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Música

Canela Party 2026: Torremolinos se prepara para un nuevo pitote de tres días de música y disfraces

Deafheaven, Carolina Durante o Ángeles Toledano son algunos de los artistas de un cartel sin etiquetas en un festival que reivindica su independencia, prescinde de zonas VIP y convierte su última jornada, el sábado, en el tradicional 'Gran Pitote’ de disfraces

Público en la jornada inaugural del Canela Party 2025

Público en la jornada inaugural del Canela Party 2025 / Javier Rosa

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Adrián Torres Postigo

Adrián Torres Postigo

Uno de los usos más habituales del 'Cinnamomum verum', más conocido como canela, es aportar un sabor dulce y cálido a los postres. Un regusto parecido, aunque en sentido metafórico, es el que deja cada año el Canela Party en el tramo final del verano. Los próximos días 27, 28 y 29 de agosto, el recinto ferial de Torremolinos volverá a impregnarse de ese sabor tan único y que ha sabido hacerse un hueco en el disputado calendario festivalero de la Costa del Sol.

Un festival que, como ellos mismos se definen, es “una movida muy gorda”. Una cita que reúne a algunos de los mejores artistas del panorama nacional e internacional y que volverá a convertir Torremolinos en un punto de encuentro para los amantes de la música. Geordie Greep, Carolina Durante, Deafheaven y Melody's Echo Chamber son sólo algunos de los nombres que endulzarán la edición de este año del Canela Party.

Desde el comienzo del primer festival del Canela Party 2007 hasta ahora ha cambiado mucho desde entonces. De las alrededor de 200 personas que acudieron a aquella primera edición se ha pasado a las casi 6.000 personas que la organización espera recibir por jornada este año. "El espíritu al final se mantiene, que es lo más importante", asegura Antonio Mata, codirector y co-organizador del festival desde 2011. Además, asegura: "tampoco tenemos ambición de crecer mucho más de lo que estamos haciéndolo", reconoce Mata. El reto, por tanto, no pasa tanto por hacerse más grande, como por conservar una identidad que se ha mantenido desde sus orígenes.

Un festival diferente

Lo que distingue al Canela Party de buena parte de los festivales que se celebran en la Costa del Sol es su esencia disruptiva. Frente al auge de las zonas VIP, los espacios reservados y las diferencias entre quienes pagan más o menos por disfrutar de un concierto, el Canela apuesta por borrar esas barreras. La organización reivindica un festival pensado por y para los amantes de la música: sin zonas VIP y alejado, según defiende, de los fondos de inversión.

"El festival es prácticamente autofinanciado. No hay nadie detrás", comenta Antonio Mata. Según señala, la cita no cuenta con grandes subvenciones ni grandes patrocinadores y únicamente Estrella Galicia es su único patrocinador, una colaboración que, asegura, ha sabido adaptarse a la filosofía del festival. Una libertad que les permite tomar decisiones sin estar condicionados por intereses externos.

El único requisito que necesita un grupo para tocar en Canela es que nos guste

Antonio Mata

— Codirector y coorganizador del Canela Party

Esa independencia también condiciona la forma de confeccionar el cartel que está muy cuidado al detalle. "El único requisito que necesita un grupo para tocar en Canela es que nos guste", explica Mata, quien reconoce entre risas que son "un poco egoístas" porque organizan el festival al que ellos mismos querrían asistir.

Una filosofía que también se refleja en la propia organización de los conciertos. El festival dispone de dos escenarios, pero las actuaciones de ambas no se solapan, cuando uno acaba, da comienzo al siguiente. Así el espectador no elige a quién acudir y puede disfrutar de todos los artistas de principio a fin. Tampoco existen las jerarquías gráficas entre las cabezas de cartel y grupos situados en un segundo plano. En este sentido, el Canela presenta a sus artistas en orden alfabético. Una forma de entender los festivales en la que la música, más que todo lo que la rodea, pretende ocupar el centro.

Del flamenco al blackgaze

El festival huye de los carteles previsibles y apuesta por mezclar estilos, procedencias y públicos que difícilmente coincidirían en otros festivales. Este año convivirá el blackgaze de Deafheaven con el punk de Mannequin Pussy o la propuesta experimental de Geordie Greep, antiguo líder de Black Midi.

Pero el recorrido sonoro del Canela va mucho más allá, la psicodelia francesa de Melosy's Echo Chamber compartirá espacio con el synth-pop de los neoyorquinos Nation of Language, mientras que Speed llevará desde Australia una de las propuestas de hardcore más contundentes del cartel. También habrá sitio para el garage y el surf rock de Wavves, en una programación que encuentra precisamente en los contrastes una de sus principales señas de identidad.

Una variedad que también se extiende a la escena nacional, con el flamenco contemporáneo de Ángeles Toledano, la electrónica de raíces gallegas de Baiuca o el rock de Carolina Durante o la psicodelia de Rufus T. Firefly. A ellos se suman propuestas menos conocidas para el gran público, una de las apuestas habituales de un festival que no construye su programación únicamente alrededor de grandes nombres.

Entre tantos nombres, Mata pone el foco en las propuestas de Maruja, una banda que, asegura, "está subiendo como la espuma y de la que destaca su directo; a los australianos Speed, a los que sitúa entre "las mejores bandas de hardcore del mudo" actualmente; y a Nation of Language.

