Entrevista
Eider Rodríguez: "Me parece un halago que digan que no hay frases subrayables en mis libros"
La autora vasca presenta su nueva colección de relatos, 'Era todo el mismo hueco', en el Centro Andaluz de las Letras este jueves (19.30 horas)

La escritora Eider Rodríguez, en una imagen promocional / Dani Blanco

Eider Rodríguez indaga en los vacíos vitales desde la cotidianidad y una singular perspectiva sentimental, a través de un estilo cada vez más esencial y depurado, en su nueva colección de relatos, 'Era todo el mismo hueco' (Random House), que presenta este jueves en el Centro Andaluz de las Letras (19.30 horas).
Me da la sensación de que su estilo es cada vez más depurado y económico. ¿Es un ejercicio consciente o deriva naturalmente de su manera de ver la vida?
Es un ejercicio consciente. No quiero generalizar pero cuando empezamos a escribir queremos mostrar nuestras habilidades, que tienes cosas que contar y que las sabes contar bien; es difícil encontrar escritoras y escritores que en sus inicios no hagan alarde de sus capacidades. Pero el estilo es precisamente querer acercarse a la voz que tú crees que eres y no tanto al tipo de voz con la que te gustaría deslumbrar. Así que sí hago un ejercicio consciente de quitar palabras, frases, estructuras gramaticales complejas que puedan ocultar a veces lo que una quiere decir. En eso me afano libro tras libro, en intentar llegar a la médula de lo que quiero contar, quitándome disfraces, capas de grasa y brillantina y dejar el texto lo más austero posible sin que sea raquítico. Creo que ahí está el juego de la literatura.
En sus historias las emociones son corrientes subterráneas; su literatura es opuesta a la sobreexposición emocional, cierta aversión por la discreción tan en boga en cierta literatura. Desde la quietud y la ausencia de adjetivos, ¿se indaga mejor en lo que nos ocurre?
Tardo mucho en terminar un relato, reescribo mucho; en el proceso no sólo merma la adjetivación, las perífrasis, como decía antes, sino que también hay una depuración de las emociones: a veces es mejor dejar un gesto, señalar un complemento en la forma de vestir del personaje para retratar qué sientemente exactamente... La verdad es que no entrar en disquisiciones psicológicas, que no me gustan tanto y que me llevan a pensar en libros de autoayuda, no me gustan.
El amor se analiza en las historias de 'Era todo el mismo hueco' desde diferentes perspectivas, pero, en mi opinión, comparten todas un cierto antisentimentalismo; una mirada más de cirujano que de poeta. ¿Nos dejamos a vecer llevar demasiado en estas cuestiones y es necesario, aunque doloroso, pararse a reflexionar sobre ellas?
Todo tiene que ver con la manera de ser del escritor, y creo que cuantos más libros escribes, menos distancia hay entre tu estilo y tu manera de ser;a veces se piensa que el estilo es algo muy estudiado y muy entrenado, pero yo estoy cada vez más convencida de que es a la inversa: hay que dejar la gimnasia, cuanto más dejas de hacer flexiones en literatura y más te acercas a ti misma, es cuando más surge el estilo. Así que lo del antisentimentalismo que me preguntaba no es tanto una elección consciente, sino algo que supongo que tiene que ver con mi manera de ver el mundo.
Cuanto más dejas de hacer flexiones en literatura y más te acercas a ti misma, más cerca está el estilo
Agujeros, cuevas y otras oquedades son el leit motiv de las historias, quizás lo que las une conceptualmente. En los relatos simbolizan de alguna manera el vacío de sus protagonistas, pero ese vacío no es contemplado desde la fatalidad existencialista; más bien lo hace como Leonard Cohen, cuando escribe/canta en 'Anthem' «There is a crack in everything, that’s how the light gets in». ¿Es sólo mi percepción o también tu intención al escribirlos?
Me puse a pensar en el título del libro una vez di por terminada la colección de cuentos que quería publicar; esta vez, a diferencia de anteriores libros, no había ningún relato que me gustase como título general. Lo cierto es que no estuve desperdigando diferentes oquedades por los relatos para poder hablar luego de esto, a pesar de que lo que dices cuadra muy bien. Encontramos esa imagen que se repetía y que hablaba bastante bien del espíritu del libro. Una vez publicada la obra la gente tiende, y yo haría lo mismo, a encontrar una simbología, quizás a sobreinterpretar símbolos que ni siquiera son símbolos... Son, pues eso, agujeros, cuevas, grietas, cráteres, vacíos existenciales. Si hubiéramos elegido otro título, quizás se estaría haciendo una lectura bien distinta de lo que buscaba al escribirlo, aunque sea cierto lo que sugieres.
