«Es el sueño de toda una vida. Conseguir este título mundial después de dos años tan duros ha sido todo un logro. Aún estoy tratando de asimilarlo», manifestó la fuengiroleña Natalia Baldizzone a La Opinión de Málaga, nada más aterrizar en el aeropuerto Pablo Ruiz Picasso.

La patinadora costasoleña ha hecho historia porque ha acabado con una tiranía de 11 años por parte de Italia en al modalidad Sólo Danza del patinaje artístico.

Pero como ella misma explica, España no se colgaba una medalla de oro en el mundial sénior femenino desde el año 1982. «En ningún momento pensamos en alcanzar el primer escalón del podio», relata en plural porque este éxito lo comparte con su madre y entrenadora, Angélica Morales, con quien dio sus primeros pasos como futura patinadora a los 15 meses de vida.

Esta estudiante de tercero de Magisterio demuestra una veteranía como deportista impropia para los 19 años de edad que rezan en su pasaporte. Dos veces campeona de Europa y su modalidad y nuevo estandarte para la Federación Española de Patinaje, sus título parten para ella del amor. «Con trabajo y esfuerzo todos los sueños son posibles. La constancia es muy importante, pero más la pasión por lo que se hace. Hay que amar desde el corazón todo lo que se hace. Si no cuesta mucho más», relata.

Y agrega a este razonamiento otro adicional: «Esto se puede aplicar a todo en la vida, más aún en el deporte. Por este motivo, a aquellas niñas que empiezan ahora les diré que practiquen este deporte, porque es muy bonito y está lleno de emociones. Y es especialmente llamativo para las más pequeñas porque aquí encuentran la música y el baile, con los que disfrutar mucho desde el primer momento».

El objetivo en Paraguay era el de repetir entre las cinco mejores del mundo, como en la anterior cita. Soñaba con el podio, con un cuarto puesto, también. Sin embargo, Natalia se subió a lo más alto sin haber alcanzado los 20 años de edad. Un hito difícil de igualar para futuras generaciones. «Recuerdo que en primer lugar recibí las felicitaciones por parte del equipo y, después, la primera llamada fue a mi padre, que no había podido venir a este campeonato. Fue muy emocionante poder transmitirle lo que había ocurrido y recibir su enhorabuena», matiza con la misma emoción de entonces al pisar Málaga.