" y vivir bajo sus propias reglas. Proyectamos esa fascinación en arquetipos como el bandolero, el atracador de bancos, el forajido o el rebelde que lucha por su pueblo. Pero esa visión romántica deja fuera la realidad, que es mucho menos bonita e infinitamente más compleja, porque quienes viven en la violencia no solo hacen daño, también lo reciben. Por eso, me interesa escribir desde esa tensión entre la idealización romántica y la realidad, de ahí que en la novela dote a los protagonistas de personalidades extremas y relaciones profundamente humanas para alcanzar de alguna manera el equilibrio.

El libro también muestra las contradicciones que había en las bandas y movimientos terroristas de los 70. En este caso, Valeria parece ser esclava de Joel. Más allá del machismo evidente —ella se encarga de las tareas del hogar y nunca conoce los planes de la célula—, él exige de ella lo contrario al comportamiento que predica en la causa: que no haga preguntas, que no rechiste y que se someta a un sistema que él mismo ha creado...

Es una elección deliberada. Joel lucha contra un sistema opresivo que a él mismo le beneficia. Como todos, tiene puntos ciegos: cuestiona ciertas cosas porque tiene una idea hiperbólica de modificar la propia realidad para conseguir un mundo más justo, pero al mismo tiempo es incapaz de dejar de ser un oportunista y se aprovecha de la indefensión y devoción de Valeria, relegándola a tareas que considera por debajo él, como cocinar o limpiar. Otro de los personajes que se contrapone es Enrico Galo, que defiende la importancia de la lucha diaria, frente a la hipérbole de Joel, recuerda que mejorar el mundo también implica pelear día a día. La contradicción inherente de Joel refleja algo muy presente todavía hoy. Incluso quienes tenemos el feminismo como un tema importante y presente, podemos caer en esas dinámicas porque sigue existiendo un caldo de cultivo que lo beneficia. Explorar este tema me resultaba muy interesante, sin pretender ocupar un espacio que corresponde a un discurso abierto.

No he escrito con la intención de trazar equivalencias entre pasado y presente, pero uno siempre escribe desde su tiempo, ya sea a favor o en contra

El novelista Antonio Orejudo, presidente del jurado en los premios, aseguró que su novela reivindica la inventiva frente a la tendencia actual de las basadas en hechos reales, pero lo cierto es que sería una historia que podría pasar. ¿Hasta dónde llega la investigación histórica y hasta dónde la invención?

La investigación en la obra es pura ficción, en el sentido de que ni las células terroristas ni los personajes existieron, aunque se inspiran en grupos como la Baader-Meinhof alemana o en figuras como Ilich Ramírez, que se hacía llamar 'Carlos el Chacal'. Mi proceso de trabajo suele partir de fijaciones temáticas, me documento y acaba cristalizándose en una historia, pero sin voluntad por escribir un relato fiel. No me interesa hacer una transposición de los hechos, sino la ficción, para jugar con el ritmo y el drama que necesita la trama.

Comparando los años 70 que retrata con el presente y viendo conflictos como el de Gaza, ¿le parece que ha cambiado la percepción de la radicalización política y los movimientos extremistas?

No he escrito con la intención de trazar equivalencias entre pasado y presente, pero uno siempre escribe desde su tiempo, ya sea a favor o en contra. Empecé el primer borrador hace unos años y ha ido ganando una relevancia temática inesperada. Los grupos terroristas de entonces eran muy afines al panarabismo y los conflictos en Oriente Medio, las invasiones de Occidente o el Estado de Israel no han dejado de ser relevantes. Efectivamente en los setenta ya se estaban sembrando las semillas del genocidio en Gaza. En ese sentido, forma parte del mismo mundo porque hay una continuidad política del siglo XX hasta ahora y es inevitable que la historia se impregne en la actualidad.

Gana el Premio Tusquets y se cumplen 15 años del nacimiento de Instagram, ¿considera que las redes sociales ha sido la pena de muerte de la literatura?

Espero que no [Ríe]. Creo que estamos en un periodo de transición. Las redes sociales y los smartphones son una fuerza que ha transformado la manera en la que nos relacionamos con las palabras escritas, pero la literatura ocupa un espacio enorme en las nuevas tecnologías. Yo tengo tendencias optimistas y creo que todo va encontrando su lugar y que también ayudan a encontrar lectores. Yo, por ejemplo, he descubierto autores y autoras que no conocía gracias a las redes. Después busco sus libros y los leo. Hay recomendaciones, hay comunidades. El problema de las redes sociales es mucho más amplio y complejo, tiene que ver con el espacio público, con los algoritmos, con quién las controla. La literatura, mal que bien, siempre sobrevive porque la gente sigue queriendo leer libros.

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