Conciertos
Del Palo para el mundo: el Carpena se rinde a Delaossa
Con cabestrillo, pero imparable, el rapero malagueño convirtió su único show en la ciudad en una oda a Málaga y a su historia personal.

La gira del rapero malagueño Daniel Martínez de la Ossa Romero ‘La Madrugá’ recala en un Palacio de Deportes repleto / Gregorio Marrero
“Wake up, niñato”. Y vaya si se levantó el Carpena. Se apagan las luces, el fondo se vuelve negro y el pabellón se viene arriba en décimas de segundo: gritos al unísono, manos en alto, el rugido de una ciudad que sabe lo que está a punto de pasar. No es un concierto cualquiera. Es el único concierto de Delaossa en Málaga, y se nota desde el primer segundo.
Delaossa —Daniel Martínez de la Ossa Romero—, el rapero malagueño de El Palo, es hoy uno de los grandes referentes de la música urbana en España y, para muchos, el nombre más relevante del rap malagueño en este momento. Y Málaga lo recibe como se recibe a los suyos: a lo grande. Un Carpena abarrotado que llevaba esperando casi un año desde que se agotaron las entradas para este show, coreando su nombre como si fuera un cántico de estadio: sin pausa, con esa mezcla de orgullo y ganas de reventarlo todo.
El ambiente lo decía todo: camisetas del Málaga, banderas verdiblancas, orgullo de barrio y de ciudad. Una noche que reivindica identidad. Una noche que, más que un concierto, fue una declaración de amor a Málaga.

Delaossa, durante el concierto / Gregorio Marrero
Y sí: el arranque es con “2 the sky”. Ahí empieza todo. Málaga mira al cielo con Dani, porque quien se sube al escenario este sábado no es solo Delaossa, sino Daniel Martínez; ‘Danielillo’, el chaval de El Palo que soñaba con hacer algo grande… y lo consiguió.
Además, lo hace con cabestrillo. Sigue resentido tras su caída en el Movistar Arena, pero eso no le frena. Al revés: lo convierte en una imagen todavía más potente. La de alguien que llega tocado, sí, pero imparable.

El rapero malagueño Daniel Martínez de la Ossa Romero / Gregorio Marrero
Cinco actos para contar una vida
El show estuvo planteado como un concierto dividido en cinco actos, una especie de relato escénico que resume la vida y las etapas de Dani: el barrio, el salto, la oscuridad, la reconstrucción y el renacer. No fue solo un repaso de canciones; fue una historia contada a golpes de base, luces y memoria.
Lo emotivo no vino únicamente por cantar en casa. Delaossa aterriza en Málaga con su disco más introspectivo: La Madrugá, un álbum catártico que marca un antes y un después. Canciones que relatan ese año y medio de desaparición, cuando paró para cuidarse, entrar en rehabilitación y volver con otra mirada. No solo habla del nuevo “Dani”; habla también del de siempre, del que viene de un sitio concreto y de una familia concreta.
Ahí la emoción golpea de lleno con “Cuánto falta”, con su padre al volante mientras le dedica la canción: una imagen sencilla y gigantesca a la vez. Y después, es difícil aguantar el nudo en la garganta con “Estrella”, dedicada a su madre, uno de esos momentos en los que el Carpena deja de ser un pabellón y se convierte en una casa entera escuchando en silencio.

Un momento del concierto / Gregorio Marrero
Y en esa misma línea, uno de los gestos más simbólicos de la noche: cantó “Jarros de blanco” de Manolo García, la favorita de su madre. Un guiño inesperado, íntimo, que terminó siendo universal. Porque, de repente, todo el mundo entendió que ese escenario era, por encima de todo, un sitio donde Dani estaba devolviéndole algo a los suyos.
No solo “La Madrugá”: también los clásicos y las rarezas
El repertorio no se quedó en lo nuevo. Hubo éxitos de La Madrugá, sí, pero también espacio para canciones que los fans celebraron como tesoros: “Nightmares”, “Rounders”, “Mal agüero”, “Ojos verdes”… y “La placita” con Eazy, entre otras. Un setlist pensado para que el público no solo cantara: para que recordara.
Sobre el escenario también estuvieron los suyos: su padre, su familia, amigos del barrio y su grupo Space Hammu, con el que compartió momentos de pura gasolina con clásicos como “Guernica” y “Odiosos ocho”. Un concierto en el que la palabra “equipo” tuvo sentido real: no como pose, sino como biografía.

La giDaniel Martínez de la Ossa Romero, en el escenario del Carpena / Gregorio Marrero
Hubo veneno, hubo barrio, hubo piel. Y también hubo esa sensación rara de estar asistiendo a algo más grande que la suma de canciones: a un artista mirando a Málaga a los ojos y diciéndole “aquí estoy”, sin filtros.
El telón fue bajando con el peso de lo vivido y el pulso de lo que viene. “Otro amanecer” terminó de cerrar el círculo: el final como promesa, la ciudad cantando a coro, la noche completando su propio relato.
Tal y como él mismo dice, busca trascender y no poner su nombre a un McMenú. Y lo ha conseguido. Delaossa ha trascendido y demuestra, una vez más, que es profeta en su tierra. El paleño deja abierto que puede que vuelva a Málaga: "Espero que la próxima sea en La Rosaleda"
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