Ciclismo
Pogacar comienza 2026 tal como acabó 2025: a lo grande
Enorme victoria del fenómeno esloveno en la Strade Bianche tras atacar a 79 kilómetros de la meta y ganar por delante del portento francés Paul Seixas y de su compañero mexicano Isaac del Toro.

Tadej Pogacar celebra la victoria en la plaza del Campo de Siena. / GIRO DE ITALIA
El nombre de Tadeo -Tadej, en esloveno- proviene del arameo y significa valiente o audaz. Pero si se acompaña del apellido, en este caso Pogacar, la valentía y la audacia ciclista lo transforman en un ser inmenso e inalcanzable cuando rueda subido a una bicicleta, ¿pedalea o vuela? He aquí la cuestión.
2026, ciclísticamente hablando y centrado en exclusiva con la figura de Pogacar, empezó tal como acabó 2025, a lo grande; llegar, correr y vencer, en Italia, en Lombardía (octubre del año pasado) o la Toscana, mes de marzo, a un salto de la primavera. Da igual que por el camino se encuentre las cuestas cercanas a Bérgamo o los camino sin asfalto alrededor de Siena; entre ellos, la subida al Monte de Santa María, donde atacó, desde tan lejos que ni siquiera se veían las colinas que conducen hasta la plaza del Campo, con bicicletas y no con caballos.

Tadej Pogacar, en el momento de su ataque. / GIRO DE ITALIA
Sí, Pogacar ya está aquí. Han pasado cinco meses desde la última actuación ciclista; el mundo está peor, todo hay que decirlo y no parece, por desgracia, que vaya a mejorar mientras él gana carreras. Pero la única diferencia que se aprecia entre el Pogacar de octubre y el de marzo es que ha aparecido un poco más rubio, por aquello de los tintes de las peluquerías. Nada más. Viste la misma publicidad, lleva el jersey arcoíris que lo identifica como campeón del mundo, rueda con una bici italiana, un director español y encandila a todos los aficionados que se sitúan sobre los parajes sin asfalto de la Toscana profunda.
Así, debutó en el año ciclista de 2026 y demostró que está igual de fuerte que hace unos meses porque quizá, más fornido, sería imposible. Superar lo insuperable no está ni al alcance de Pogacar. Fue a la Strade Bianche, orgullosa por sus sectores sin asfalto y el famosísimo ‘sterrato’ italiano, conocido en el mundo entero. Y ganó, aunque no hubiese dudas, tal cual había hecho en 2025, 2024 y en 2022. Si en 2023 venció Thomas Pidcock fue simplemente porque el fenómeno esloveno no participó.
Si en 2024 había ganado con un ataque a 80 kilómetros de la meta esta vez perdonó unos pocos metros. Destrozó la prueba a 79 de la plaza del Campo de Siena y desde allí volvió a escenificar una obra en solitario. Él delante y los demás jugándose el pellejo para ver quién acababa segundo (Paul Seixas, un portento francés de 19 años profundamente admirado ya en su país donde lo van convirtiendo en un nuevo Bernard Hinault) y qué corredor llegaba en la tercera posición (nada menos que su compañero mexicano Isaac del Toro).
Hasta se entretuvo para sonreír y mirar a la cámara dando a entender que él también sufría por el cansancio de rodar más de 200 kilómetros a 42,6 por hora. Entró en la ciudad histórica de Siena rodeado de banderas, de público entregado, de los que querían volver a demostrar que deseaban disfrutar de su arte ciclista, los que lo añoraban, los que se comieron y digirieron el turrón, los que sufren por la guerra y los que tan sólo quieren vivir en paz viendo a Pogacar convertido en un mito viviente sobre una bicicleta. Siguiente parada: Milán-San Remo, sábado 21 de marzo.
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