Crítica
La OFM ante el rito de la Pasión

La Orquesta Filarmónica de Málaga en una foto de archivo. / DIPUTACIÓN

Málaga. 26-03-2026. Teatro Cervantes
Solistas: Génesis Moreno, soprano; Carolina Rotela, mezzosoprano; Juan de Dios Mateos, tenor y Cristian Díaz, bajo. Dirección: José María Moreno. Programa: Oratorio de Pascua, BWV 249, de J. S. Bach y Requiem, K626, de W. A. Mozart.
El pasado jueves 26, la Orquesta Filarmónica de Málaga abordaba el noveno programa de abono de su temporada con dos páginas del repertorio sacro de la mano de J. S. Bach y W. A. Mozart, coincidiendo con el tradicional concierto dedicado a la Semana Santa. Para la ocasión, el numeroso público que abarrotaba el Teatro Cervantes volvía a reencontrarse en las tablas del coliseo con el Coro de Ópera de Málaga y un prometedor cuarteto solista encabezado por la soprano Génesis Moreno, la mezzosoprano Carolina Rotela, el tenor Juan de Dios Mateos y la voz del bajo Cristian Díaz.
Programa de desigual resultado que ponía en evidencia las costuras de la dificultad de las obras en los atriles, con una primera parte precipitada que contagió desajustes —especialmente en los tiempos iniciales tanto de la sinfonía como en la entrada de solistas y conjunto coral— y una segunda más centrada e inteligible, sobre una constante de gran agilidad dinámica marcada por la batuta titular de la Filarmónica, el maestro José María Moreno, que atravesó toda la velada.
La parodia musical, o la recuperación de materiales propios, era una práctica habitual del periodo barroco; tal es el caso del Oratorio de Pascua de J. S. Bach. En origen, era una página celebrativa que posteriormente fue readaptada por el Kantor de Leipzig como oratorio para el tiempo de Pascua, prescindiendo del narrador bíblico y apoyando la fuerza dramática en un cuarteto vocal que asume las figuras bíblicas y el refuerzo de un coro mixto. A lo largo de sus once números se alternan los recitativos acompañados con arias de lucimiento en un juego de continuos contrastes, tanto en el color del conjunto orquestal como en la sucesión de motivos animados y meditativos.
Versión de trazos gruesos la aportada por los profesores de la Filarmónica, que poco favorecieron el desarrollo vocal del Coro de Ópera al cuidado del maestro Pablo Guzmán, y nada agradecida en sus tiempos al cuarteto solista. Especialmente superable en el coro y dúo del tercer número, alejando de esta forma la interpretación del ánimo compacto y contemplativo que hubiese agradecido esta página que, como nota curiosa, era la primera vez que abordaba la OFM de la mano de su actual batuta titular.
Con todo, cabe subrayar la irresistible aria para soprano ¡Decidme, decidme enseguida!, defendida por Génesis Moreno, quien demostró un absoluto control del fraseo, el fiato y un legato controlado capaz de fundirse tímbricamente con el conjunto instrumental. Sin duda, fue el momento de mayor interés junto al dúo que la gran soprano venezolana compartió con la profundidad vocal de la mezzosoprano Carolina Rotela.
Más ajustado y de resultado agradecido fue el Mozart que abordó la Filarmónica de Málaga a través de los ocho movimientos que articulan su Requiem. En todos los planos —coral, instrumental y solista— se apreció una lectura más confiada e introspectiva sobre la idea de la muerte y la eternidad que plantea el músico salzburgués en esta página final que sigue vigente en el repertorio. Estas impresiones se traducirían en un cuarteto vocal más seguro donde las voces de Juan de Dios Mateos y el bajo Cristian Díaz tuvieron la ocasión de recuperar la fragilidad del oratorio de Bach.
Mayor definición en las cuerdas del Coro de Ópera, en las que sí se apreciaban los timbres de las secciones que dieron brillo y cuerpo a los pasajes fugados; precisión en el empaste y emisión compacta. Todo ello favoreció una lectura serena y especialmente sensible en todos los aspectos y actores. Cabe destacar especialmente el "Dies irae" y el "Lacrimosa" en el caso del Coro de Ópera, el "Tuba mirum" del cuarteto solista y el sólido "Recordare" de Génesis Moreno.