Primero la pandemia. Luego la crisis de suministros. Y este año la guerra. La actividad económica no ha vuelto a ser igual desde que arrancó la crisis planetaria hace casi tres años. Europa ha tenido que enfrentarse a una verdad incómoda: su posición internacional es muy vulnerable a actores extranjeros. En el mejor de los casos, son simples competidores con acuerdos ocasionales con el Viejo Continente; en el peor, son auténticos rivales.

El desequilibrio entre la oferta y la demanda tras la reapertura de las economías, unido a un contexto internacional complejo debido a la guerra, ha llevado a que la mayor parte de los planes y perspectivas de crecimiento se hayan tenido que tirar a la papelera. Pocas veces la palabra “incertidumbre” había acaparado tantos titulares. Las perspectivas para 2023 siguen marcadas por las dudas y el miedo a una recesión o a una estanflación.

EL PERIÓDICO DE ESPAÑA, del grupo Prensa Ibérica, organizó una jornada con la que arrojar luz al futuro de la economía nacional. Bajo el título Perspectivas 2023: Desafíos en clave económica, el evento contó con las voces de destacados economistas que trataron de tomarle el pulso a las principales coordenadas en un encuentro patrocinado por CaixaBank y celebrado en el Espacio Bertelsmann, en Madrid.

Crecimiento

Enfriamiento, pero no recesión. Esa es la idea general que se desprende de la mesa de expertos celebrada en el encuentro. “El futuro es menos alentador de lo que hemos vivido. Ya empezamos a ver la desaceleración de la economía en el tercer trimestre y continuará en los próximos”, pronosticó Luciana Taft, consultora del área de Economía y Mercados de Analistas Financieros Internacionales (AFI). “Anticipamos un crecimiento medio del 1% para España el año que viene”, aseguró José Ramón Díez, director de Economía y Mercados Internacionales de CaixaBank Research.

La mesa de expertos aun así resaltó que se debe tener cuidado. “La economía española es la que peor se ha recuperado. Todas las demás han vuelto a niveles precovid, excepto la nuestra”, explicó Pablo Gil Gómez, economista, experto en Finanzas y Mercados y analista jefe de XTB España y Latinoamérica. “El índice de confianza del consumidor ha caído 24 puntos y las perspectivas no son buenas. Va a haber inflación elevada durante mucho tiempo”, indicó Juan Carlos Higueras, analista económico y financiero y profesor en EAE Business School.

Inflación

El principal problema que afronta la economía y que está siendo un quebradero de cabeza para los Gobiernos es la crisis de suministros, particularmente los productos energéticos, que han conducido a una reacción en cadena de subidas de precios en todos los mercados y han puesto sobre la mesa el problema de la inflación en una economía europea aletargada tras tantos años de bajos niveles de IPC y tipos de interés al 0%.

El desequilibrio entre oferta y demanda de los últimos 24 meses explica buena parte de la subida de precios. Ese desajuste empieza a moderarse”, señaló Díez. “Los precios no están bajando, sino que se están acumulando. La inflación subyacente se mantendrá los próximos dos años”, apuntó Higueras.

Pablo Gil planteó que hemos creado “un monstruo de la inflación” y que sus consecuencias las viviremos a lo largo del año que viene: “el problema de 2023 no está en lo que va a venir, sino en lo que ya hemos hecho. Nos hemos tomado los cinco chupitos de tequila”.

A lo largo de este año, los bancos centrales de las principales economías del mundo han acometido importantes subidas de los tipos de interés como manera de contener la inflación galopante. Encareciendo el precio del dinero y, por tanto, la financiación, los supervisores buscan enfriar la economía y reducir los precios. Esto es lo que se denomina política monetaria.

No obstante, la otra política económica que puede ayudar a contener los precios es la fiscal, acometida por los Gobiernos, mediante incrementos o reducciones de las transferencias y los impuestos. “¿Por qué hay que dejar al BCE como único soldado al frente de la lucha contra la inflación? La política fiscal sigue siendo expansiva”, destacó Rafael Pampillón, catedrático emérito de Economía Aplicada de la Universidad CEU-San Pablo y profesor en el IE Business School. “Hay que deshacer este exceso fiscal el año que viene”, secundó Taft. “Cuanta más política fiscal me hagas tú, más política monetaria haré yo. El caso extremo es Reino Unido”, agregó la experta de AFI.

Empleo

El mayor miedo de la inflación es que derive en una larga recesión económica. “Tenemos unos bancos centrales que se creen con la obligación de evitar la recesión a cualquier precio; las recesiones son cíclicas”, denunció Gil. No obstante, la situación no parece de momento tan preocupante. “Hay una recesión cuando se produce una caída generalizada en muchísimos sectores durante mucho tiempo con destrucción de empleo. Si no hay destrucción de empleo, no hay recesión”, explicó José Ramón Díez. El especialista de CaixaBank señaló que, con un crecimiento del 1%, no habrá destrucción de empleo, sino que “nos quedaremos planos”. “La estructura del mercado de trabajo es totalmente diferente; lo que empezamos a detectar en España es que se necesitan profesionales que no se encuentran”, agregó.

