Entrevista | Sara Barquinero Escritora
«Fui la adolescente pedorra que se quería hacer la lista y citaba a Nietzsche»
La zaragozana presenta en el CAL (22 de abril) su novela La chica más lista que conozco

La escritora Sara Barquinero. | LA OPINIÓN
Rubén López
Sara Barquinero (Zaragoza, 1994) se convirtió en 2024 en la escritora revelación del año gracias a Los escorpiones. Ahora vuelve con La chica más lista que conozco (Lumen), una novela en la que bucea en las miserias del mundo universitario y las relaciones abusivas entre profesores y alumnas. Celebrará el Día del Libro (22 de abril) en el Centro Andaluz de las Letras.
La chica más lista que conozco cuenta la historia de Alicia, una joven de 18 años que deja su Valladolid natal para estudiar Filosofía en Madrid convencida de que la experiencia le cambiará la vida. Allí encuentra nuevos compañeros (tan inteligentes como crueles) con los que hablar de libros y salir de fiesta, pero también se obsesiona con un profesor que le saca más de diez años. Reconoce la autora que esta novela nació de su propia rabia con el mundo académico, pero subraya que no hay mucho de ella en estas 430 páginas: «Me lo he tenido que inventar casi todo».
¿Fue esa rabia interior la que le impulsó a escribir esta novela?
De normal no soy una escritora muy rabiosa, pero en este caso sí. Al menos en su génesis. Yo estaba haciendo el doctorado en Madrid, estaba bastante cabreada con el mundo universitario y empecé a escribir algunos de esos enfados en un documento de Word. Lo dejé estar porque estaba justo terminando de corregir Los escorpiones, pero al tiempo, cuando mi editora me preguntó qué era lo siguiente, pensé que ahí había mucho que rascar y ya me puse más en serio.
Estudió Filosofía y se licenció en la Universidad de Zaragoza. ¿Ese enfado comenzó a surgir en esa primera etapa o sobre todo mientras hacía el doctorado ya en Madrid?
Bueno, el enfado lo sentí en esa época en Madrid por todo lo que vi a mi alrededor, pero he intentado que la novela abordara el mundo académico en general. Más que nada porque no creo que haya ninguna universidad ajena a la burocratización que hay en el conocimiento. Me refiero también a esa competitividad entre compañeros, la precariedad de los puestos de trabajo o esas relaciones personales entre profesores y alumnas dentro de un campus.
¿Tenía un interés especial en denunciar este último aspecto?
Más que una voluntad clara de denuncia, creo que era mi propio enfado el que hablaba. En general, casi todas esas relaciones se dan entre un hombre heterosexual y una chica mucho más joven, y en algunos casos habría que analizar cómo funciona ese consentimiento. Es una zona gris porque son chicas mayores de edad, pero cuando ves que es una circunstancia que se repite año tras año, pueso creo que hay algo feo en un cargo público haciendo una y otra vez lo mismo.
No creo que haya ninguna universidad ajena a la burocratización que hay en el conocimiento
¿Cuánto hay de usted en esta novela?
Me lo he tenido que inventar casi todo, porque cuando se me ocurrió la idea de la novela yo ya era una cínica estudiante de doctorado y me parecía un personaje poco interesante. Quería que la protagonista fuera una chica con la que se pudiera empatizar. Que el lector se asombrara de las cosas bonitas a la vez que ella... Para eso tuve que rehacer toda mi biografía. Durante mi etapa doctoral yo estuve en un punto violeta y pude acceder a muchos testimonios que luego pude ficcionar.
He leído que también le apetecía escribir una «novela de campus». ¿Por qué le atrae tanto ese género?
No sé, supongo que yo siempre he sido muy empollona, así que ese universo universitario me ha gustado bastante. Además, siempre he considerado que la universidad es una etapa muy bonita dentro de la vida de una persona. Nos permite hablar del deseo de llegar a ser alguien, de nuestros miedos, de la juventud...
En la novela va hilvanando las vivencias de Alicia con breves reflexiones filosóficas. ¿Cuál era el objetivo?
Eso me daba la posibilidad de crear un narrador muy juguetón que me permitía hablar de forma ligera de temas difíciles.
