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Una Picassiana con un peso imposible de levantar

El pobre juego de los astados lidiados impidieron el lucimiento de Fortes, Ortega y Aguado en un festejo marcado por la muerte un día antes en los corrales de La Malagueta del matador de toros Ricardo Ortiz

Daniel Herrera

Daniel Herrera

Málaga

La tragedia empañaba la Corrida Picassiana de este año 2026. El que se presumía como prólogo de oro a la conmemoración del 150 aniversario de la inauguración de la plaza de toros de La Malagueta quedaba estigmatizado por el fatal accidente sufrido un día antes por el matador Ricardo Ortiz mientras desarrollaba labores de manejo de los astados en los corrales del coso.

La decoración extraordinaria diseñada por el artista Jacob Vilató, los detalles en los vestidos que lucían los espadas y el gran ambiente de un cartel de ‘no hay billetes’ quedaba en un segundo plano cuando a las seis en punto de la tarde se abría el paseíllo en silencio. Por una vez no sonaba el característico ‘Pan y toros’ como homenaje a un torero nacido, criado y, lamentablemente, muerto en esta plaza.

El minuto de silencio, solo roto por un toque de oración con la trompeta, daba paso a la realidad más cruda de una Fiesta en la que todo es verdad, y en la que el peligro no se limita a los veinte minutos que pueda durar una lidia. En ese trance, con una frialdad impropia de un coso como el de La Malagueta, le correspondía a otro malagueño, Fortes en este caso, abrir un cartel diseñado por la empresa Lances de Futuro en su último festejo al frente de esta plaza.

Escalofriante resultaba el gesto ceremonioso del diestro de cruzar todo el ruedo para depositar su muleta ante la puerta de chiqueros a modo de homenaje a Ortiz. No había hecho cosas buenas este astado de El Pilar que abría plaza de salida, acusando falta de fuerza y sobre todo de clase. Lo siguió mostrando en la muleta tras un inicio del trasteo dejándoselo venir de lejos para pasárselo cambiado por la espalda. Sin emplearse nunca y soltando la cara, Fortes se mostró tremendamente firme, impávido para lograr someterlo en una actuación más que meritoria, con mucha verdad y nada de cara a la galería. Tras una estocada hubo una petición minoritaria, y saludó una fuerte ovación.

Llegado al cuarto de la tarde sin que no hubieran sucedido más que detalles por parte de los tres espadas, Fortes quiso apostar con un recibimiento rodilla en tierra para sacárselo con el revés del capote. Este arriesgado inicio no tuvo continuidad porque el animal, en este caso con el hierro de El Puerto de San Lorenzo, se desentendía de los engaños y amenazaba con llevarse por delante a todo lo que se le ponía por delante. Lo quiso somete por bajo en el inicio de la faena, y poco a poco pudo encelarlo en el engaño para sacarle naturales con gusto y rematados atrás. Lástima que el animal no tuviera el más mínimo celo para acompañar a un lidiador absolutamente entregado, siempre cruzado y echando la pata ‘palante’. La vuelta al ruedo daba servía para reconocer una meritoria tarde de Fortes, aún sin triunfo.

Momentos dramáticos se vivieron con Juan Ortega, segundo espada del cartel, cuando perdía los pies al llevar a su primer toro de El Puerto de San Lorenzo al caballo. El burel lo tuvo a su merced, aunque afortunadamente no hizo presa y pudo continuar la lidia. El astado tampoco había mostrado grandes virtudes hasta ese momento. Con todo, quiso brindar a Mariano Vergara, presidente de la Fundación Málaga, y plantaba la muleta a un astado que tendía a calamochear a la salida de cada embestida. Lo intentó el diestro sevillano, llegando incluso a gustarse en los compases finales de una faena a un toro absolutamente a contra estilo.

Cuando creíamos que nos íbamos a quedar sin ver torear con el capote a Juan Ortega, lo que habría sido una lástima tremenda, llegaba un quite por delantales rematado con una media verónica marcando los tercios que nos quitaba ese amargo sabor de boca. Más bien se nos hacía la boca agua al pensar que este pudiera servirle para realizar esa gran faena que en Málaga ha apuntado tantas veces y aún no ha llegado. Brindó el diestro al respetable, comenzaba con un molinete, proseguía con prestancia con una rodilla en tierra y remataba con un trincherazo lleno de empaque. Ya en los medios, el toro ayudaba menos, y entre eso y una selección musical que no contribuía a la ceremonia taurina, se diluyó todo.

Pablo Aguado volvía a Málaga después de haber ofrecido el mejor toreo de capa de la pasada Feria de Málaga. Lo quiso refrendar en el recibo capotero al tercero de la tarde, lanceando por con suavidad por el pitón derecho. Cuando quiso reiterar en un quite la cosa no salió tan redonda, pero había esperanzas de que el de El Puerto pusiera más de su parte que los otros que se habían lidiado con anterioridad. Ciertamente, la tarde se vino arriba en un templado inicio de faena en el tercio. No le duró mucho el fuelle al toro, y fue en los instantes finales junto a tablas donde se sintió más en este caso con la franela en la zurda el elegante espada hispalense.

El sexto, como el primero, volvía a ser de la ganadería de El Pilar. Era la última bala para salvar una tarde que, sin ser un fiasco, tampoco alcanzó cotas álgidas. Quiso Pablo Aguado agradar con el percal, pero nuevamente nos quedábamos a medias… Estuvo brillante en banderillas su subalterno Iván García, que era obligado a saludar como lo había hecho en el toro anterior Miguel Ángel Sánchez. Tampoco este toro tuvo la raza precisa para lograr la emoción en una plaza de primera como es la de Málaga. Esta vez al menos sí que sonaba una música más acorde con la fecha en la que nos encontramos y el carácter especial del festejo. La marcha procesional ‘Amparo’ de José Antonio Molero parecía querer levantar el pesado peso de una tarde que era de plomo desde antes de empezar.

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