Con el nuevo sistema de etiquetado Nutriscore España se sumaría a Francia, que ya lo implementó, y a Bélgica y Alemania, que anunciaron a la Comisión Europea su deseo de ponerlo en marcha. Verde oscuro, verde claro, amarillo, naranja y rojo son los colores que se usarán en el etiquetado junto a las letras: A, B, C, D y E. Pero, ¿cómo funciona y en qué se basan sus mediciones? Nutriscore se expresa mediante una banda de colores, funcionando como un semáforo, que indica de forma clara y precisa el valor nutricional del alimento envasado. Su algoritmo tiene en cuenta tanto los ingredientes saludables como la fruta y verdura, la fibra o las proteínas, como los que hay que evitar un consumo excesivo, esto es, grasas saturadas, azúcares o sal. Es decir, el producto se clasifica del verde oscuro con la letra A, como el más saludable, al rojo con la letra E, de mucho menos interés nutricional. Otra ventaja de este etiquetado es que los cálculos se hacen por cada 100 gr o en ml y no por ración como habitualmente se hacían y que estará en el frontal de los envases. Máxima visibilidad.

La intención con este semáforo nutricional, según el Ministerio de Consumo, es que el usuario pueda comparar el producto con otros de igual categoría, pudiendo hacer la elección más saludable para su cesta de la compra de un solo vistazo. Así, con este simple gesto, se pretende contribuir a la salud y de paso que pueda servir de revulsivo para las grandes industrias alimentarias, responsables de la mayoría de los procesados, para que sus productos sean más sanos. Sin embargo, no hay que confundirlo con el semáforo de colores propios que han diseñado empresas como Coca-Cola, Mondelez, Nestlé, Pepsico y Unilever, según indicó Efe en 2008, cuando se produjo el primer anuncio de dicho sistema.

Sin embargo, hay que señalar que el sistema no será obligatorio, por lo que se va a convivir con diferentes etiquetados. Según señaló el Ministerio de Consumo en un comunicado en junio en 2020: «Es voluntario para las empresas que decidan establecerlo, a falta de que la normativa europea decida sobre su obligatoriedad. La decisión de implementarlo en España supondrá que el país forme parte del grupo, junto a Francia y Alemania, que lidera una posición en Europa favorable a establecer un sistema vinculante y accesible para todas las personas».

Entonces, ¿dónde lo encontraremos? Según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), defensora de este sistema, quedarán exentos del semáforo de Nutriscore los siguientes productos: Los frescos como carnes, pescados, frutas, verduras y legumbres; los que sólo contengan un ingrediente como el vinagre o la miel (salvo que estén procesados); el café, el té y las infusiones; los alimentos suministrados directamente por el fabricante o tiendas de minoristas, como los platos preparados; las bebidas alcohólicas y los alimentos que se venden en envases de menos de 25 cm2. En esta última categoría sí se ha generado controversia, ya que en ella se incluyen productos como chocolatinas, chucherías o barritas de cereales.

Pero no es la única polémica generada. Entre los detractores estaba el sector del aceite de oliva ya que dicho semáforo lo posicionaba en la misma categoría que el resto de aceites vegetales como el de colza o nuez. Es decir, le otorga una C, justo en el centro del semáforo. Un color amarillo, que para los portavoces del sector desvirtúa las ya sabidas bondades de la grasa del aceite de oliva. Por ello, desde el Ministerio de Consumo en este mes de febrero se ha dado marcha atrás, excluyéndolo de Nutriscore.

Según la OCU, este sistema penaliza calorías, grasas, sal y azúcares, pero solo se muestra la valoración nutricional global. Por ello, esta organización propone mejoras al sistema como aplicar el código de color también al cuadro de información nutricional detallada, lo que podría identificar fácilmente dónde se encuentra el exceso.

Otra propuesta de la OCU es incluir en Nutriscore aditivos y edulcorantes que hasta ahora se ignoran. Paradójicamente para Nutriscore es igual un vaso de leche que un refresco sin azúcar, al obtener la misma clasificación verde claro (B), al no tener en cuenta los edulcorantes y el ultraprocesado, según indica la OCU en una de sus publicaciones. Con la propuesta de esta entidad el refresco pasaría a D, dejando la leche en una posición más saludable y eliminando la posible confusión al consumidor.