06 de diciembre de 2020
06.12.2020
La Opinión de Málaga
Entrevista | Consejero de Borges y fundador de Ship2B

Xavi Pont: "Empresa y Estado han de resolver juntos los retos sociales"

El consejero de Borges crea una gestora con Repsol y Banco Sabadell que invertirá 40 millones de euros en proyectos de impacto

06.12.2020 | 09:40
Xavi Pont, consejero de la marca Borges.

Xavi Pont (Tàrrega, 1972) pertenece a la cuarta generación de la familia dueña del grupo Borges, el gigante de los frutos secos que factura más de 690 millones de euros y está presente en 116 países, con once fábricas y 1.100 empleados. Pont dejó la empresa familiar, aunque es accionista y consejero, y fundó Ship2B, aceleradora de proyectos de economía de impacto (aquellos que a través de una actividad económica contribuyen a generar un impacto social o medioambiental positivo).

Hace ocho años de la creación de Ship2B. Sí y estoy muy satisfecho. "Pese a mi formación y mis raíces empresariales, siempre fui una persona muy inquieta, activista y con interés en la psicología". Como dice, "hace ocho años descubrí la economía de impacto, que me permitía unir los dos mundos y que empezaba a despertar en Inglaterra, Canadá, Estados Unidos y los países nórdicos".

Ya no bastaba con un capitalismo donde la empresa generaba la riqueza y el Estado la repartía. Era necesario el capitalismo 2.0, un nuevo sistema que ya no funciona sobre la base de maximizar el valor al accionista, sino que tiene en cuenta, al mismo nivel, a la sociedad y al planeta. "En esta línea trabajamos emprendedores sociales, inversores, gestoras tradicionales de capital riesgo, fondos de pensiones, grandes fundaciones, empresas clásicas y el sector público".

¿Cómo cohabitan estos agentes tan dispares?
Se ha producido una confluencia entre el sector público y la filantropía de las grandes fundaciones, con instrumentos como la financiación combinada o los bonos de impacto social. Son maneras creativas de resolver problemas sociales de manera conjunta. Pero solamente con las aportaciones de ONGs y del Estado, no lo conseguiremos. La empresa y el Estado han de trabajar juntos. Esto es lo que busca la economía de impacto, que no tiene color político y que funciona tanto en estados liberales como en estados sociales. Viene a complementar, no a sustituir. El objetivo es movilizar dinero y talento hacia los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas. Se necesitan 30 billones de euros en los próximos 10 años. Los únicos que pueden conseguir esos fondos son los grandes empresarios y los mayores actores del sector financiero, como BlackRock, Goldman Sachs, La Caixa o Banco Sabadell, entre otros.

¿Es creíble que todos estos actores están trabajando en la misma dirección y comprometidos con el bienestar de la sociedad?
Esa es la gran pregunta y sus dudas son lógicas. ¿Lo creemos de verdad o estamos ante una operación más de impact washing, una nueva pincelada de cosmética de cara a la galería? Como dice Antoni Brufau, la clave de esto está en que lo que no se mide no renta. Tenemos que conseguir parámetros comparables de medición de impacto, avalados y homologados a nivel internacional. Le diría que hasta hace falta una nueva contabilidad, unos principios de contabilidad ponderados por impacto que todas las empresas puedan seguir. Solo cuando tengamos esos parámetros de medición claros y homogéneos, la economía de impacto será creíble del todo. Mientras no estén, nos podrán seguir vendiendo la moto, porque todo el mundo tiene maneras muy inteligentes de vestir su traje. Pero soy optimista. En este 2020 se nos han manifestado de manera abrupta el cambio climático y el Covid. Ha sido un año de impacto. Si no nos lo creemos ahora, ¿cuándo lo haremos? Además, no existe ninguna organización que no pueda encararse hacia el impacto. Aquí no sobra nadie. Es verdad que hay organizaciones que realizan malas prácticas sociales y medioambientales, y deben ser denunciadas. Pero estas grandes empresas también pueden cambiar desde dentro y hay que saberlas acompañar, sin que nos vendan humo. No podemos tolerar el impact washing que a veces practican, pero, al mismo tiempo, hay que tender la mano para que se unan al cambio. Las dos cosas a la vez. Esto no va de buenos y malos. Esto no va de ideología. Esto no va de apuntar con el dedo y ponerse siempre en el lado de los míos. Esto va de remar todos juntos en la misma dirección.

