Albert Lyon Muñoz Bueno tiene 8 años y ya sabe lo que es levantar un trofeo en lo más alto del podio en un Campeonato de Andalucía de Minivelocidad. Con una minimoto de 50cc ha ganado todas las pruebas de este torneo logrando pole y vuelta rápida. A falta de una carrera ya era matemáticamente campeón.

Lleva desde 2014 yendo sobre ruedas, literalmente. Antes de cumplir los 3 años tuvo su primera moto que probaba en el bullicioso barrio malagueño de La Luz hasta que su pasatiempo pasó a lo serio. Velocidad y circuito.

Este campeonato a nivel autonómico es el primero que gana. Un fallo mecánico y una caída en la última prueba le hizo perder el título el año pasado, que quedó tercero, pero este año se ha tomado su propia revancha. Anteriormente, consiguió ser subcampeón en la Copa Nacional de Anpa y la Copa Sur.

¿Su ídolo? El de cualquier chaval que sueña con correr en Moto GP: el campeonísimo Marc Márquez, uno de los mejores pilotos de la historia del motociclismo nacional.

«En este mundo dependes también de la máquina. La moto tienes que llevarla siempre como nueva, con los neumáticos cambiados: unos 200 euros en repuestos para cada carrera». Su madre, que nos cuenta orgullosa la pasión de su hijo, confiesa que el motociclismo base es un deporte «carísimo».

Unos 500 euros es el presupuesto para cada fin de semana que tiene competición, contando con la estancia, la gasolina del desplazamiento y otros gastos. No al alcance de cualquier familia, teniendo en cuenta la recompensa que recibe Lyon -así es su segundo nombre y así le gusta que le llamen cuando se pone el mono-, que no es más que un simple trofeo. «Mi hijo no ha recibido nunca una ayuda económica. Nosotros lo llevamos con mucho trabajo y sacrificio. Hay gente que nos ayuda y nos hace favores cuando hace falta reparar la moto».

Le ponían de pequeño los dibujos animados en la televisión, pero él prefería ver las carreras de Moto GP. Una prueba de que lo suyo va por dentro. «Él solo quería las motos, se quedaba embobado mirando las carreras».

Lyon entrena todos los jueves durante tres horas. A sus 8 añitos, lo compagina a la perfección con el colegio. Su profesora le manda los deberes para que los tenga listos el jueves, y así liberarlo para los fines de semana que le toca acelerar en los circuitos, su auténtica pasión.

¿Sufrir viendo a Lyon alcanzar 90 kilómetros por hora? Lo normal para cualquier madre o padre, excepto para Mai. «Yo soy una madre especial en esto, no me pongo nerviosa ni sufro cada vez que se cae. Lo he visto caerse tantas veces y luego levantarse corriendo para volver a montarse a la moto, y van tan protegidos con el mono, casco, guantes? que a lo mejor una caída jugando al fútbol le hace más daño que una en el circuito», asegura.

Las dificultades para estar presentes en el máximo número posible de pruebas son una realidad que les toca afrontar. Son demasiados gastos a la vez. «Siempre estamos esperanzados a que alguien nos quiera ayudar con la mecánica». De hecho, la relación que tienen con otro padre que tiene a su hijo en una categoría superior les supone una ventaja, ya que se ha ofrecido a ayudarlos cuando tienen algún problema de mecánica. Además, a Lyon le han cedido una moto mejor, explica, pero esta familia no puede transportarla porque para eso deberían tener una furgoneta. De momento, su entrenador en Moto School Málaga les hace el favor para los entrenamientos.

Todo son obstáculos. Aunque, de momento, han asistido a todo lo posible para que su hijo compita con los mejores de su edad. Una competición en Badajoz, una en Huelva, dos en Campillos y dos en Málaga capital. Aunque supiera que ya era campeón matemático, suplicó a sus padres para que le dejaran competir en la última prueba. «Yo voy a ir a ganar», sentenció Lyon. Y eso hizo, porque no le gusta perder ni en los entrenamientos. La voracidad y el hambre competitivo no entiende de edades.

Una disciplina con tal sacrificio económico es una traba para que estos pequeños pilotos lleguen lejos en su carrera. No vale solo ganar. «Yo le he dicho que él disfrute el momento», dice Mai, consciente de que quitarle la ilusión a un niño es una misión imposible.

El motociclismo base es «ganar, recibir un trofeo y para tu casa». Así lo resume. La única recompensa para Lyon es sentirse campeón practicando su deporte favorito, sentir algo parecido a lo que siente su gran ídolo, Marc Márquez, pero a pequeña escala. El sabor de la gloria es en este caso gratuito en lo económico, pero al mismo tiempo de valor incalculable para un pequeño ganador que va camino de seguir aumentando su palmarés con solo 8 años de edad y todo el futuro por delante.