Entrevista | Lluís Homar Actor
«Uno se crea una idea de sí mismo, pero la vida se encarga de enseñarte quién eres»
Actuará en el Teatro del Soho-CaixaBank (15 y 16 de mayo) en Memorias de Adriano, adaptación de la obra de Marguerite Yourcenar

Lluís Homar, un líder entre luces y sombras, en 'Memorias de Adriano' / David Ruano
Marta Cervera
Desde que dejó la Compañía Nacional de Teatro Clásico no ha parado: cine, teatro, televisión...
Trabajé muchísimo en 2025 y lo que llevamos de 2026. Pero el epicentro ha sido esta obra. Desde que Focus me lo propuso, dedicamos tiempo a buscar el enfoque con Brenda Escobedo y después pasé dos meses aprendiéndome el texto para poder hacer los ensayos con la directora, Beatriz Jaén, y el resto del reparto: Álvar Nahuel, Clara Mingueza, Marc Domingo, Xavi Casan y Ricard Boyle.
A sus 68 años está solicitado.
Hay proyectos a los que he dicho que no. Concretamente, a dos películas y a alguna cosa más que me proponían. Pero el tiempo no daba más de sí. Eso son cosas que pasan en nuestro trabajo: de repente todo el mundo piensa en ti. En 2019, antes de que me propusieran dirigir en Madrid la Compañía Nacional de Teatro Clásico, prácticamente no tenía trabajo.
Hace años soñaba con montar un centro de meditación.
Pertenezco a una red abierta de meditadores que se llama Amigos del desierto, de Pablo d’Ors. Medito y me voy a ir a vivir a un pueblo de 40 personas para estar rodeado de silencio y de quietud. No voy a abdicar de esta idea. Ahora mismo, por situaciones de la vida, necesito estar activo un par de años más. Mi aspiración es parar. No dejar del todo el oficio, pero dar más espacio a otras cosas.
¿Puede concretar?
Mi mujer, Alba, y yo pensamos instalarnos allí en otoño de 2027, cerca de Vallbona de les Monges. Espero entrar en otra fase, con otro ritmo de vida y disponer de un espacio que pueda ser un lugar de encuentro, donde bajar revoluciones, donde compartir. Tengo claro que el sentido de la vida está en la pausa, en la quietud que hallas cuando las cosas van despacio. Vivir a toda velocidad no es vida, pero como lo vemos por todas partes pensamos que esto es la existencia. El sentido de la vida no reside en sumar experiencias sino en encontrarte a ti mismo.
Y, ¿cómo se hace?
La naturaleza es una parte importantísima para esta descodificación. El problema es que estamos maleados. Todos somos responsables de lo que pasa. Todos estos aparatos y pantallas nos han dejado sin espacio para aburrirnos. Ahora es un non stop. En una charla [el antropólogo y teólogo] Javier Meloni explicaba que a veces tenemos la tentación de mirar el móvil para ver las noticias y saber qué pasa en la otra punta del mundo. Meloni se preguntaba: ¿por qué tenemos tanto interés por aquello que pasa tan lejos y tan poco por lo que ocurre en nuestro interior? La tecnología es muy tentadora. Es otra manera de escaparnos de nosotros mismos.

Un momento de 'Memorias de Adriano' / David Ruano
Muchos viven casados con su trabajo.
Yo he sido un ejemplo de esto. He tenido hijos, Isaac y Unax, ambos maravillosos. Pero nuestro trabajo, como es tan pasional, es muy engañoso. De repente es muy fácil pensar que la intensidad con la que vives da sentido a todo. Soy consciente de que mi trabajo me ha servido para escaparme. No me gustaba mi yo pero mi profesión me permitía hacer un sinfín de personajes. Uno llega a crearse una idea de sí mismo, pero la vida se encarga de enseñarte quién eres. ¡Durante muchos años quise ser Marlon Brando! Lluís Homar era menos interesante pero es lo que hay.
¿Qué le llevó a contar con Beatriz Jaén como directora de Memorias de Adriano?
Me habían gustado trabajos suyos: Breve historia del ferrocarril español, de Joan Yago, y la adaptación de Nada, de Carmen Laforet. Tanto ella como Brenda Escobedo, dramaturga con la que nos reunimos al principio, han permitido dar un enfoque radicalmente contemporáneo. La obra pasa ahora y aquí.
¿Mejor así que con togas?
El texto es maravilloso pero es muy literario, no es un texto teatral. Le iba bien darle esta mirada de rabiosa actualidad que lo hace todo muy reconocible para el espectador. No hemos añadido ni una sola palabra de la traducción que Cortázar hizo de la obra de Yourcenar. Todo lo que decimos está en la novela.
¿Cuánto han eliminado?
La obra contiene la esencia de la novela de Yourcenar pero todo no puede estar. Dura una hora y media y cuenta desde los orígenes de Adriano hasta su fascinación helénica y su ambición de poder. También su historia de amor con Antínoo, donde muestra su parte más humana y el terrible episodio de la guerra de Judea.
Habla de Oriente Medio en el siglo II después de Cristo. Hoy sigue la guerra.
Y es increíble porque Adriano dice en la obra: «No lo niego. La guerra de Judea fue uno de mis fracasos. No fui capaz de encontrar las palabras capaces de persuadir o al menos retardar la crisis de furor del pueblo judío [...] Aelia Capitolina fue erigida sobre las ruinas de Jerusalén, Judea fue borrada del mapa y recibió conforme a mis órdenes el nombre de Palestina. Siempre hay que volver a empezar».
También muestra la cara pública y privada del gobernante.
Es la historia de la humanidad. El propio Adriano es víctima de ello. ¿Cómo puede ser que un emperador esté entregado emocionalmente a un chico de 20 años? No lo puede tolerar. Este es el principal problema en su relación con Antínoo. «Me ganaba el violento deseo de no depender exclusivamente de nadie», dice. ¡Es que tiene unas frases!
¿Podrían aprender algo los mandatarios de hoy de Adriano?
Al final de su vida se da cuenta de que ninguna persona es más que otra. El sentido verdadero de la vida no está en el control sobre ella sino en soltar. Si los que mandan se dieran cuenta tal vez no harían las barbaridades que vemos con cualquier persona que intenta llegar a un país en una barca. A nivel emocional la humanidad está en la Edad de Piedra. Hacemos móviles, vamos a la Luna, tenemos internet, pero estamos a punto de cometer las mismas barbaridades que hace un siglo. Totalitarismos, bombas... la sensación es que no hemos aprendido nada.

Un momento de 'Memorias de Adriano' / David Ruano
Siempre nos quedará el teatro.
La vida está en nuestras manos y es fantástica. Y de este acto de amor que hace Yourcenar con la figura de Adriano podemos sacar algunas cosas que nos reconcilien con la naturaleza humana, incluso con la figura del político que hoy está totalmente desprestigiada.
Adriano está considerado como uno de los cinco emperadores romanos buenos.
Para mí era importante darle una dimensión humana, porque tiene luces y sombras. No es un personaje para poner en un pedestal.
Sí le gustaría interpretar al Rey Lear. ¿Lo veremos?
Recemos para que llegue. No está lejos.
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