Algo que me gusta especialmente de su literatura: apenas se pueden subrayar frases, no hay seudoaforismos o pasajes que exciten la atención y que parezcan poner al escritor encima de sus historias. ¿Trabaja en el despacho en esa disolución del ego literario?
Como lectora no subrayo, excepto cuando leo ensayo y algunas veces en poesía. Normalmente, cuando más subrayo es cuando menos me gusta el libro. Los libros que más he leído, a los que he vuelto muchas veces, como 'El amante', de Marguerite Duras, o 'Desgracia', de J. M. Coetzee, o los cuentos de Julio Cortázar mis ejemplares no tienen ni un solo subrayado. Si veo alguna frase que puede sonar a aforismo o a demasiado contundente o que podría utilizarse en un epitafio, intento desarmarla. Quizás en la novela los párrafos de relleno o los más deslumbrantes puedan resultar necesarios a veces, pero en un relato no puede haber una frase que sobre, ni por demasiado mala ni por demasiado buena... Así que la verdad es que me parece un halago que digan que no hay frases subrayables en mis libros.
En mis inicios era una escritora muy controladora con mis personajes; ahora los ato con una correa, pero una correa más larga, para que me sorprendan
¿Cuál es su relación con los personajes? ¿Los observa o los acompaña, les deja crecer, acertar y equivocarse en libertad o prefiere guiarlos hacia donde a usted le interesa?
Antes de sentarme a escribir la historia pienso mucho acerca de ellos, en cómo se comportarían en tal situación, incluso en aquellas que no van a estar finalmente en el relato; pienso en a qué partido podrían votar si viviesen en tal lugar, en cómo se vestirían para ciertas ocasiones, qué comerían en Navidad... Y tomo muchas notas. Hay relatos en los que he trabajado con biblia de personajes, como hice en ‘Canícula’. Pero cada vez tiendo a observarlos más y dejarles hacer y que me sorprendan a partir de una hoja de ruta del relato. Creo que en mis inicios fui una escritora muy controladora con mis personajes y ahora, sin embargo, cómo se dice, no me sale la expresión en castellano [duda unos segundos] Ahora tengo a mis personajes con correa, pero con una correa larga, y dejo que me lleven a lugares insospechados. Cada vez trabajo más desde la intuición, con el subconsciente, los sueños, los pálpitos, y lo disfruto muchísimo.
¿Es verdad que trabajar en bares le aguzó el oído para las buenas historias? A ver si va a resultar verdad eso de que el camarero es el confesor de los ateos y agnósticos...
La verdad es que me gusta bastante trabajar en cafeterías, en bares, con la coartada que te da el estar con el ordenador y el cuadernos, pasando algo desapercibida. No es que esté tanto escuchando las historias, las conversaciones ajenas sino queme gusta el murmullo, de la música que ponen, de una frase de una mesa, de otra que dice al camarero, cómo lo que te viene a la mente y se mezcla con la tele que han encendido, con no sé cuál noticia... Todo ese barullo me encanta que esté cuando escribo, especialmente en las primeras versiones del texto. Es como si dejase que el mundo se deslizase dentro de mí, y suelo tener una sensación muy, muy real y muy veraz de eso, como que se abre una grieta en mí por la que va filtrándose el mundo.
Supongo que se lo habrán preguntado 1.000 veces; aquí va la 1.001. He leído 'Era todo el mismo hueco', escrito en euskera, en su versión en castellano, que ha contado con la traducción de Ander Izagirre. En otras ocasiones ha hecho usted misma, con la ayuda de colaboradores, el trasvase idiomático, ¿por qué no en esta ocasión?
En los anteriores libros he trabajado con Lander Garro, a cuatro manos. En la última, 'Material de construcción', también, pero acabé agotada. Es muy placentero poderte autotraducir y corregir aquello que has escrito en otro idioma, pero esta vez, como estaba trabajando en una novela al mismo tiempo, quise desprenderme de mí misma, de mi mirada a la hora de traducirme y lo dejé en manos de Ander Izagirre, que es también escritor. Y estoy encantada con el trabajo que ha hecho. Creo que voy a repetir.
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