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Entrevista | Magüi Mira Directora de teatro

"Vivimos aislados, cada uno con su caña, hasta la inteligencia se permite ser artificial"

La directora llega mañana al Teatro Cervantes con la adaptación teatral de un clásico de Vicente Blasco Ibáñez, ‘La barraca’, con texto de Marta Torres. La novela, ahora teatralizada, es una historia sobre la lucha entre la razón y la violencia, de una comunidad enferma con comportamientos salvajes.

Magüi Mira, con los actores de 'La barraca'

Magüi Mira, con los actores de 'La barraca' / La Opinión

Begoña Jorques

Málaga

Magüi Mira (València, 1944) es incombustible. Ha hecho de todo, delante y detrás del telón y las cámaras. Mañana (la función del miércoles ha sido cancelada "por motivos técnicos", el Teatro Cervantes acoge la adaptación a la escena de 'La barraca' de Vicente Blasco Ibáñez que dirige con texto de Marta Torres y protagonizada por Daniel Albaladejo, Antonio Hortelano, Antonio Sansano, Jorge Mayor, Patricia Ross, Claudia Taboada, Elena Alférez y Jaime Riba. Esta ‘Barraca’ habla de la subida injustificada de los alquileres, de desahucios, de acoso infantil y del enfrentamiento entre nativos e inmigrantes. Una historia que conecta con la estrecha relación de la identidad y la autoestima. La propia Mira asegura que esta obra «es una historia de siempre que nos habla de la eterna lucha entre la razón y la violencia, de una comunidad enferma con comportamientos salvajes. Una historia que nos habla de la identidad tan necesaria que nos da el arraigo a la tierra en la que nacemos».

¿Cómo es ‘La Barraca’ que dirige en el Teatro Cervantes

Un espectáculo, un gozo, una tragedia contemporánea. Es también un grito salvaje de las gentes de bien que necesitan vivir pisando su tierra, de las gentes que tienen hambre en las tripas y hambre de conocimiento, de gente pacífica que cree en el valor de la palabra y que no arregla sus conflictos matando.

¿Por qué es necesario volver a este texto?

Blasco Ibáñez en 1898, escritor y novelista, escribió una novela icónica, ‘La Barraca’. Potenció y brilló en un movimiento literario que fascinaba y se abría paso en la narrativa, el realismo , que iba directo a la emoción. Marta Torres ha construido una magnífica adaptación para el teatro, y yo he tenido el atrevimiento de versionar y dirigir este texto extraordinario. Vamos hacia adelante. Desde el respeto y el amor he llevado la letra escrita a la vida del escenario. Es un gran viaje y que ocurre por primera vez. Es necesario por su belleza y porque nos habla de que la negación de la identidad mata. Ahí seguimos. Con los pies bien metidos en ese barro.

Blasco Ibáñez nos habla de que la negación de la identidad mata. Ahí seguimos. Con los pies bien metidos en ese barro

¿Qué temas abarca?

Uno sobre todo: cómo mantener valores y principios que nos permitan convivir en paz. Habla de la eterna lucha entre la razón y la violencia. De lo lejos que estamos de conseguir que en ese pulso despiadado pierda la violencia.

¿Qué hace que 'La Barraca' sea vigente hoy en día?

Blasco Ibáñez nos habla de cómo la oscuridad y la falta de raciocinio son potenciadores del odio y de comportamientos brutales, comportamientos de bestias. La honestidad es un riesgo, un riesgo necesario el de ser buena persona. Lo era en 1898 y lo es en 2025. Poder respetar y abandonar relaciones abusivas en el ámbito privado y público es algo que tenemos que alcanzar.

¿El sentido de comunidad es el mismo de hoy?

Los años pasan, la tecnología hoy nos deslumbra, las formas de vivir cambian, los valores también. Hoy la solidaridad casi es una excepción. Yo he vivido mi infancia en el campo, en la tierra de la Sierra de Aitana, con alpargatas de esparto. Y sé lo que es pelar la almendra en mesas improvisadas con cañas que crecían cerca de las balsas y cuando atardecía seguíamos con la luz del carburo. Sé lo que era la solidaridad, la comunicación. Hoy vivimos aislados, cada uno con su caña. El amor digital no es amor. Hasta la inteligencia se permite ser artificial.

¿Vivimos demasiado polarizados?

Sí. Y eso es incultura porque nos falta la consciencia.

¿Los poderosos nos quieren enfrentados?

Siempre. Ya Julio César decía: «Divide y vencerás». Y después de dos mil años seguimos perdiendo. Pero, ¿dónde está el poder?, ¿quiénes son los poderosos? Hay un poder muy íntimo y privado. A veces con decir la verdad aparece. Blasco Ibáñez nos lo descubre.

¿Qué es lo que más libertad le ha dado a Magüi Mira en esta vida?

Imaginar, llegar a la ficción, escapar de la cruda realidad que sucede implacable en la vida de la calle. Primero, lo recuerdo muy bien, leyendo novelitas en voz alta, las leía en el refectorio del colegio de monjitas mientras mis compañeras comían en silencio. Ahora, en un escenario, como directora y, a veces, como actriz. Y pensar. Me embelesa la melancolía y la rabia. Prefiero la rabia a hundirme en el dolor. Y amar, cuando se puede.

Cuando pienso en libertad, pienso también en lectura. Hace poco una influencer aseguró que "leer no nos hace mejores personas". ¿Qué opinas sobre eso?

Hay lecturas y lecturas. Y lectores y lectoras. Se puede leer mucho y ser una persona perversa, con capacidad de maldad. No hay códigos ni definiciones baratas. Grandes intelectuales no valen nada. El conocimiento, con conciencia siempre.

¿Qué hubiera sido de Magüi Mira sin la lectura?

Mi padre a los quince años me puso en las manos las obras completas de Shakespeare. Fue importante, decisivo, siempre se lo agradeceré. Pero tan importante como ir de la mano de mi abuela Isabel por el carrer de Cuart vestida de fallera oyendo palpitar mi corazón de niña de cinco años. Palpitar por la emoción que me producía la música que tocaba la banda, y la mirada de la gente, que aplaudía, esa energía que me alimentaba. Era el meu carrer. La meua València. De eso sabe mucho Blasco Ibáñez.

¿Cómo haces para mantenerte tan activa, cuál es el secreto?

Me gusta trabajar. Soy confiada. Me gustan las personas y este trabajo me permite acercarme a ellas, somos un equipo. Juego con la ficción, intento comunicarme. El teatro suma. Siempre estoy aprendiendo. Y la gran responsabilidad de dirigir me mantiene en una dulce alerta. A veces sufriendo, el trabajo es duro, y otras en éxtasis.

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