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Arte

El camino invisible de la ilustración: Violeta Lópiz expone en La Térmica lo que nunca vemos

La Térmica de Málaga acoge 'El camino cuenta', una muestra que revela el proceso creativo, las dudas y los descartes de la Premio Nacional de Ilustración 2025

Algunas de las piezas de la exposición de La Térmica

Algunas de las piezas de la exposición de La Térmica / La Térmica

Jorge Maldonado

Málaga

La exposición “El camino cuenta” de Violeta Lópiz, inaugurada hoy en La Térmica de Málaga, propone una mirada poco habitual dentro del mundo de la ilustración: centrar la atención no en la obra final, sino en todo aquello que queda fuera. Bocetos, pruebas, ideas descartadas y dibujos nunca publicados componen el núcleo de una muestra que reivindica el proceso creativo como el verdadero espacio donde nace el arte.

En el ámbito editorial, la ilustración suele asociarse al resultado final: el libro impreso, la imagen terminada. Sin embargo, Lópiz rompe con esta lógica y sitúa el foco en lo que denomina “la verdadera obra”: todo aquello que no llega a publicarse.

Lejos de ser material secundario, estos dibujos constituyen la base estructural de su universo creativo, un conjunto de piezas que, en muchas ocasiones, resultan incluso más interesantes que el resultado definitivo.

“La verdadera obra no es tanto la publicada como la que se queda por el camino”, explica la artista.

Un proceso lento, exigente y sin concesiones

Repetir, dudar, corregir y seleccionar. Así define Lópiz su método de trabajo, marcado por una exigencia constante y una búsqueda de sentido que va más allá de lo estético.

Su forma de crear se aleja de la inmediatez y reivindica el tiempo como herramienta fundamental:

“Se necesita mucho tiempo para construir una manera de contar con dibujos”

En la exposición, ese tiempo se traduce en un recorrido donde el espectador puede observar no solo imágenes, sino también ritmos, silencios y decisiones que forman parte del lenguaje narrativo de la ilustradora.

Ilustración "La viejita" expuesta en la Térmica

Ilustración "La viejita" expuesta en la Térmica / LA OPINIÓN

Dibujar como refugio

La relación de Lópiz con el dibujo nace en la infancia, cuando se convirtió en su “escondite secreto”. Aunque no hubo una formación artística directa en su entorno, sí existió una influencia significativa: su abuela.

Aficionada a la acuarela y a copiar a Velázquez de manera naïf, su figura dejó una huella inesperada en la artista, que hoy firma con su apellido: Lópiz.

 “Hay algo ahí, una conexión”, reconoce.

Viajar para entenderse

La trayectoria vital de Lópiz está marcada por el movimiento: ha vivido y trabajado en lugares como Berlín, Seúl, Portugal o Perú. Más allá de la inspiración visual, viajar le permite tomar distancia de sí misma.

“Cuando estoy en el mismo sitio me cuesta verme”, afirma.

Su estancia en Perú, donde vivió siete años, supuso un punto de inflexión tanto en lo personal como en lo artístico.

Historias detrás de las obras

Entre las piezas presentes en la exposición destacan trabajos como “La rata”, “La coda”, “El ratón”, “La viejita”, “América” o “Les Poings”, cada uno con un proceso único detrás.

En el caso de “La verdadera historia de la rata que nunca fue presumida”, la artista tardó siete años en completar el proyecto, enfrentándose a la complejidad simbólica de la fábula y su carga de violencia.

Por otro lado, “La coda” estuvo marcada por la inseguridad de su primer encargo profesional, donde el miedo a no estar a la altura condicionó todo el proceso.

Ilustración de "la rata" expuesta en la exposición en la Térmica

Ilustración de "La rata" expuesta en la Térmica / LA OPINIÓN

Perder para reconstruir

Uno de los episodios más significativos de su trayectoria tuvo lugar en Berlín, donde perdió una carpeta con numerosos trabajos en un autobús. Tras días buscándola sin éxito, tuvo que asumir su desaparición.

Lejos de convertirse en un fracaso, este momento supuso una lección fundamental: la capacidad de reconstruir desde la pérdida.

Un presente en pausa

Tras recibir el Premio Nacional de Ilustración 2025 y después de varios años centrada en la maternidad, Lópiz atraviesa ahora una etapa de transición.

Instalada recientemente en un pueblo de Granada, su objetivo inmediato no es producir, sino detenerse, asentarse y redefinir su camino creativo. “No tengo claro qué voy a hacer”, admite.

El camino como esencia

Más que una exposición, “El camino cuenta” es una reflexión sobre el propio acto de crear. En ella, Violeta Lópiz reivindica la duda, el error, el tiempo y lo invisible como elementos esenciales del arte.

En un contexto donde prima el resultado, su obra recuerda que lo verdaderamente importante no es llegar, sino todo lo que ocurre mientras tanto.

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