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Especial Colegios Profesionales

Más presión y complejidad: el día a día del economista en un marco normativo saturado

"La formación continua se convierte en un elemento imprescindible para ejercer la profesión con solvencia"

Manuel Méndez de Castro, decano del Colegio de Economistas de Málaga

Manuel Méndez de Castro, decano del Colegio de Economistas de Málaga / L.O.

Manuel Méndez de Castro (decano del Colegio de Economistas de Málaga)

Desde la planificación fiscal o financiera, pasando por la auditoría, los estudios de mercado, la valoración de empresas o la intervención en el sector público, hay una constante que define nuestra labor: los economistas tomamos decisiones en condiciones de incertidumbre y con recursos limitados, buscando siempre un equilibrio entre el beneficio económico y la responsabilidad social.

En un entorno saturado de información -y también de desinformación- actuamos como filtro, aportando datos objetivos, detectando tendencias y transformando la incertidumbre en riesgos calculables para facilitar decisiones más sólidas, ya sea en empresas, administraciones públicas o entre los propios ciudadanos.

A esta complejidad inherente a los mercados y a la geopolítica se suman factores que dificultan aún más nuestro trabajo. La hiperactividad legislativa y la inseguridad jurídica se han convertido en dos de los mayores desafíos para la profesión. El ritmo de publicación de normas en los distintos niveles de la administración -local, autonómico, estatal y europeo- alcanza cifras que hace apenas unos años habrían parecido impensables. Esta avalancha normativa afecta a todas las empresas, pero golpea con especial intensidad a las pequeñas, que representan el 98% del tejido empresarial español y generan casi el 65% del empleo. Para ellas, la necesidad de actualizarse constantemente y de interpretar normas cada vez más complejas supone un esfuerzo desproporcionado.

La seguridad jurídica, entendida como la certeza sobre las consecuencias de nuestros actos u omisiones, se ha visto erosionada por textos legales ambiguos, técnicamente deficientes o redactados con escasa precisión. Esto nos deja a los profesionales expuestos a interpretaciones cambiantes por parte de la administración o de los tribunales. En ámbitos como el fiscal, la responsabilidad es enorme: un cambio de criterio aplicado con efectos retroactivos puede convertir una planificación impecable en un error involuntario, deteriorando la confianza del cliente y situándonos en posiciones difíciles frente a la administración.

A ello se suma una presión creciente en nuestro día a día. Los plazos se acortan, la interpretación de las normas se vuelve más incierta y la duplicidad -e incluso contradicción- de requisitos regulatorios incrementa la complejidad de cada decisión. Este entorno exige precisión, capacidad de adaptación y un esfuerzo constante por descifrar un marco normativo que crece más rápido de lo que se ordena.

En este contexto, la formación continua se convierte en un elemento imprescindible para ejercer con solvencia. La velocidad a la que evolucionan las normas y la sofisticación técnica de los procedimientos requieren profesionales en permanente actualización. Aquí, el papel de los Colegios Profesionales es fundamental: garantizan estándares formativos de calidad, promueven la actualización constante de sus colegiados y actúan como una referencia sólida que aporta seguridad, criterio y respaldo en un entorno cada vez más exigente.

Manuel Méndez de Castro, decano del Colegio de Economistas de Málaga

Manuel Méndez de Castro, decano del Colegio de Economistas de Málaga / L.O.

Además, los colegios profesionales no solo ofrecen formación, sino también asesoramiento especializado y apoyo directo en el ejercicio diario de la actividad. Facilitan la interpretación de las normas, promueven buenas prácticas, acompañan a los economistas en la resolución de dudas complejas y sirven de puente entre la profesión, la administración y la sociedad. Su labor refuerza la confianza en nuestro trabajo y asegura que los profesionales dispongan de los recursos necesarios para afrontar los retos actuales.

A pesar de todas estas dificultades, la profesión económica mantiene intacta su capacidad para convertir la incertidumbre en oportunidades. Nuestro enfoque técnico, combinado con una visión social y un juicio ético que ninguna inteligencia artificial puede replicar, contribuye de manera decisiva al desarrollo económico y, en última instancia, a la mejora del bienestar de los ciudadanos.

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