«La realidad ha superado al sueño que he perseguido desde niña. La felicidad es inmensa», relató a este periódico la karateca fuengiroleña María Torres. A sus 24 años de edad, la deportista que estuvo a punto de conseguir el billete para los JJOO de Tokio acaba de hacer historia como flamante campeona del mundo de la modalidad de kumite +68.

Sólo hay antecedentes pero por equipos, según relatan los responsables de la Andaluza de kárate. Y Torres, que ya afronta este curso su segunda carrera universitaria, para poder ser maestra de Primaria, insiste en que permanece «en una nube». Hoy volverá a la Costa del Sol, tras un viaje en AVE que tiene prevista su llegada a las 19.30 horas.

«Gracias a todos por los mensajes de apoyo. Jamás iba a imaginar que os ibais a alegrar tanto por mis éxitos. Eso es lo que me hace más feliz», apuntaba la campeona tras haber doblegado en la final a la egipcia Menna Shaaban Okila. Entre muchos de esos mensajes de apoyo figuraban el de colegiado internacional Juan Carlos García. Este nerjeño fue excepcional testigo en un Mundial «donde por protocolo no podía animar o gritar a su paisana en la final».

«La dificultad que entraña la competición en kumite es la de que el abanico para hacerse con un metal internacional se extiende mucho. Aquí no es como en tenis, que hay una serie de jugadores en la elite que se suelen repartir todos los torneos. Lo que está claro es que para estar entre los primeros hay que entrenar muchísimo», agrega García.

En una disciplina que no alcanza la categoría de deporte profesional, los preparadores indican que María y otros competidores tienen que dedicarle cuatro o cinco horas diarias para alcanzar un triunfo de estas características. «Para nosotros es un orgullo tenerla en ese nivel, habiéndola entrenado desde pequeña», finaliza este árbitro malagueño.

María nació en un entorno donde el kárate era una forma de vida. Es hija de quien fuese campeón europeo de este deporte y que actualmente ocupa uno de los cargos más importantes de la Federación Andaluza de Kárate, Eugenio Torres. Nos atendía también, a punto de volar desde Dubai: «Todo empezó cuando María entró en el gimnasio con tres años. Desde ese momento no ha dejado de entrenar una hora diaria nunca».

«Ya en su primera competición internacional fue tercera del mundo en la categoría júnior. Y no tardó en empezar a sumar éxitos en las Ligas mundiales. Pero luego vino el batacazo del preolímpico. Allí, aunque estuviese muy muy preparada, siempre tienen que alinearse los astros para que tenga un poquito de suerte o quien te juzgue tenga suerte también», añade su progenitor.

Para Eugenio Torres, este Mundial lo ha afrontado María con mucha tranquilidad: «Tenía ganas de revancha, pero con ella misma. Desde el primer combate ella dominaba. Se le ha visto muy solvente en todos los combates. Llegó al más importante, en semifinales, frente a la kazaja Sofya Berultseva, que la había doblegado dos veces, y logró derrotarla».

Y con la plata ya asegurada, su padre relata que no iba a ser nada fácil derrotar a la número 12 del mundo, aunque María se encuentre en la sexta posición, porque también había dos antecedentes en la Liga mundial con triunfos para la egipcia. «Lo habíamos planteado como un combate psicológico, porque las opciones estaban al cincuenta por ciento por esas circunstancias. Y me limité a decirle que fuese ella misma. El subcampeonato del mundo ya estaba asegurado», le expresé.