Letras
Paloma Rivas, la psicóloga malagueña que escribe thrillers: «En mis libros intento entender tanto a la víctima como al victimario»
La autora presenta mañana en Luces su nueva ficción, 'El retablo del alma', una intriga con los experimentos neurológicos como punto de partida

La psicóloga y escritora Paloma Rivas / La Opinión

La nerjeña Paloma Rivas supo desde niña que lo suyo sería indagar en las complejidades de la mente humana. Primero lo ha hecho como psicóloga (se especializó en trauma, trastorno límite de la personalidad y trastornos de la conducta alimentaria) y ahora lo intenta a través de thrillers. Debutó a lo grande, en transatlántico editorial como Plaza & Janés, con 'Los versos sueltos del Edén' y ahora repite con 'El retablo del alma', otra intriga protagonizadaa por la psicóloga Lis de la Serna con las que busca una nueva aproximación al género. Lo presenta hoy en la Librería Luces, a partir de las 19.00 horas.
La trama de 'El retablo del alma', sobre experimentos neurológicos clandestinos, ¿se basa, aunque remotamente, en hechos reales, o es pura ficción? Aunque no me extrañaría que más de uno se saltara las regulaciones en nombre de un hipotético avance de la ciencia...
Afortunada o desafortunadamente, esta parte de la trama, aunque profundamente marcada por la ficción, contiene numerosas pinceladas de realidad. La investigación neurológica ha estado históricamente rodeada de luces y sombras, especialmente durante los periodos vinculados a las dos guerras mundiales y, de manera muy particular, a la Segunda Guerra Mundial. Como sociedad, nos hemos beneficiado de algunos de los conocimientos derivados de aquellas investigaciones; sin embargo, no puede obviarse que muchas de ellas se desarrollaron mediante procedimientos ilícitos, carentes de ética y profundamente contrarios a los principios fundamentales de la dignidad humana. Recomiendo a los lectores interesados en esta temática que profundicen en la bibliografía existente al respecto. Existe abundante documentación histórica y científica que permite comprender mejor tanto los avances alcanzados como el elevado coste humano que, en algunos casos, supusieron.
Es muy tentador pensar que Lis de la Serna es un alter ego suyo. ¿Es así?
Diría que es, en cierta medida, un alter ego de todos aquellos que trabajamos diariamente con el sufrimiento humano. Los psicólogos y psiquiatras solemos albergar una faceta casi temeraria, una tendencia a priorizar el bienestar y la salud mental de nuestros pacientes incluso por encima de la nuestra. No siempre es lo más adecuado, pero forma parte de la profunda implicación emocional que exige esta profesión. Creo que para ejercer un trabajo de estas características es necesario poseer un sólido sentido de la justicia hacia el ser humano, así como una auténtica vocación de servicio a la comunidad. Al fin y al cabo, acompañar a otras personas en sus momentos más difíciles implica asumir una responsabilidad que trasciende lo puramente profesional y se adentra en el terreno de lo humano.

