La pasada semana el presidente ucraniano Volodímir Zelenski, descolgó el teléfono y llamó hecho una furia al presidente del Comité Olímpico Internacional, el alemán Thomas Bachpara recordarle que "184 atletas ucranianos han muerto desde la invasión rusa" y reiteró su exigencia de realizar un "aislamiento total" de Rusia y su aliado Bielorrusia. Todo ello se producía después de que círculos del COI admitiesen que se sopesa la readmisión de los deportes rusos en las competiciones. 

El boxeo abre el camino

De hecho, el pasado 13 de diciembre, la Asociación Mundial de Boxeo, que celebraba su Convención Centenaria en la ciudad estadounidense de Orlando, levantaba el veto a los boxeadores rusos y bielorrusos, convirtiéndose en la primera asociación en reintegrarlos oficialmente. La argumentación esgrimida fue que "los atletas de este país no son soldados ni parte del gobierno, por lo que no tienen nada que ver con la guerra contra Ucrania o cualquier conflicto que se esté llevando a cabo. Sin embargo, se determinó que cualquier boxeador que se pronuncie en favor de la guerra o esté envuelta en ella será excluido inmediatamente". 

Una decisión que confirma que el deporte ha iniciado el camino de la readmisión de los deportistas rusos y bielorrusos en las competiciones, iniciativa que está siendo muy contestada por la comunidad internacional. De momento se estudia ir abriendo la mano a deportistas individuales, que en muchos casos no compiten bajo la bandera rusa. Para muchos tras esta maniobra aparece la presión del Gobierno de Vladímir Putin, que busca ganar visibilidad gracias al poderío de sus atletas, utilizando el deporte como herramienta propagandística. Son numerosos los ejemplos en la historia de regímenes políticos que han utilizado el deporte para dar publicitarse empezando por la Alemania nazi y siguiendo por la Unión Soviética, Alemania Oriental o la China moderna. Pero en este pulso geopolítico que aisla a Rusia, Estados Unidos encuentra una oportunidad para que sus deportistas ganen posiciones ante la ausencia de los rusos, que son, junto a los chinos, sus grandes competidores. 

Muchos sugieren que la relación entre Putin y Thomas Bach, el presidente del Comité Olímpico Internacional, explica esta deriva a la que se suman deportes en los que Rusia tiene mucha influencia como los deportes de inviernos, el esquí sobre hielo, atletismo o boxeo. Algunos, como el exministro de Defensa de Estonia, Indrek Kannik, se ha atrevido a verbalizarlo: "Thomas Bach ha tenido estrecha relación con el presidente Putin durante mucho tiempo. En marzo de 2022 Bach expresó claramente su oposición, pero tiendo a pensar que se debió en gran medida a la presión pública que había tras el inicio de la invasión. Bach juega muy bien este juego, pero no tengo ninguna confianza en él".

Sospechas que se confirmaban cuando el 14 de diciembre el Comité Olímpico de Asia se ofrecía a facilitar la participación de los atletas sancionados en competiciones internacionales en Asia bajo su autoridad. El exjefe de marketing del COI, Michael Payne, revelaba el dilema de Bach a este respecto: "Es probablemente la decisión más difícil que enfrenta Bach en su presidencia. Él y el COI están atrapados entre la espada y la pared. La guerra de Ucrania ha durado mucho más de lo esperado, pero la postura del COI no ha sido un ablandamiento. Su verdadera razón de ser es usar el deporte como una plataforma unificadora, quizás la única, y mantener unido al mundo. Es una evolución pragmática en una situación casi sin salida".

Para Kannik, "la razón por la que este tipo de especulación surge constantemente no se debe a que los órganos de gobierno de las organizaciones deportivas en muchas naciones sean corruptos, sino a que están fuertemente influenciados por superpotencias totalitarias. No estoy hablando solo de Rusia, sino también China. La influencia de estos países en las organizaciones deportivas es enorme, y probablemente también estén tratando de usarlos como un medio para influir en otras organizaciones internacionales también".

Entre las federaciones que han sugerido la posibilidad de reintegrar a estos deportistas aparece la Federación Internacional de Esquí y Snowboard (FIS), en la que su secretario general, Michel Vion, insinuó en septiembre que Rusia y Bielorrusia podrían regresar a las competencias internacionales, sugiriendo que competirían sin su bandera e himno nacional a partir de diciembre. Sin embargo, la reunión del Consejo en octubre aprobó "continuar con su política de no permitir que los equipos y atletas rusos y bielorrusos participen en todas las competiciones de la FIS". Algo que no esconde que el documento oficial de la FIS para la temporada 2023 de la Copa del Mundo de Cross-Country, contemplase que estuviese Rusia con seis atletas masculinos y femeninos y Bielorrusia con tres por cada género. 

Ante esta posibilidad, las federaciones escandinavas se posicionaron contrarias a ello. Además, la Federación de Finlandia y la de Noruega pidieron conjuntamente que se prohibiera la participación de representantes de Rusia y Bielorrusia en reuniones de la FIS, después de que se les permitiera asistir a las reuniones de otoño. Noruega llegó a boicotear las sesiones en las que estaba Rusia, mientras Finlandia no lo hizo por temor a la creciente influencia de Rusia y Bielorrusia. Y esquiadoras como la sueca Maja Dahlqvist, triple medallista de Beijing 2022, amenazaron con boicotear el Campeonato Mundial de Esquí Nórdico de 2023 si participan.

El judo realizará en enero una evaluación sobre la posible reintegración de los judokas rusos y bielorrusos, lo que provocaría una salida de los ucranianos del circuito a modo de protesta. Y en el fútbol, la FIFA, otra organización que ha protagonizado numerosos casos de corrupción, como el COI, se negó a emitir un mensaje de Zelenski antes de la final del Mundial de Catar, aunque el veto, por ahora, sigue firme para la selección rusa y sus clubes.