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Música

El malagueño Álvaro Lozano Cames, cuarto puesto en el gran escaparate internacional del chelo

Meritorio resultado para la participación del joven solista en su ascendente carrera musical

El malagueño, durante su concierto de la finalísima del Queen Elisabeth

El malagueño, durante su concierto de la finalísima del Queen Elisabeth / Queen Elisabeth Competition

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Víctor A. Gómez

Víctor A. Gómez

Málaga

No pudo ser, pero ojo con lo que ha sido: el malagueño Álvaro Lozano Cames no se hizo con el primer puesto del Queen Elisabeth Competition, que se ha celebrado estas semanas en Bélgica y que supone el escaparate mundial en el que se muestran los futuros solistas más influyentes del chelo.

El joven, de 20 años, se 'coló' en la lista de los 12 finalistas y ha terminado llevándose el cuarto premio del certamen, que ha ganado el italiano Ettore Pagano. En cualquier caso, Lozano Cames tiene claro, como comentó a este periódico antes de la finalísima, que haberse plantado en la última ronda ha supuesto "un logro muy importante, la recompensa del esfuerzo realizado y a la vez es un sueño hecho realidad".

Álvaro Lozano Cames, en una imagen de archivo

Álvaro Lozano Cames, en una imagen de archivo / La Opinión

Los finalistas actuaron en noches sucesivas. El pasado jueves, 28 de mayo, fue el turno del malagueño: tuvo que interpretar una pieza inédita de un compositor establecido (esta convocatoria se trata de 'Four Odes to the Tidings of Flowers', de la estadounidense de origen surcoreano Fang Man), que pulió durante una semana (sin teléfonos móviles ni aparatos que facilitasen ayudas externas), y otra de su elección (en su caso, el 'Concerto para violonchelo número 1' de Shostakovich, "una partitura muy cercana, con muchos colores y facetas").

Una carrera iniciada a los 8 años

La participación en el Queen Elisabeth supone un importante jalón más en la carrera ascendente de un joven nacido 2006 en una familia de músicos: su padre toca el fagot y su madre, el violonchelo. Esto último fue decisivo para que, a los 8 años, una edad no caracterizada precisamente por tomar decisiones vitales transcendentales, el pequeño Álvaro optara por un instrumento que era más alto que él y que tardó poco en descubrir que es "el que más se parece a la voz humana", como le enseñaron sus ídolos Jacqueline du Pré, Rostropóvich, Shafran y el español Asier Polo. Ahora, 12 años y 4 primeros y 2 terceros premios en seis concursos nacionales e internacionales después, no se arrepiente en absoluto y dice seguir "igual de ilusionado" que entonces.

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