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Sergio Sarria cierra su trilogía noir andaluza: "Ha sido una forma de volver a mis raíces, pero también de cuestionarlas"

El escritor malagueño se despide de su guardia civil Lucía Gutiérrez con un thriller poblado por temporeros, políticos y periodistas sin escrúpulos, 'Dios sabrá juzgarnos'

Sergio Sarria, en una imagen de archivo

Sergio Sarria, en una imagen de archivo / Álex Zea

Víctor A. Gómez

Víctor A. Gómez

Málaga

La convivencia entre la base militar de Morón de la Frontera y los habitantes del pueblo sevillano, con la Semana Santa como escenario ('Cuando nadie nos ve'), el tráfico de órganos en una Málaga asfixiada por el oropel ('Terral') y, ahora, la situación de los temporeros de la frase en medio de unas controvertidas elecciones municipales en plena Feria de Abril ('Dios sabrá vengarnos'). El malagueño Sergio Sarria cierra su trilogía protagonizada por la guardia civil Lucía Gutiérrez y que retrata la trastienda de una Andalucía que oculta, consciente o inconscientemente, con cantos y fiesteas una acuciante oscuridad. La tercera entrega acaba de llegar a las librerías, bajo el sello de Libros Cúpula.

"Supongo que escojo trasfondos festivos para partir de elementos alegres y luminosos y explorar posteriormente la zona de sombras que los habita", nos cuenta Sarria, guionista durante años de 'El intermedio' y creador de series como 'Nasdrovia'. "Es algo que siempre me gustó del noir de Los Ángeles, que utilizaba un rodaje de cine o la vida de una estrella de Hollywood para contarte que detrás de esa fachada, fuera de foco, había vidas miserables, redes de prostitución o traficantes de drogas. Por otro lado, creo que este tipo de sagas tienen que ser reconocibles en su estilo y quise contar con ese elemento de folclore como sello de identidad. Si el alcalde puede turistificar Málaga, yo puedo turistificar la novela negra, es mi venganza", razona con sorna. Y bromea con un cuarto libro con los Carnavales de Cádiz como trasfondo: "Cuidado que no es mala idea: sicario por las noches, chirigotero por las mañanas, el tipo de doble vida que me gusta".

'Dios sabrá vengarnos' fue escrita cuando se estrenó 'Cuando nadie nos ve', la exitosísima adaptación televisiva realizada por Enrique Urbizu y protagonizada por Maribel Verdú; algo que terminó influyendo en la elaboración del último libro. "Nunca había tenido una cara concreta en mi imaginación y desde que vi la interpretación de Maribel Verdú en pantalla, supe que ya no iba a poder escribir de la misma forma. Por ejemplo, ella le aportó algo al personaje que me pareció muy interesante: la contención de movimientos mientras trabaja como sargento. En las novelas, Lucía Gutiérrez es muy impulsiva y se deja llevar con facilidad. Es una bocazas de manual. Descubrir esa nueva faceta, me hizo cuestionarme algunas de sus actitudes y si era o no prudente que fuera así de frontal dentro de la Guardia Civil. Fruto de esta reflexión, en 'Dios sabrá vengarnos', Lucía sigue siendo la misma bocazas de siempre, pero la han expulsado de la Guardia Civil".

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Portada de 'Dios sabrá vengarnos' / Libros Cúpula

Sarria ha estado viviendo algo más de un par de años en la Sevilla que retrata en este libro, una ciudad que le resulta literariamente interesante y muy útil para sus propósitos: "Es una ciudad con un fuerte componente identitario. La gentrificación o la turistificación no han podido ni arañar ese caparazón. Es una ciudad muy segura de sí misma y de sus tradiciones, no admite tibiezas. Te obliga a posicionarte constantemente: eres del Betis o del Sevilla, de la Macarena o de la Esperanza de Triana. Algo que me parecía muy interesante para colocar sobre ella una galería de personajes desubicados, que no tienen claro quiénes son y que son capaces de cambiar de opinión o de bando por dinero".

Termina con el punto y final de este libro la trilogía que le ha permitido a Sergio Sarria reconectar con sus raíces andaluzas después de tantos años viviendo y trabajando en Madrid (ciudad a la que regresó hace unos diez meses). "Ha sido una forma de volver a mis raíces, pero también de cuestionarlas. La distancia siempre te da la perspectiva adecuada para hablar sin tapujos, para darle valor a las cosas que realmente lo tienen, pero también para ser crítico. Marshall McLuhan decía que los peces son los últimos en descubrir el agua. Y tiene razón. Lo cotidiano se termina por volver invisible. Solemos pasar por alto nuestros hábitos porque vivimos sumergidos en ellos, sólo reparamos en aquello que nos rodea cuando falta: el pez descubre el agua cuando lo sacan de ella".

