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Toros

De Justo y Fortes conquistan una tarde de verdad y emoción en la Feria de Málaga con los toros de Victorino Martín

Los dos diestros salen a hombros por segunda vez en esta Feria tras una corrida encastada y exigente. Escribano corta una oreja después de ser herido y completar su actuación con la media ensangrentada.

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Daniel Herrera

Daniel Herrera

Málaga

Victorino volvió a La Malagueta doce años después y no regresó para cubrir expediente. Trajo una corrida seria, encastada, exigente y con varios toros de enorme interés que devolvió a la plaza esa emoción que nace cuando delante hay algo que vencer. La tarde creció alrededor de esa verdad y de tres respuestas distintas: Manuel Escribano herido y negándose a abandonar el ruedo antes de matar su segundo toro, Emilio de Justo imponiendo técnica y mando hasta abrir de nuevo la Puerta Grande, y Fortes firmando una de esas actuaciones que explican por qué Málaga se ha convertido en territorio suyo. Al final, toreros y ganadero salieron a hombros en una de las corridas que quedarán señaladas en esta Feria del 150 aniversario.

Manuel Escribano, en La Malagueta

Manuel Escribano, en La Malagueta / Eduardo Nieto

Manuel Escribano: cumpleaños de sangre

El primer aviso llegó nada más abrirse chiqueros. Escribano, fiel a sí mismo, se plantó de rodillas más allá de la segunda raya para recibir a portagayola al primero de Victorino. La larga cambiada tuvo tanta decisión como la lidia posterior. El toro no terminó nunca de entregarse y pronto empezó a medir, pero el sevillano no retrocedió. Banderilleó con poder y cerró el tercio al violín. Con la muleta se cruzó, dejó siempre el engaño puesto y apostó más de lo que el animal parecía dispuesto a conceder. En uno de los derrotes llegó la cornada en la espinilla derecha. La sangre comenzó a teñir la media y la cojera fue evidente, pero Escribano continuó hasta despachar al toro y, antes de marcharse a la enfermería, pidió quedarse también para lidiar el segundo de su lote inmediatamente.

Aquella decisión convirtió su actuación en otra cosa. Mermado, esta vez no pudo acudir a portagayola ni banderillear. Brindó a su sobrino y comenzó a tirar del cárdeno por el derecho hasta hacer sonar por primera vez la música. El toro tenía exigencia y por el izquierdo sabía perfectamente lo que dejaba atrás, obligando al torero a medir cada paso. Escribano respondió con oficio y coraje, ya con la media completamente ensangrentada. La oreja fue el reconocimiento lógico a una faena en la que la dimensión humana y la taurina caminaron juntas. Solo entonces tomó el camino de la enfermería, despedido entre un ‘Cumpleaños feliz’ (era además su aniversario) y gritos de ‘torero, torero’. El parte confirmaría después una herida de cinco centímetros con trayectoria ascendente de unos quince entre la musculatura tibial.

Un momento de la actuación de Emilio de Justo

Un momento de la actuación de Emilio de Justo / Eduardo Nieto

Emilio de Justo: ambición y verdad

Emilio de Justo encontró en el tercero un toro de imponente presencia y pitones hacia arriba que ya de salida quiso comerse el capote. El cacereño no buscó adornarse: trató de fijarlo y marcarle por dónde debía pasar. Brindó la faena a Colombia y Venezuela, víctimas de recientes terremotos, y comenzó doblándose para tomar el mando. El toro exigía firmeza, especialmente por la diestra, y obligaba a estar muy colocado. Ahí apareció la capacidad técnica de uno de los toreros que mejor entiende este encaste. Hubo naturales sueltos de gran expresión y una pelea de verdad, sin concesiones. La estocada quedó algo trasera al arrancarse el toro cuando estaba perfilado y precisó de descabello. Hubo petición y la recompensa quedó en una vuelta al ruedo.

Pero De Justo sabía que aquella tarde pedía más. Fortes acababa de incendiar La Malagueta con el cuarto y el cacereño salió al quinto consciente de que una vuelta al ruedo ya era poco equipaje para una corrida de esa temperatura. El victorino tenía fiereza, quería comerse la muleta y obligaba a gobernarlo. De Justo lo llevó tapado para que solo viera franela y terminó cuajándolo por el derecho. Por el izquierdo reponía mucho y no permitía quedarse colocado, pero el torero fue corrigiendo cada dificultad hasta rematar con una gran tanda al natural, de mando y poder. Entró a matar con absoluta verdad, marcando los tiempos de la suerte. La estocada abrió el camino a las dos orejas y a su segunda Puerta Grande de esta Feria.