En caso de que se llegara a recesión, igualmente los expertos muestran una opinión optimista. “El mercado laboral se va a resentir, pero será una consecuencia de la situación actual”, indicó Gil. “El empleo es una variable que va siempre con retraso, ya que lo último que haces es despedir a la gente”, razonó Taft.

Aunque se mantenga el empleo, una grave preocupación de los ciudadanos es la diferencia entre los salarios y el coste de vida. “Seguimos teniendo empleos tan precarios que no permiten a las familias tomar decisiones para el futuro. Si a esto le sumas la inflación, se van a vaciar los bolsillos de los consumidores”, señaló Higueras.

Por otro lado, Pampillón reflexionó sobre la divergencia del mercado laboral. Actualmente hay registrados casi tres millones de parados; sin embargo, muchas empresas tienen dificultades para encontrar mano de obra. “Hay que hacer cambios en la educación para ajustar el mercado laboral”, aseguró.

Deuda

La principal herencia de la crisis financiera de hace más de una década, además de urbanizaciones fantasma a los pies de muchas carreteras, es la abultada deuda pública que el Estado no consigue mitigar. Actualmente, representa el 116% del PIB. “Cada ciudadano debe unos 83.000 euros”, ilustró Higueras.

Cifra que no deja de engordar, ya que las Administraciones son incapaces de cerrar el déficit, que en 2021 fue de 82.000 millones de euros. “¿Hasta qué punto es preocupante? Hasta el punto de que el BCE lo compre o no”, ironizó Pampillón. “Los Gobiernos, tanto este como los anteriores, están acostumbrados a gastar más de lo que ingresan”, señaló Gil.

Una situación de recesión con los niveles tan altos de deuda y con las Administraciones exhaustas financieramente tras aplicar las medidas de contención del coronavirus puede ser peligrosa. Máxime cuando las tendencias de los inversores están cambiando. “Nos vamos a meter en los próximos años en un entorno fiscal muy diferente. Los mercados piden que la política sea más ajustada”, pronosticó José Ramón Díez.

La deuda es de todos nosotros”, indicó Gil. “Y de nuestros hijos, nietos y bisnietos. Parece que nunca hay que pagarla”, apostilló Higueras. “En un mundo en el que actualmente la deuda global ya supone el 350% del PIB planetario, me surge la duda de si no estaremos viviendo por encima de nuestras posibilidades”, añadió Gil.

Mientras que la deuda pública afronta sus horas más bajas, la privada se encuentra en plena forma. “La deuda privada de empresas y familias se ha reducido de manera espectacular en 20-30 puntos del PIB. Y llevamos, sin contar este año, con una década con superávit por cuenta corriente”, explicó Díez. “Se viene un año complicado. Pero el aumento de los intereses para pagar las hipotecas coge a las familias en una situación buena. Por otro lado, no tenemos grandes burbujas que nos lleven a una desestabilización, como en el pasado”, indicó Taft.

Recuperación rápida

La jornada celebrada en el Espacio Bertelsmann contó con la participación de Elena Aparici, directora general de Política Económica del Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital, quien arrojó algunas de las claves del Gobierno para modernizar la economía en el cierre del encuentro.

Elena Aparici, directora general de Política Económica. Jorge Zorrilla

Tras el comienzo de la crisis sanitaria provocada por el coronavirus, el club comunitario estableció un plan Marshall “a la europea” con el que modernizar dos áreas fundamentales de la economía: la digitalización y la transición ecológica. El objetivo es garantizar la soberanía tecnológica y energética del continente. A España le corresponden 140.000 millones de euros de los fondos Next Generation, que se dividen en una parte en transferencias a fondo perdido y otra en créditos.

“Las medidas directas de la pandemia tienen un impacto a corto plazo. Sin embargo, con la reformas estructurales se corregirán los desajustes”, señaló Aparici. Para obtener la aprobación de Europa, Moncloa presentó el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, una estrategia con la que modificar la economía de España. “Sabíamos las palancas que había que tocar: mejorar la productividad, el capital humano, el capital social y el dinamismo empresarial”, indicó.

Aparici anunció la preocupación del Gobierno por la inflación subyacente: “Está tomando el relevo del peso que tenía la energía. Esperamos que los precios de las materias primas sigan reduciéndose y se consiga reconducir la inflación”.

Ante la lentitud de la recuperación española frente a sus socios, la directora general señaló que el foco debe estar en el largo plazo: “Se ha puesto la atención en que hay que recuperarse rápido y transformar la economía. Todas las reformas estructurales están destinadas a corregir los riesgos macroeconómicos y seguir siendo competitivos”.

Aparici puso de ejemplo el fuerte dinamismo del mercado de trabajo: “hay más de 20 millones de trabajadores ocupados, 23 millones de activos y hemos bajado de la barrera de los tres millones de desempleados. La tasa de paro juvenil sigue en mínimos”.

La cabeza de la Política Económica del Ministerio destacó que, entre los planes de inversión, los PERTE son una herramienta útil para movilizar recursos públicos y privados que incentiven la modernización de la economía: “contamos con unas grandes infraestructuras, pero hace falta darle un impulso a todo lo demás para digitalizar la economía”.