La portada de 'El retablo del alma' / Plaza & Janés
Normalmente, es un cliché, se ha asociado los thrillers a las tramas policiacas, a las intrigas detectivescas. ¿Qué cree que aporta una psicóloga como usted al género?
Quizá la peculiaridad de mis thrillers resida precisamente ahí. Existe una teoría que sostiene que todas las historias ya han sido contadas y, probablemente, no le falte razón. Sin embargo, el hecho de que la protagonista sea una psicóloga introduce una perspectiva diferente: la necesidad de comprender, desde la psique humana, tanto a la víctima como al victimario. Más allá de la resolución del misterio, el foco se sitúa en los procesos mentales, las motivaciones, los traumas y las circunstancias que moldean la conducta de los personajes. Desde ese prisma, la novela pretende también invitar al lector a reflexionar sobre la complejidad del comportamiento humano y sobre cómo su comprensión resulta fundamental para esclarecer actos delictivos, desentrañar entramados complejos y, en ocasiones, cuestionar nuestras propias certezas sobre el bien y el mal.
¿Alguna vez le ha ocurrido estar en una sesión con un paciente y darse cuenta de que ahí, en lo que le está contando, hay una historia para una novela?
Así es. No obstante, nunca basaría una novela en la historia concreta de un paciente. Y, en el hipotético caso de tomar algún elemento inspirador de la realidad, este sería profundamente transformado y ficcionado, tanto por una cuestión ética como por respeto a la confidencialidad inherente a nuestra profesión. Sin embargo, el ejercicio clínico sí permite entrar en contacto con historias de vida extraordinariamente complejas. A menudo resulta sorprendente comprobar hasta qué punto algunas personas son capaces de sobreponerse a experiencias muy difíciles y seguir adelante. La resiliencia humana continúa siendo, para mí, una de las capacidades más admirables y fascinantes que existen.
Sin mi experiencia como neuropsicóloga no podría escribir las historias que escribo
¿Se podría decir que es la terapeuta de sus pacientes y que la literatura, el folio en blanco, es su terapeuta personal?
No de una manera tan específica. Para mí, la escritura se ha convertido en una profesión, aunque sigo disfrutándola como una actividad profundamente enriquecedora. La literatura puede tener un componente terapéutico, del mismo modo que lo tienen otras experiencias que contribuyen a nuestro bienestar: un paseo frente al mar, el tiempo compartido con nuestros seres queridos o la práctica de actividad física. Por otra parte, también considero importante señalar que una gran parte de los psicólogos acudimos a nuestro propio psicólogo. Desde mi punto de vista, es una práctica saludable y necesaria, tanto para nuestro propio equilibrio emocional como para poder ofrecer una atención de calidad a las personas que depositan en nosotros su confianza. Cuidarnos a nosotros mismos es también una forma de cuidar mejor a nuestros pacientes.
¿Aprovecha que ahora mismo hay un mayor interés por nuestra salud mental para divulgarla de alguna manera a través de la ficción? Ya se sabe que muchas veces la ficción es la mejor forma de compartir conocimientos y enseñar conceptos.
Me gusta mucho que me hagas esta pregunta porque, sinceramente, creo que sin mi experiencia como neuropsicóloga no podría escribir las historias que escribo. Mi profesión me ha permitido acercarme a la complejidad de la mente humana, a sus luces y sus sombras, y esa mirada impregna inevitablemente cada una de mis novelas. Me gustaría que mis libros lograran despertar algo en quienes los leen: que les invitaran a reflexionar, a cuestionarse determinadas ideas y a salir, aunque solo sea por un momento, del automatismo en el que a menudo vivimos inmersos. Aspiro a que el lector no solo siga una trama, sino que también se plantee preguntas sobre sí mismo, sobre los demás y sobre la sociedad que compartimos. Soy consciente de que se trata de una pretensión ambiciosa, quizá incluso idealista, pero constituye uno de los principales motivos por los que escribo. Más allá del entretenimiento, me interesa que la literatura pueda convertirse en un espacio para la reflexión y la toma de conciencia.
Hay algo curioso en que un psicólogo escriba intrigas así: el policía quiere meter al villano entre rejas, el psicólogo, en cambio, preferirá curarlo para su reinserción. ¿Sientes que caminas en ese terreno ambiguo y algo contradictorio?
No creo que todos los villanos puedan ser salvados o transformados. Existen determinadas formas de funcionamiento de la personalidad que resultan especialmente complejas y resistentes al cambio. En el caso de la psicopatía, por ejemplo, no hablamos de una enfermedad mental en el sentido tradicional, sino de una condición caracterizada por determinados rasgos de personalidad y patrones de comportamiento muy específicos. No estoy segura de que todas las formas de maldad puedan corregirse o sanar por completo. Sin embargo, mi visión del ser humano es profundamente humanista, tanto en el ámbito clínico como en el literario. Creo firmemente que, en la gran mayoría de los casos, las personas poseen capacidad para evolucionar, aprender de sus errores y convertirse en una mejor versión de sí mismas. Quizá por eso me interesan tanto los personajes complejos, aquellos que habitan las zonas grises de la conducta humana. Más que juzgarlos, me interesa comprender qué los llevó hasta allí y explorar hasta qué punto el cambio es posible.
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