El Atlético despachó su partido más cómodo de la temporada a horas de disputar un derbi copero con el Real Madrid con aroma a final. El duelo ante el Valladolid lo resolvió en diez minutos desatando su potencial ofensivo ante un rival que no cumplió las expectativas, ni las de su entrenador ni las del Cholo, que esperaba un adversario feroz. Y en el trámite, un protagonista: Antoine Griezmann Lopes.

En esta temporada tan extraña en el Atlético, con idas y venidas de jugadores y probaturas en la pizarra de Simeone, ante el Valladolid el Cholo eligió una propuesta digna de Guardiola o Xavi, apostando por generar superioridad en el mediocampo poblándolo de jugadores de buen pie como Correa, Marcos Llorente, Koke, Lemar y GriezmannAdemás de reconvertir inteligentemente a Witsel en central para sacar la pelota desde el fondo. Síntoma de su idea de someter por dentro a este audaz Valladolid de Pacheta al que le sobra determinación e identidad futbolística, justo de lo que ha adolecida hasta ahora el Atlético. El Pucela saltó al Metropolitano con tres centrales, uno debutante, para empujar a sus laterales al medio y conectar con los dos puntas, pocos equipos los ponen lejos de su campo. En la medular comparecieron en inferioridad Plano, Aguado y Kike Pérez, que se fueron diluyendo ante el empuje colchonero.

Después de un inicio efervescente de los rojiblancos, el plan de Simeone comenzó a tomar cuerpo a los 18 minutos. El primer zarpazo llegó con un pase interior de Koke a Griezmann, quien prolongó de primeras de tacón al área, donde apareció Morata con la zurda cargada para descerrajar al portero. Pero en el último momento recortó, rompiendo la cintura a a El Yamiq y marcando con sutileza con la derecha. Un gol hijo de la magia de Antoine y la delicadeza del 9.

El Valladolid se desfondó

El gol desató a los atléticos, que se volcaron sobre el área de Masip, llegando el segundo seis minutos después cuando Griezmann se asomó al primer palo para rematar de tacón a la red. La pizarra de Simeone brillaba gracias al francés, que a la espalda de Morata mejora todo lo que toca. El tercero, con el Valladolid descompuesto, no tardó en llegar. Un centro en un balón parado, otra vez de Griezmann, lo remachó a la red Hermoso. Hasta el Cholo brincaba de alegría en la banda, donde Depay le observaba desde el banquillo. 

Resuelto el partido al descanso, en la segunda mitad los rojiblancos congelaron el choque ante el obligado empuje visitante. La mala noticia fue la sustitución de Marcos Llorente tocado, algo que podría complicar su presencia en el derbi del jueves. Más allá de ese contratiempo, el Valladolid afiló sus bandas con Fresneda y Plata, movimiento que no terminó de dar los resultados esperados por Pacheta. Y en medio de esa intrascendencia, salvando un disparo de Correa que pegó en los dos palos, destacó el debut de Depay, jugador que a priori tiene poco que ver con el fútbol sudoroso y aguerrido del cholismo. Salvo que Simeone incida en la apuesta por acumular merodeadores de área con pie fino. Sea cual sea la apuesta, El Principito la liderará. Porque con Griezmann todo es de color de rosa en el Atlético.