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Música

Álvaro Lozano, el joven malagueño con un pie en el Olimpo del violonchelo

El músico es uno de los 12 finalistas del Queen Elisabeth Competition, el concurso internacional del que salen los futuros intérpretes más influyentes del instrumento

Álvaro Lozano Cames, con su violonchelo en el Museo Thyssen Málaga.

Álvaro Lozano Cames, con su violonchelo en el Museo Thyssen Málaga. / Daniel Díaz

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Víctor A. Gómez

Víctor A. Gómez

Málaga

Álvaro Lozano Cames (Málaga, 2006) lleva meses dedicándole entre 8 y 10 horas al día a practicar con el violonchelo, el instrumento que decidió aprender a los 8 años. Cuando uno habita en la excelencia y busca incluso sobresalir entre lo sobresaliente, necesita momentos que le recuerden que el esfuerzo merece la pena. Éste es uno de ellos para el joven malagueño: Álvaro es uno de los 12 finalistas del Queen Elisabeth Competition, que se celebra estos días en Bélgica y que supone, para muchos, el escaparate mundial en el que se muestran los futuros solistas más influyentes del instrumento. "Es un logro muy importante, recompensa el esfuerzo que he realizado y a la vez es un sueño hecho realidad", confiesa.

El próximo 28 de mayo será su turno dentro del programa de sesiones de la finalísima pero una semana antes, este jueves, Álvaro y otro finalista se 'encerrarán' en la Queen Elisabeth Music Chapel, una estupendísima villa en Waterloo, para asumir uno de los grandes retos del concurso: entrar en contacto con una de las piezas que todos deberán interpretar en la última sesión, una inédita de un compositor establecido (esta convocatoria se trata de 'Four Odes to the Tidings of Flowers', de la estadounidense de origen surcoreano Fang Man). Durante una semana la ensayarán y pulirán su interpretación (sin teléfonos móviles: no pueden disponer de aparatos que puedan facilitar ayudas externas) hasta defenderla en su participación final. El malagueño también ha optado por ejecutar una de sus piezas más queridas, el 'Concerto para violonchelo número 1' de Shostakovich: "Es una partitura que me resulta bastante cercana, la conozco desde hace años y la he tocado con orquesta. Tiene muchos carácteres y colores, desde la intensidad marcial a una emotividad más contenida, lo que me permitirá mostrar todas mis facetas como intérprete", asegura Lozano.

¿Cómo calmar los nervios ante la presión?

Los nervios están, cómo no, pero también las ganas de "saber en el escenario que estás transmitiendo, que estás disfrutando y que todo está saliendo" como uno ha ideado. Estas jornadas, como siempre, dedica bastante a una de sus rutinas más útiles, lo que llama "conciertos mentales": "Los días antes de cada concierto interpreto en mi mente el programa íntegro, para estructurarlo". No todo es estudiar y ensayar en el ámbito estrictamente musical; también hay que entrenar, por ejemplo, la salud mental. "Uno tiene que estar muy bien preparado para no sentirse comido por la tensión y la presión de un concurso como éste y poder ofrecer el 100 por 100 o más en el escenario", afirma el joven malagueño. Influido por Sabrina Ruiz, una de sus profesoras y cercana al mindfulness, persigue "sensaciones base" en las que refugiarse para lograr la calma necesaria para que subir al escenario no se transforme en "una tempestad de emociones": "Busco sensaciones físicas en mis manos, en mi espalda, en todo el cuerpo para dirigir una sensación más mental y aferrarme a ella".

Y sin olvidar la salud física, factor decisivo para un instrumentista de primer nivel: "Los músicos pasamos muchas horas en una postura que no es natural, por lo que debemos hacer deporte y mucho ejercicio físico, tanto en los músculos que no trabajas como en los que sí para evitar sobrecargas", aduce).

A los 8 años decidió ser violonchelista

Álvaro Lozano nunca se olvida de "la suerte" que tiene al haber nacido en una familia de músicos: su padre toca el fagot y su madre, el violonchelo; esto último, confirma, fue decisivo para que, a los 8 años, una edad no caracterizada precisamente por tomar decisiones vitales transcendentales, el pequeño Álvaro optara por un instrumento que era más alto que él y que tardó poco en descubrir que es "el que más se parece a la voz humana", como le enseñaron sus ídolos Jacqueline du Pré, Rostropóvich, Shafran y el español Asier Polo. Ahora, 12 años y 4 primeros y 2 terceros premios en seis concursos nacionales e internacionales después, no se arrepiente en absoluto y dice seguir "igual de ilusionado" que entonces. Ahora le esperan el público y el jurado del Queen Elisabeth Competition, las partituras de Fang Man y Dmitri Shostakovich para las que convertirse en médium "desde la humildad" y las ganas de transmitir y conectar con el público. Es la mejor manera para palpar la gloria que habita entre las cuatro cuerdas del violonchelo.

Competición sin rivalidad (aparente)

El Queen Elisabeth Competition ha facilitado una foto de familia de los 12 finalistas de la convocatoria 2026 y la imagen llama la atención, quizás porque destruye nuestros prejuicios: se palpa un buen ambiente y una cercanía entre los competidores, que tumba ese cliché de hipercompetitividad con que asociamos a citas de élite de este tipo. "La verdad es que fue así desde el principio, desde que éramos 24 semifinalistas. Todo ha sido siempre muy positivo, con relaciones muy cercanas, sin segundas intenciones. A este nivel todos sabemos que todos somos buenos, que nadie está por encima de nadie y venimos a mostrar nuestro trabajo con humildad", apunta Álvaro, que matiza que en el mundo del chelo el ambiente es "más relajado" que el de otros instrumentos.

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