De hecho, la novela lleva como subtítulo Un tratado sobre la vergüenza.
Sí, por un lado quería hablar de la vergüenza de clase, de estar en un lugar que no sientes como tuyo porque hay gente a tu alrededor con mucho más capital cultural. También de la vergüenza en el sentido del eslogan feminista, y porque Sartre dedicó muchas páginas de El ser y la nada a hablar de la vergüenza y a su relación con el amor. Ese narrador me servía un poco para hablar de todo esto.
Alicia siente esa vergüenza de clase. ¿Esas diferencias siguen siendo muy perceptibles en la etapa universitaria?
En el campo de las Humanidades creo que son muy claras, sí. No es lo mismo crecer en una casa llena de libros y que tu padre conozca a tu profesor de Políticas, que ser el primero de tu familia que va a la universidad. Este último caso no es el mío, pero quise que Alicia viniera de una familia más inculta.
Ha asegurado que no se le da bien construir personajes que caigan bien. ¿Por qué cree que le sucede eso?
Creo que porque soy demasiado criticona con todo el mundo. Por eso trato a los personajes con un poco de crueldad, pero aquí he intentado que todo el mundo fuera más amable.
Durante mi etapa doctoral yo estuve en un punto violeta y pude acceder a muchos testimonios que luego pude ficcionar
¿Ha sentido en sus propias carnes eso de no encajar en un grupo?
Sí, pero de manera muy diferente a lo que sucede en esta novela. Yo nunca he sentido esa cosa del síndrome de la impostora... De inseguridad intelectual y tal, pero sí que he sentido otras muchas cosas. Es decir, no fui precisamente la reina de mi instituto y a veces me puede costar un poco, pero las inseguridades de la protagonista me las he inventado. Tiene poco de mí en ese sentido.
Los escorpiones tuvo un gran éxito. ¿Sintió el peso de la presión a la hora de afrontar esta novela?
La verdad que no mucho porque ya había empezado a escribirla antes de que sucediera todo eso. Además, justo me pilló que estaba en Roma haciendo una beca y lo viví un poco desde la distancia. Los escorpiones me ha dado muchas cosas buenas. Sobre todo más tiempo, lo que te permite escribir mejor.
¿De niña soñaba con ser escritora?
Entre los ocho y los doce años sí que soñaba con ello. En esa época escribía mis cuentos y por supuesto siempre tendiendo al dramatismo, así que ya se me veía venir... Luego dejé de escribir y recuperé el gusto ya en la universidad, gracias a una profesora que tuve en Zaragoza que se llama Sandra Quintana. Fue gracias a ella, la verdad.
¿Por qué decidió estudiar Filosofía?
Porque cuandi vi las posibles carreras me pareció que era la que más enfocada estaba a leer y menos a estudiar, que era lo que yo buscaba. Y también porque, no lo voy a negar, yo siempre fui la típica adolescente pedorra que se quería hacer la lista y que de vez en cuando citaba a Nietzsche creyéndose muy especial.
¿Ya tiene otro proyecto entre manos?
Pues estoy pensando en dedicarme al ensayo ahora que he metido un poco la patita. Pero todavía no lo he decidido.
Suscríbete para seguir leyendo
- Venden el histórico local comercial de la antigua Félix Sáenz en el Centro de Málaga: lo compra un inversor catalán
- Urbanismo de Málaga detecta más irregularidades en el edificio protegido de Limonar 40: cambio de estancias, falsos techos y climatización
- La caída en la producción del aceite de oliva apunta a una inminente subida de los precios
- Multa de 200 euros y pérdida de 2 puntos del carné por hacer un mal uso del parasol del coche: la Guardia Civil vigila a los conductores malagueños
- Rubi, entrenador del Almería, se rinde al Málaga CF y a Funes: 'Hacen bien infinidad de cosas
- La hermandad del Rocío presenta la Cruz del Mundo, que portará el Nazareno de los Pasos en su 50 aniversario
- Dimite la concejala del PP de Moclinejo, Susana Carrillo, tras ser detenida por la Guardia Civil
- La DGT avisa a los conductores malagueños que realicen esta maniobra tan común en la autovía: se enfrentan a multas de 200 euros