El malagueño Fortes, toreando ante los suyos

El malagueño Fortes, toreando ante los suyos / Eduardo Nieto

Fortes: la pureza difícil de fabricar

Con el cuarto, ovacionado ya de salida por su imponente presentación, Fortes encontró la materia para construir una de las faenas más rotundas del abono. El toro no se empleó en el caballo, pero mostró movilidad en banderillas y el malagueño entendió inmediatamente que había que sujetarlo. Tras el brindis a sus paisanos comenzó genuflexo y pronto presentó la muleta plana por el derecho. Citó con suavidad, alargó los viajes y, sobre todo, se colocó siempre en el sitio exacto. Por el izquierdo llegaron miradas y una exigencia mayor, pero Fortes no perdió nunca la verticalidad ni la limpieza. La faena fue creciendo con una sensación de pureza difícil de fabricar: sin efectismos, sin ventajas, simplemente estando donde había que estar. Un trincherazo majestuoso puso a La Malagueta en pie. La estocada entró en dos tiempos y cayó algo desprendida, suficiente para hacer rodar a ‘Borracho’. El toro fue premiado con la vuelta al ruedo y las dos orejas fueron para un Fortes que volvió a confirmar su extraordinaria relación con esta plaza.

El sexto tuvo un desarrollo mucho menos agradecido. Fue aplaudido por su estampa al salir y después protestado por un sector que entendió que podía estar lesionado. Se mantuvo en el ruedo y despertó expectativas por su enorme capacidad de humillar. Fortes lo brindó a Victorino Martín, gesto de reconocimiento a una corrida que ya había dado argumentos de sobra. Después apareció la otra cara del toro: reservón, incierto y capaz de mantener a todos en tensión. Desde el tendido se llegó a pedir al malagueño que tomara la espada. Él hizo lo contrario. Permaneció delante y encontró, casi contra toda lógica, dos naturales de enorme belleza que parecieron surgir de la nada. Fueron dos chispazos de torería en mitad de una faena imposible de redondear. Esta vez falló con los aceros y la ovación cerró una actuación que no necesitaba más trofeos para tener importancia.

La corrida terminó con una imagen poco frecuente y plenamente justificada: Emilio de Justo y Fortes saliendo a hombros. Quizás pudieron haberlo hecho incluso junto al ganadero. Y es que Victorino Martín no solo regresó a Málaga después de doce años; recordó por qué hay hierros capaces de cambiar por completo la temperatura de una plaza. Primero y sexto fueron los más deslucidos, pero el conjunto tuvo casta, emoción, presencia y exigencia. Justo aquello que obliga al torero a crecer.

Escribano convirtió una cornada en una lección de compromiso; De Justo volvió a demostrar su dominio de esta sangre y sumó otra Puerta Grande; Fortes firmó en ‘Borracho’ una faena de enorme pureza y consolidó su supremacía reciente en La Malagueta. El toro puso la verdad y los toreros estuvieron a su altura. Por eso la tarde no terminó cuando cayó el sexto: quedó instalada en la memoria de una Feria que necesitaba una corrida así para recordar de qué está hecha la emoción. Una tarde de verdad, de emoción y de memoria para La Malagueta.

La ficha del festejo:

La plaza registró un casi lleno en tarde agradable.

Se lidiaron seis toros de Victorino Martín, muy bien presentada y de gran juego. Exigente y encastada, primero y sexto fueron los más deslucidos.

Manuel Escribano: estocada (ovación) y estocada (oreja).

Emilio de Justo: estocada trasera y descabello (vuelta al ruedo) y estocada (dos orejas tras aviso).

Fortes: estocada desprendida (dos orejas) y dos pinchazos, estocada y dos descabellos (ovación tras aviso).

Manuel Escribano fue herido en la espinilla de su pierna derecha por el primero de la tarde, estoqueando también el segundo antes de entrar a la enfermería. Fue atendido de una "herida inciso-contusa de unos 5 cm. Se explora herida que afecta a piel, celular subcutáneo y musculatura, con una trayectoria ascendente de unos 15 cm entre músculo tibial anterior", según el parte médico.

Saludaron Antonio Chacón y José Manuel Valcarce, de la cuadrilla de Emilio de Justo, tras banderillear al cuarto.

Cierre del abono por todo lo alto

La Feria Taurina bajará el telón con una corrida conmemorativa por el 150º aniversario de La Malagueta. Se lidiarán toros de Torrealta y Garcigrande para Morante de la Puebla, Andrés Roca Rey y David de Miranda. El cartel reúne a dos máximas figuras del escalafón y al triunfador de 2025, que ya ha vuelto a salir a hombros en esta feria, en una cita de máximo interés para cerrar el abono malagueño taurino.

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