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Cine

Paloma Peñarrubia, la malagueña nominada al Goya 2026 a Mejor Canción Original: «Si una película no tiene una buena ambientación sonora es plana, está muerta»

La compositora afronta su segunda, y casi tercera, candidatura a los galardones por la canción original 'La Arepera', de la película argentina '¡Caigan las rosas blancas!'

Paloma Peñarrubia en el Festival de Málaga 2022

Paloma Peñarrubia en el Festival de Málaga 2022 / Cedida

Esperanza Mendoza

Málaga

Cuando Paloma Peñarrubia se sentó en casa para seguir online el anuncio de las nominaciones a los Premios Goya, no imaginaba que su conexión a internet lo convertiría en una anécdota. “Justo cuando van a decir las categorías de música se me queda colgada la red”, recuerda. Minutos después, su móvil empezó a llenarse de mensajes: estaba nominada a Mejor Canción Original por La Arepera, tema de la película "¡Caigan las rosas blancas!", dirigida por Albertina Carri.

La sorpresa no era solo tecnológica. La compositora malagueña reconoce que escuchar su canción en una gala de este calibre tiene algo de contradicción, aunque una feliz: “Era una sorpresa, escuchar ese tema en la gala por lo contracultural que es y al final va a pasar”.

No es la primera vez que Peñarrubia aparece en el radar de la Academia. En 2023 fue nominada por La vida chipén, aunque confiesa que aquella candidatura la tomó completamente desprevenida. “No se me pasaba por la cabeza que una peli tan pequeñita, con un género híbrido entre documental y ficción, pudiera llegar hasta ahí”. Esta vez, sin embargo, la nominación llega desde otro lugar: “Han pasado varios años, poco a poco creo que he sido un poco más consolidada en la industria”.

El proceso de creación de La Arepera

La Arepera nace de una sustitución inesperada. El proyecto iba a ser realizado por otra compositora, pero finalmente recayó en Peñarrubia. “Me preguntó si me apetecía hacerlo y le dije: venga, vale, puede ser divertido. Además, temática LGTB, pues genial”. Albertina Carri tenía claro el rumbo: una canción de raíz popular, “medio cumbia, medio reguetón”.

El proceso fue rápido y orgánico. “Fue fácil en el sentido de que fluyó muy fácil, le gustó mucho a Albertina y lo hice pronto”. Peñarrubia compuso la instrumental, adaptó la letra, creó la melodía y grabó una primera versión de la voz. Pero algo no terminaba de encajar: “Yo no daba el pego por la argentina”, bromea.

La solución llegó desde el propio equipo técnico. “Se lo propuse a Mercedes Gaviria, nuestra sonidista, que tenía una voz muy interesante”, confiesa la compositora. El resultado es una canción que respira autenticidad y se integra de forma natural en el universo de la película.

El sonido como columna vertebral

Más allá de esta canción, Peñarrubia reivindica el sonido como uno de los pilares invisibles del cine. “Si una película no tiene una buena ambientación sonora, es plana y está muerta”, afirma sin rodeos. Para ella, el diseño sonoro puede cambiar radicalmente con una secuencia: “Diez minutos de una escena trabajando el sonido de una manera u otra puede cambiar prácticamente la película”.

En cuanto a la música, la responsabilidad es aún mayor. “La música tiene tanto poder a nivel psicológico y emocional que la creación de la banda sonora es una responsabilidad enorme”, afirma Peñarrubia, que concibe la música como un segundo guion.

La compositora Paloma Peñarrubia

La compositora Paloma Peñarrubia / Cedida

Entre los trabajos que más la han marcado, destaca Bajo la piel del lobo, su segundo largometraje. “Fue la primera vez que escribí para orquesta y yo no vengo de una formación clásica”. Aun así, decidió confiar en su intuición: “Fui valiente. Me lancé a hacer algo que nunca había hecho, pero mi intuición decía que estaba preparada”. Como espectadora, hay una banda sonora que la acompaña desde la adolescencia: Los amantes del Círculo Polar, de Alberto Iglesias. “Fue la primera vez que una música me acompañó más allá del visionado de la película”.

Una Málaga de raíces y contradicción

Aunque ahora reside en Asturias, Málaga sigue siendo un lugar fundamental en su biografía. “Es el lugar donde he florecido, junto con mis compañeros del mundo de la cultura”. Sin embargo, su relación con la ciudad está atravesada por la decepción. “Ahora mismo la ciudad está un poco hostil para el malagueño. Está configurándose para el turista y no para el residente”.

Peñarrubia habla con franqueza sobre la turistificación y la pérdida de identidad: “Los pequeños comercios desaparecen, todo son franquicias, apartamentos turísticos… es hostil”. Aun así, matiza: “Tengo sentimientos encontrados. Echo de menos a mi gente, pero la ciudad me ha escupido”.

En esa tensión entre pertenencia y distancia se mueve también su música: una obra que no busca complacer, sino sorprender.

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