¿Se puede entonces ganar dinero operando en la economía de impacto?
Se puede y se debe. Recuerde que el fenómeno de la inversión de impacto es aún tierno, pero el mercado se ha doblado en volumen cada año desde el 2017. Hoy en día la inversión de impacto representa casi 1 billón de dólares en un mercado financiero que mueve 379 billones, por tanto, aún queda mucho camino por recorrer. Hay que multiplicar esa cifra por treinta. Si no somos capaces de crear un historial demostrado y creíble de la triple rentabilidad, existe el riesgo de que se genere una cierta burbuja en este mundo. Tenemos que generar ese historial de rentabilidad creíble. En nuestro caso, en Ship2B, trabajamos con dos variantes, una de beneficios intangibles, donde intentamos formar, sensibilizar e inspirar en torno a la economía de impacto. Pero también necesitamos una segunda, la que nos permite obtener resultados tangibles. Si no los tuviéramos, tarde o temprano, crecería el riesgo de una burbuja.

¿Cómo se consiguen esos beneficios tangibles?
Para conseguir esos beneficios tangibles, hay que buscar el impacto en lo que es tu negocio nuclear. No dar ayudas a proyectos sociales, sino hacer impacto en lo que es tu actividad principal, en lo que es tu ADN. Si estás en la actividad de prótesis dentales, genera el impacto en tu campo. Hay mucho por hacer. No te pongas a solucionar otros problemas que no tienen que ver contigo. Centra el tiro en lo que eres bueno. Además, el sector público debe primar a estas empresas que generan impacto. Es la filosofía del bien común. Quien gana más, tiene que tener más. Y al que no actúa así, se le debe penalizar.

En este contexto, ¿qué ha aportado Ship2B?
De momento, hemos acelerado más de 170 startup. También hemos acompañado a 30 grandes corporaciones (como Sabadell, Repsol o DKV,) en su viaje hacia el impacto. Trabajamos como asesoría e identificamos qué oportunidades tienen ellos para realizar ese proceso hacia el impacto desde el punto de vista del negocio. Además, hemos acompañado a 42 entidades sociales, que tienen proyectos de innovación y que quieren ser sostenibles. Sin olvidar que tenemos un vehículo propio con 4,5 millones que hemos invertido en 23 start-up. Gracias a esos 4,5 millones hemos movilizado más de 40 millones de euros. Ahora damos el salto y lanzamos la nueva gestora Ship2B Ventures, con Sabadell y la Fundación Repsol como socios inversores del nuevo fondo que constituirá Ship2B Ventures y que nacerá con entre 30 y 40 millones de euros.

¿A qué se destinarán estos recursos?
Nuestro objetivo es invertir en proyectos de emprendimiento que operen en torno a tres grandes retos: colectivos vulnerables, cambio climático y fracaso escolar. Además, hemos conseguido que emprendedores como Carlota Pi (Holaluz) y Óscar Pierre (Glovo) se impliquen con nosotros en la gestora para ayudarnos a hacer escalar los proyectos en los que invertiremos, que serán entre 20 y 25. Respaldaremos estas compañías estando presente en el capital durante cinco años. Tomaremos participaciones a partir de 250.000 euros, con un máximo de tres millones. Acompañaremos a los gestores. Elegimos bien los proyectos, aportamos mucho valor y al cabo de un tiempo salimos. Estamos muy cómodos con Sabadell y Repsol como socios. Ellos apuestan por el impacto y en el caso de la petrolera ha lanzado un fondo propio que invierte en transición energética y en colectivos vulnerables. A los dos les encaja acompañarnos en ese viaje.

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