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"La mirada del mal"

Reyes Monforte disecciona la figura de Leni Riefenstahl: la mujer que desafió a Hitler y revolucionó el cine

En "La mirada del mal", Reyes Monforte analiza la vida y el legado de Leni Riefenstahl, la cineasta más influyente y polémica del Tercer Reich. Una mujer que utilizó su talento artístico y belleza para ganarse el favor de Hitler y con ello obtener recursos ilimitados para revolucionar el lenguaje visual del cine

Reyes Monforte publica la novela "La mirada del mal"

Reyes Monforte publica la novela "La mirada del mal" / Fernando Bustamante

Amparo Barbeta

Valencia

Leni Riefenstahl es una de las figuras más complejas del siglo XX. ¿Qué la llevó a elegir a un personaje tan complejo y polémico como este?

Es uno de los personajes más controvertidos del siglo pasado, y su evolución refleja las luces y sombras de toda esa época. Fue la realizadora más famosa de su tiempo, pero también 'los ojos de Hitler', la única mujer que se permitía tutearlo. Ella ya era una celebridad en la República de Weimar por sus películas de montaña; de hecho, Charles Chaplin le envió un telegrama vaticinando que revolucionaría el cine, algo que terminó haciendo de una forma que nadie imaginaba. Ella supo que Hitler admiraba su baile en 'La montaña sagrada' y aprovechó esa conexión para acercarse a él. En 1932 asistió a un mitin y quedó impactada por su magnetismo, describiéndolo como un «enorme géiser» que salía de la tierra. Fue ella quien tomó la iniciativa y le escribió una carta para conocerlo

¿Por qué decidió que este era el momento de contar su historia? imagino que documentarlo habrá sido muy costoso.

La idea nació hace 10 años. No es que haya tardado toda esa década en escribir, sino en encontrar la forma perfecta para un personaje tan poliédrico y lleno de aristas. Mi meta era abordar la historia sin prejuicios ni juicios de valor, ofreciendo todo el contexto y los escenarios para que sea el lector quien juzgue. Para entenderla, es necesario comprender también ese ‘Berlín pecaminoso’ de la República de Weimar y por qué el mundo terminó entregándose a Hitler.

¿Cómo condicionó su trayectoria el hecho de crecer y mandar en un sistema tan patriarcal?

Lo condicionó absolutamente todo. En 1934, el New Yorker destacaba lo fascinante que era ver a una mujer dando órdenes cinematográficas en un entorno tan masculinizado como el Congreso del Partido Nacional Socialista. Se la obedecía porque todos sabían que era la protegida del Führer. En los años 70, curiosamente, volvió a ser vista como un icono feminista por haber reinado en un mundo de uniformes y hombres.

Reyes Monforte publica la novela "La mirada del mal"

Reyes Monforte publica la novela "La mirada del mal" / Fernando Bustamante

¿Era realmente superior a los directores de su tiempo?

Sin duda, no había ningún hombre tan bueno como ella. Hitler la prefirió a ella, ignorando los deseos de Goebbels, porque Leni sabía hacer que la propaganda fuera «bonita», algo que conectaba con el ciudadano de a pie. Su técnica fue revolucionaria: inventó el uso de patines para los cámaras, zanjas en el suelo para lograr ángulos bajos y planos cenitales que hoy siguen vigentes. Directores como George Lucas o los creadores de El Rey León han admitido inspirarse en sus composiciones visuales, como el desfile de las hienas inspirado en El triunfo de la voluntad

¿Cree que su condición de mujer influyó en cómo la recibió el mundo?

Tuvo un doble filo. Supo usar su atractivo y seguridad para obtener medios ilimitados de Hitler, pero también pagó un alto precio. En 1938, al visitar Estados Unidos, la prensa la recibió con el titular: «tan bonita como una cruz gamada». Tras la Noche de los Cristales Rotos, Hollywood le dio la espalda; solo Walt Disney la recibió, pero le advirtió que los productores judíos boicotearían su trabajo. Ella siempre se comparaba con artistas como Miguel Ángel o Tiziano, que trabajaron para el poder, o con Eisenstein bajo Stalin, sintiendo que a ella se la juzgaba más duramente por ser mujer y por su cercanía personal con Hitler

¿Cómo se construye un personaje que, simultáneamente, fascina e incómoda?

Es el eterno debate sobre separar al artista de su obra. . Leni siempre se defendió diciendo: «Yo era artista, no política», alegando que nunca mató ni denunció a nadie. Se consideraba una «aprovechada» que buscaba presupuestos astronómicos —hasta cinco veces superiores a lo normal— para realizar sus visiones artísticas, como los Juegos Olímpicos. Incluso llegó a decir: «¿Desde cuándo la belleza es fascista?

La novela se inicia con la quema de documentos en 1945. ¿Por qué ese punto de partida?

Es una licencia literaria apoyada en testimonios de vecinos que aseguraron verla quemar papeles en su jardín la noche antes de ser detenida por los aliados. Fue el momento en que su mundo como «creadora de la fuerza visual del nazismo» se desmoronó. Poco antes de morir Hitler, ella salvó a su directora de fotografía, Gisela, de ir a un campo de concentración, pero tras la derrota, esa misma amiga le dio la espalda llamándola «la puta de los nazis».

¿Ha intentado comprenderla, justificarla o simplemente exponerla?

Como autora, para mi es necesario entenderla, lo cual no es darle la razón. Es fascinante ver cómo Hitler se hacía pequeñito ante ella porque estaba deslumbrado por su fuerza y atractivo. Leni se permitía discutirle y negarse a incluir más metraje militar en sus películas si no le parecía estéticamente adecuado, incluso cuando él le recordaba ante quién estaba .

¿Parece que, además, tenía una relación frustradaa con España?

Ella amaba España y tenía guionizado un documental sobre todas sus regiones, pero Franco le denegó la financiación en la posguerra. Acabó rodando su película ‘Tierra Baja' en Alemania usando como extras a personas que trajeron de campos de concentración, aunque ella siempre sostuvo que no sabía qué procedían de esos lugares.

¿Usó el sexo para tener poder?

Las fuentes indican que no; de hecho, se llevaba fatal con Goebbels, quien llegó a amenazarla con tirarla por la ventana. A ella le atraían los hombres deportistas y guapos, como el atleta Glenn Morris, quien la besó públicamente en los pechos tras ganar un oro en los Juegos Olímpicos de 1936 ante la mirada atónita de Hitler. Al final de su vida, pasó 40 años con un cámara mucho más joven que ella, con quien se casó poco antes de morir a los 101 años porque, según él, ella era inagotable.

¿A quién se le podría equiparar?

No ha nacido nadie igual, ni hombre ni mujer, que combine ese talento artístico de vanguardia con una carga histórica y política tan inquietante. Su legado técnico se quedó ahí, imitado por todos, pero su figura permanece como un enigma único

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