Temporeros, políticos, periodistas

'Dios sabrá vengarnos' habla de muchas cosas importantes y las entrelaza en clave de novela negra. Tenemos, por ejemplo, a Sabali, una temporera retratada más allá de la tragedia y de los obstáculos. "Me he apoyado en informes de ONGs y reportajes periodísticos. La mayoría de datos o situaciones que aparecen en la novela son reales y apoyados en esta documentación. También quería aportar otra visión de las temporeras, y en eso me ayudó mucho un cortometraje de Ian de la Rosa, 'Farrucas', que me gustó mucho: son cuatro adolescentes de El Puche, un barrio del extrarradio de Almería, orgullosas de sus raíces marroquíes y españolas. El corto plasma las carencias de su entorno, pero se centra en otra cosa, sus deseos, que son como las de cualquier adolescente. Esto lo tuve muy presente a la hora de escribir a Sabali: no quería que la tragedia opacara sus ganas de comerse el mundo, su energía juvenil".

Luego está, claro, la política, fundamental en la trama y también estos días, con fecha ya para las Elecciones Andaluzas. ¿Como persona que ha hecho 2.000 chistes sobre Bárcenas para 'El intermedio' quizás no sea momento de que nos tomemos más en serio estos asuntos? "Desde hace tiempo percibo que muchos de ellos, independientemente de la ideología, han copiado el lenguaje de las redes sociales, de los tertulianos de televisión e incluso el de programas como 'El Intermedio'. Esta cosa infame de repartir zascas, de deshumanizar al oponente, de meter chistes en cada frase o juegos de palabras lamentables. Han abaratado el lenguaje y, en consecuencia, han simplificado la discusión política", expone el escritor.

El policiaco es una carta de amor al desencanto, un homenaje a las ciudades que pudieron ser y terminaron siendo otra cosa peor, a hombres y mujeres que tenían un gran futuro por delante y acabaron sucumbiendo

Y, finalmente, el periodismo: en las páginas de la novela la presentadora de televisión Bruna Pinheiro quiere utilizar la desgraciada peripecia de Sabali para volver al prime de la parrilla catódica. "Me interesaba centrarme en el periodismo de sucesos, en esas relaciones parasitarias que se establecen entre un periodista y la familia de una víctima, en la forma en que les hacen creer que son amigos o una red de apoyo para vampirizarles cada día con una nueva exclusiva o declaración. Bruna Pinheiro es ese tipo de periodista, que disfraza de solidaridad su oportunismo, dispuesta a casi todo con tal de volver a la primera línea de televisión. En otras palabras, lo que me fascinaba era la falta de escrúpulos de ese tipo de periodista", explica Sarria.

En clave 'noir'

Todos estos asuntos están abordados en clave noir, ese género perfectamente descritopor uno de sus practicantes, Dennis Lehane: "En la tragedia griega, los personajes caen desde grandes alturas. En el cine negro, caen desde la acera". Su colega malagueño comparte la definición: "El que no tiene nada que perder, no teme la caída. Por el contrario, los que se creen intocables, los que nunca imaginan que pueden perder su posición de privilegio, son los que caen desde grandes alturas y rara vez sobreviven. Mis novelas están llenas de perdedores, de inadaptados y de personajes de los que no esperas grandes hazañas, tan solo que logren llegar al día de mañana".

Y, siguiendo a otro grande del policiaco, John Banville, ¿son los escritores de novela negra unos románticos desilusionados? Asiente Sarria: "Más de lo que quisiera admitir. Creo que el policiaco es esencialmente eso, una carta de amor al desencanto. Un homenaje a las ciudades que pudieron ser y terminaron siendo otra cosa peor, a hombres y mujeres que tenían un gran futuro por delante y acabaron sucumbiendo. La novela negra construye tramas complejas para terminar hablando de la desilusión o la frustración. Y para escribir sobre eso has tenido que experimentar en algún punto esa esperanza en un mundo mejor… Y luego llevarte una gran decepción. Se puede impostar una sonrisa, pero nunca la tristeza".

De nuevo en Madrid (aunque avanza que seguirá escribiendo sobre Andalucía) y con un proyecto que le devolverá a la comedia ("Es el género que te da más oportunidades de hablar de temas complejos sin resultar solemne o grandilocuente y por eso quiero volver ahí"), se ha despedido, quién sabe si para siempre de esa guardia civil ferozmente insolente llamada Lucía Gutiérrez. De pasar tantos años acompañándola, dice, ha sacado una lección personal: "De alguna forma, he trazado casi el mismo arco dramático que ella. En algún punto de nuestra vida, todos tenemos la tentación de buscar un chivo expiatorio para responsabilizarle de nuestros problemas y como ella he aprendido que la única salida digna es responsabilizarse de todos ellos. La gran lección que he sacado de Lucía Gutiérrez es que conviene ser honesto con uno mismo y aclarar cuanto antes la diferencia que existe entre la idea que se tiene de uno mismo y lo que se es en realidad".

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