Así, en apenas tres días, el público podrá pasar del flamenco al hardcore, de la psicodelia al metal o del punk a la electrónica. Una mezcla que refleja una de las señas de identidad del Canela: construir el cartel con criterio propio, dar espacio a escenas muy diferentes y, sobre todo, no encorsetarse en un único género. "Que estés viendo un concierto de punk y al rato uno de flamenco, ¿por qué no? Creo que todo eso contribuye a abrir la mente", explica Mata.

Profeta fuera de su tierra

Pese a sus raíces malagueñas, el Canela Party encuentra buena parte de su público más allá de la provincia. "El público de Málaga a día de hoy es poco más del 10%. La gran mayoría es público de fuera y está creciendo también el público extranjero", señala Antonio Mata. Una realidad ante la que el codirector reconoce sentirse, en cierta medida, "un poco dado de lado por el público local". Sin embargo, esa llegada de asistentes de otros puntos también marca una de las vías de crecimiento de un festival que ha conseguido trascender sus orígenes sin renunciar a ellos.

El público de Málaga a día de hoy es poco más del 10%

Más allá de su procedencia, la organización considera que existe un perfil que define al asistente del Canela a las personas que colocan a los conciertos en el centro de la experiencia. "La gente principalmente viene a ver las bandas y a escuchar música. Es un público melómano", sostiene Mata. Un público que, además, se ha renovado con los años y en el que la organización asegura haber detectado un aumento de jóvenes durante las últimas ediciones. Esa relación con los asistentes termina formando parte de la propia identidad del festival: "Al final el público forma parte del Canela", resume su codirector, quien habla de una particular "comunión" entre bandas, trabajadores y espectadores.

De Málaga a Torremolinos

Aunque actualmente resulte difícil separar al Canela Party de Torremolinos, el festival nació en Málaga capital y su traslado al municipio costasoleño no formaba parte en los planes iniciales de la organización. Cuando llegó el momento de abandonar las pequeñas salas y dar el salto a un formato al aire libre, los responsables comenzaron a buscar un espacio que les permitiera crecer. "Nuestra intención era seguir en Málaga", reconoce Antonio Mata, quien asegura que la falta de respuesta de las instituciones terminó empujándolos a buscar alternativas fuera de la capital.

El Festival Canela Party está listo para volver este 2025

El Festival Canela Party en 2024 / Javier Rosa

Fue entonces cuando Torremolinos apareció como el lugar adecuado para dar ese salto. Más allá de su tradición turística y de su histórica conexión con las corrientes culturales internacionales, Mata destaca las condiciones que ofrece el municipio para albergar un evento de estas características. “Torremolinos tiene unas infraestructuras y unas comunicaciones que lo hacen muy cómodo para todos, tanto para el público que asiste al festival como para nosotros a nivel de producción”, explica. Una relación nacida, en parte, de la necesidad de encontrar un nuevo hogar y que ha terminado convirtiendo al municipio en parte del paisaje habitual del Canela Party.

Un último día de disfraces

Desde la primera edición del Canela Party, los disfraces han formado parte de una de las tradiciones más reconocibles del festival: acudir caracterizado durante la última jornada. Una costumbre que no surgió con el crecimiento de la cita, sino que estuvo presente desde sus orígenes. “Para nosotros esto ha sido de manera natural y desde el primer día”, explica Mata.

El origen se remonta a 2007 y está ligado a la banda malagueña Skirmish Society, cuyos miembros acostumbraban a tocar disfrazados y lanzar confeti durante sus conciertos. De aquella forma desenfadada de entender la música nació la propuesta de extender los disfraces al resto de grupos y también al público. “Lo que ellos propusieron fue que el resto de las bandas hicieran lo mismo. Y a partir de ahí, la bola fue creciendo”, recuerda Mata. Casi dos décadas después, no solo los asistentes mantienen viva la tradición, los músicos también están llamados a subirse al escenario disfrazados

Lo que comenzó como una ocurrencia entre músicos y amigos ha terminado se ha convertido en uno de los principales sellos de identidad del Canela Party. Durante la última jornada, el público deja de ser únicamente espectador para formar parte de la propia estética del festival, en una celebración en la que disfraces, música y confeti recuperan parte de aquel espíritu con el que nació la cita.

A las puertas de una nueva edición, la respuesta del público parece acompañar al festival. Mata asegura que ya se ha vendido más del 90% del aforo previsto, un dato que le permite dar prácticamente por cumplido uno de los objetivos antes incluso de que comiencen a sonar los primeros acordes. “El Canela ya va a ser un éxito”, afirma el codirector.

Y mientras Torremolinos se prepara para recibir el Canela Party 2026, la organización ya tiene la mirada puesta en 2027, año en el que el festival celebrará su vigésimo aniversario. No prometen una revolución, sino continuar con la fórmula que los ha llevado hasta aquí: “Procuramos siempre que no haya grandes cambios, pero sí haya una mejora continua”, explica Mata. Para esa fecha, el objetivo será confeccionar “el mejor cartel posible” y hacer del aniversario una edición especial. Veinte años después de aquella primera fiesta entre amigos, el Canela ya piensa en cómo celebrar las dos décadas sin dejar de ser Canela.

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