Roger Hunt llegó al Liverpool en 1958 sin hacer ningún ruido y se marchó once años después convertido en una absoluta leyenda, en el mejor delantero centro que ha vestido esa camiseta. No se le discute esa condición. Ninguno de los que estuvieron antes que él ni tampoco quienes vinieron detrás fueron capaces de situarse a su altura. Hoy sus récords todavía resultan inalcanzables y en Anfield es fácil ver cada fin de semana alguna pancarta que honra su memoria.

Impensable para alguien que parecía condenado a conducir camiones en la compañía de transportes que había montado su padre. Cuando comenzó a jugar de un modo más o menos serio el trabajo se convirtió en un pequeño inconveniente porque solo podía entrenar dos días a la semana. Por eso el Bury, equipo de las afueras de Manchester, no se decidió a apostar por él. En los años cincuenta estaban en Segunda División y no vieron en aquel rubio corpulento un talento tan grande como para confiar de forma ciega. Hunt hubiese aparcado en ese momento el camión, pero la negativa del Bury a hacerle un contrato profesional apagó muchos de sus sueños para alegría de su padre. Volvió al negocio familiar y el ansia de jugar al fútbol lo satisfacía en el Stockton Health, en la selva del fútbol regional, donde ser delantero era una profesión de riesgo.

Tampoco en esa plaza pudo tener demasiada continuidad porque al inconveniente del trabajo familiar se unió el servicio militar que solo le permitía jugar con el Stockton Health uno de cada tres fines de semana. Cuando le daban permiso. Sin embargo, a Roger Hunt el destino decidió regalarle un golpe de suerte. Un domingo cualquiera, por uno de los pocos partidos que jugaba con el Stockton Health, pasó Bill Jones, antigua leyenda del Liverpool. Era uno de aquellos personajes cuya palabra pesaba en Anfield. Jones habló directamente con el club y les pidió permiso para hacerle una prueba a Hunt en un partido con los reservas del Liverpool. Por entonces no se encontraba en su mejor momento de forma por el efecto que el paso por el ejército había tenido en él, un detalle que no pasó inadvertido en el vestuario de los «reds». Jugó sin resuello, pero aún así anotó un gol. El Liverpool decidió concederle una oportunidad. El club poco o nada tenía que ver con lo que vendría las décadas siguientes. Llevaba mucho tiempo anclado en la Segunda División. Hunt no parecía desentonar para el nivel de exigencia que en ese instante había en el club. Estuvo unos cuantos partidos con los reservas mejorando su estado físico hasta que Phil Taylor, el entrenador del primer equipo, decidió darle una oportunidad.

Para Roger Hunt fue como si se le abriera la puerta del cielo. En el vestuario grande coincidió con Billy Liddell, uno de sus ídolos y personaje esencial en la historia del club. El veterano, consciente de que pronto llegaría el relevo, adoptó al recién llegado y trató de transmitirle su conocimiento y los secretos del oficio de delantero. Roger Hunt acabó por reemplazar a Liddell y, como si fuese consciente de que estaba ante una responsabilidad histórica, su rendimiento no paró de crecer para hacerse con la propiedad de un puesto que nadie se atrevió a discutir los 10 años siguientes.

Y entonces llegó al club Bill Shankly. El nuevo entrenador reunió a la plantilla y les dejó claras las cosas en su mensaje de presentación: «Vamos a conseguir un ascenso, vamos a ganar cosas, vamos a trabajar mucho y si alguien no está interesado ahí tiene la puerta». Durante las semanas siguientes el club comunicó a 24 futbolistas que no continuarían en el Liverpool. Desde que le vio por primera vez Shankly siempre tuvo claro que Hunt sería su delantero.

De la mano del técnico llegaron algunos futbolistas importantes que le aportaron a la plantilla un extra de calidad y competitividad que no tenía. Uno de ellos era otro delantero: Ian St. John. Desde el momento que Shankly le juntó con Hunt la historia del Liverpool cambió para siempre. En su primera temporada juntos (1961-62) el club consiguió el ansiado ascenso a la Primera División gracias en gran medida a los 41 goles en otros tantos partidos que marcó Roger Hunt. Se convirtió de golpe en una de las grandes sensaciones del país hasta el punto que, pese a estar aún en Segunda, Walter Winterbottom le convocó para debutar con la selección inglesa en Wembley contra Austria. Marcó un gol y se ganó su presencia en el Mundial de Chile donde sin embargo no llegó a jugar.

Pero sus días de gloria estaban cerca de llegar. El Liverpool de Shankly supuso una revolución en todos los sentidos. Solo dos años después el club conquistaba de nuevo el título de Liga y recuperaba buena parte de la gloria que había perdido. Un año después llenaron uno de esos huecos vacíos de la historia del club al conseguir el primer título de Copa, una vieja demanda de sus aficionados. Sucedió en 1965 en una final extraordinaria ante el Leeds, el equipo hegemónico de aquel tiempo. Marcaron en la final Roger Hunt e Ian St.John. Shankly no podía ser más feliz. Todo el plan que había trazado años antes se había cumplido. Vino otro título de Liga en 1966 y solo Europa se les resistió. La final perdida de la Recopa ante el Borussia y una dolorosa semifinal de la Copa de Europa ante el Inter fueron los momentos en los que más cerca estuvieron de la gloria continental. Los aficionados del Liverpool le adoraban hasta el punto de llamarle «Sir Roger» muchos años antes de que la Reina le concediese ese título.

A Roger Hunt le quedaba aún un gran episodio por vivir: el Mundial que Inglaterra organizó en 1966. En aquel torneo hubo un momento crucial como fue la lesión de Jimmy Greaves, indiscutible delantero de aquel equipo. En la memoria de algunos aficionados ha germinado la idea de que es Roger Hunt quien ocupa su lugar, pero en absoluto sucede eso. Alf Ramsey da la alternativa a Hurst que acabaría por convertirse en el héroe del torneo con su gol en la final ante Alemania. Pero quien sostiene a Inglaterra durante el torneo son los tres goles de Roger Hunt. De hecho, cuando Greaves se recupera a tiempo para jugar la final el seleccionador mantiene un intenso debate entre alinear a Hurst o a Greaves. Nunca duda de Roger Hunt, principal testigo del polémico gol que concede el título a Inglaterra. El estaba allí, junto a la línea.

Los siguientes años en el Liverpool ya no fueron tan agradables. El equipo se fue gastando. Rozaban los títulos, pero sin premio. En primavera de 1969 Shankly sustituye a Hunt por primera vez en un partido. Este, enfurecido, lanza la camiseta al suelo al paso por el banquillo. Es el comienzo del fin. Unos meses después le llama al despacho y en un tono frío le dice: «El Middlesbrough ha hecho una oferta por usted. Creo que debería aceptarla». La respuesta del delantero fue lacónica: «No estoy interesado». Pero cuatro semanas más tarde acabaría firmando por el Bolton poniendo así el punto final a un tiempo extraordinario. Tres años después volvió a Anfield para un homenaje que obligó a cerrar las puertas del estadio una hora antes por el gentío que quería entrar a presentarle sus respetos. Hunt murió hace un mes convencido de que su récord de 245 goles con el Liverpool en la Premier será intocable. Se marchó solo unas semanas después de que lo hiciese Ian St.John. Incluso para eso se pusieron de acuerdo.