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Cine

Un corto nominado al Goya que recibió el empujón desde Málaga

Jordi Jiménez, Arturo Lacal y Alex Salu se conocierton en un curso de animación para desempleados. Allí empezaron a trabajar en un proyecto, 'Gilbert', que ha terminado en la gran noche del cine español. Y en parte gracias a Freak, la agencia audiovisual boquerona que creyó en ellos desde el comienzo

Una imagen de 'Giblert'

Una imagen de 'Giblert' / La Opinión

Alba Carmona

Málaga

Es una historia deliciosamente sencilla sobre la amistad y el egoísmo, condensada en menos de 13 minutos y rodada con todo el amor por la artesanía que representa dedicarse a la animación tradicional en un mundo dominado por la tecnología, pero el cortometraje 'Gilbert' ha valido al gerundense Jordi Jiménez su primera nominación a los premios Goya. Jiménez y los otros codirectores del corto, el valenciano Arturo Lacal y el asturiano Alex Salu, se conocieron en un curso de animación para desempleados y allí empezaron a trabajar en el que ha acabado siendo un pequeño filme animado que se estrenó en Shanghái y que, después de verse en festivales de México, Canadá, Polonia o Grecia, el 28 de febrero luchará por el Goya al mejor corto animado. Por cierto, todo ello gracias al empuje de Freak, una agencia audiovisual malagueña.

Formado en Bellas Artes, Jiménez se ha dedicado a campos tan dispares como la publicidad o la hostelería. Actualmente, compagina las dos facetas, trabajando como cocinero en La Sopa, el centro de acogida para personas sin hogar de Girona, y dibujando, con su alter ego La Perra Laika, humor gráfico que vierte en la red y en publicaciones de Cataluña. Todo, mientras vive en una nube por el recorrido de su primer cortometraje.

El origen de 'Gilbert' se remonta casi ocho años atrás, cuando se apuntó a curso de animación stop-motion para gente en paro. «Es una técnica que siempre me ha gustado y fue toda una sorpresa porque este tipo de formación es muy cara, y allí había muy buen material y un profesorado de lujo», explica Jiménez. De hecho, algunos de sus profesores también están nominados al Goya -y acaban de ganar el Gaudí- por la película 'Olivia y el terremoto invisible'.

los directores del cortometraje, con la malagueña Mónica Gallego, en el cóctel de nominados al Goya.

Los directores del cortometraje, con la malagueña Mónica Gallego, en el cóctel de nominados al Goya. / EFE

De ese curso nació un primer corto de un minuto, el embrión del que años más tarde ha desembocado en la historia de dos personajes que viven en un archipiélago de casas-isla: un cartero, Gilbert, y su vecino Sullivan. Un corto melancólico sin palabras sobre la envidia, la soledad y el amor posesivo -«es poco comercial, pero tiene muchas capas de lectura», admite el artista y dibujante- basado en un relato suyo y que les ha comportado más de tres años de trabajo, financiados, en parte, gracias a una campaña de micromecenazgo y a una ayuda del Ayuntamiento de Girona.

Rodado entre Barcelona y el barrio de Sant Narcís de Girona, Gilbert se basa íntegramente en técnicas de animación clásicas, «sin trampa alguna, porque todo es artesanía pura», con elementos de cartón y papel recortados y trabajados sobre una mesa multiplano, un tipo de estructura que permite dar mayor profundidad a la imagen.

«Cuando trabajas así, un palillo acaba siendo tu gran aliado para crear el movimiento», explica Jiménez, que se ha encargado del diseño de los personajes y, junto al músico gerundense César Martínez, Zinkman, también firma la música. Arturo Lacal ha hecho la animación y Álex Salu se ha encargado de la dirección de arte.

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La entrada en escena de la productora Mónica Gallego y la malagueña Agencia Freak ha sido el empuje definitivo para distribuir el corto, que se ha visto en 65 festivales de todo el mundo. El estreno mundial fue en Shanghái y entre otros reconocimientos, recibió el premio al mejor corto en un festival de Oregón, en Estados Unidos.

«Además de hacer muy buen trabajo para exhibirlo, fue desde la agencia que empezaron a hablarnos de la posibilidad del Goya, creyeron enseguida en la película», explica Jiménez, encantado de haber pasado la selección final de la Academia del Cine Español.

«Estar nominado ya hace mucha ilusión, reconocen la frescura y la autenticidad, y la nominación es un muy buen escaparate, empiezas a conocer a gente, te presentan productores, y quién sabe si nos abre puertas para el próximo proyecto», dice el catalán, que la semana pasada estuvo en el encuentro de nominados en Madrid y que ya trabaja, junto a sus compañeros, en un segundo corto.

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