He aquí, cuando los vinos blancos y rosados toman mayor protagonismo en el consumo habitual con respecto a otras estaciones del año. Ensaladas, pescados, arroces y vegetales son platos perfectos a la hora de hacernos un maridaje de verano y, por qué no, de sorprender a algún invitado en esas noches interminables de cenas de terraza en casa.

En Málaga estamos de suerte. En los últimos años la provincia está destacando por tener una excelente producción de vinos blancos y por sacar al mercado vinos rosados con una acogida que cada vez es mayor por parte de los consumidores. Vinos versátiles y expresivos, con buena relación entre la calidad y el precio, que atesoran premios importantes en concurso internacionales de prestigio y donde las bodegas han dado gran protagonismo en sus elaboraciones a variedades autóctonas como la Moscatel de Alejandría y la Pedro Ximén para los blancos o la Romé para la producción de rosados.

Los vinos blancos y rosados están amparados por la DO Sierras de Málaga. El Consejo Regulador del Vino Málaga, Sierras de Málaga y Pasas de Málaga los cataloga como vinos «tranquilos» con un contenido alcohólico que está entre los 10 y 15,5 grados para los vinos blancos y entre los 11 y 15,5 grados para los rosados.

Las variedades más utilizadas para hacer vinos blancos malagueños en las distintas zonas de producción que se reparten por la provincia son la Moscatel de Alejandría (Axarquía), Moscatel Morisco (Manilva) y la Pedro Ximénez (Montes de Málaga y Zona Norte), y la menos habituales son, entre otras, la Doradilla, con una producción pequeña que se da en la zona de Mollina, y la Viogner, que actualmente se da en Ronda con una producción también pequeña. En cuanto a los rosados, las bodegas malagueñas se han decantado por variedades como la Merlot, la Garnacha, la Syrah o la Romé, que es una variedad que da poca intensidad cromática a los rosados y solo se da en Málaga y en la zona de Alhama (Granada). Esta variedad está cogiendo protagonismo en los últimos años por aportar a los vinos notas distintas y únicas.

La excelencia de los vinos blancos y rosados malagueños se deja ver en la gran cantidad de premios de prestigio con las que han sido distinguidas numerosas bodegas de la provincia. Cabe destacar como dato que uno de estos vinos blancos premiados, de Bodega Cortijo La Fuente (Mollina), está elaborado con crianza biológica bajo velo de flor, es decir, que se trata de un vino cuya crianza es similar a la de un fino, lo que viene a refrendar la gran diversidad de vinos de nuestra provincia de la que podemos disfrutar sin tener que recurrir a otras denominaciones de origen.

Peculiaridades

Es muy importante destacar a la hora de consumir estos vinos que la producción es de km0. «El consumidor debe concienciarse de que está favoreciendo y colaborando con productores cercanos al pedir un vino de Málaga, con todo lo que eso significa para un territorio», afirma José Manuel Moreno Ferreiro, secretario del Consejo Regulador de las Denominaciones de Origen Málaga, Sierras de Málaga y Pasas de Málaga. «Tanto los blancos como los rosados malagueños son vinos frescos, ácidos, de una gran expresión varietal y fragancia gracias a las alturas del terreno. En definitiva, vinos muy apropiados para esta época del año», asegura. Moreno Ferreiro destaca, igualmente, la posibilidad de indagar en un gran abanico de posibilidades dentro de este segmento de vinos, es decir, que hay blancos y rosados malagueños para todos los gustos. «No se trata de productos planos, todo lo contrario, nuestros vinos tienen muchas expresiones gracias a la complejidad de los suelos donde se cultivan», asegura.

En estas mismas características coincide Jesús María Claros, formador de Vinos de Málaga y Premio Puerta Nueva a la difusión de los vinos malagueños. Para él, la peculiaridad de los vinos blancos y rosados que se elaboran en nuestra provincia «está en las grandes cualidades de sus variedades», de las que destaca la variedad Moscatel de Alejandría que se da, principalmente en la comarca de la Axarquía. «Los vinos de Málaga elaborados con esta variedad son únicos, tanto por el territorio donde se cultiva la uva, como por venir de pequeñas producciones. Destacan por su acidez y mineralidad y por su esencia mediterránea. Otras uvas foráneas, como es el caso de la Viogner, también se han adaptado muy bien a nuestro territorio y están dando grandes vinos blancos», afirma.

¿Y cómo hacemos un buen maridaje con estos vinos? Claros nos recomienda maridar los blancos con un buen ‘pescaíto frito’ de la bahía, con alguna ensaladilla de verano (de pimientos, cateta…) y, por supuesto, con un buen espeto de sardinas cerca del mar. Para los rosados, nada mejor que ensaladas de pasta, arroces, pescados o un gazpacho. «En nuestros vinos está muy reflejado el paisaje de Málaga y, aunque bien es cierto que nos van a gustar en cualquier lugar, también es recomendable disfrutarlos alguna vez en el entorno en el que se elaboran para comprender mejor su expresividad y conocer el territorio donde se dan», señala.

¿Sabías qué...?

  • La uva Romé es la protagonista de algunos rosados malagueños y es una variedad que solo se da en nuestra provincia.
  • La variedad Moscatel de Alejandría es la única uva que sirve para elaborar vino, comer en mesa o hacerla pasa.
  • Los vinos blancos y rosados de Málaga son muy expresivos y maridan a la perfección con platos mediterráneos.
  • Son vinos con carácter y consumirlos nos permite conocer mejor la historia de nuestra tierra.

Mercado

Tanto el consumo de vinos blancos como el de rosados aumenta de forma exponencial en Málaga en la temporada estival gracias a la llegada de turistas internacionales, que suelen estar más familiarizados con estos vinos, un hecho que se vio mermado por la pandemia, pero que poco a poco vuelve a ser una realidad. Según apunta Daniel Marín, director comercial de Bodegas Excelencia, «el malagueño es más estacional en el consumo de vinos, sin embargo, no beber siempre lo mismo y conocer las producciones de proximidad es muy recomendable y una buena opción para descubrir nuevas referencias».

Para hacer un consumo de estos vinos con todas las garantías, Marín aconseja servirlos con su temperatura óptima, entre 6 y 8 ºC, máximo 10. «Mejor si han sido bien enfriados antes del servicio y es necesario tener una cubitera a mano que nos permita que el vino no coja temperatura. Así lo vamos a disfrutar en todo su esplendor».

«Nuestros vinos blancos y rosados son muy diferenciadores con respecto a los de otras denominaciones de origen, y lo es por la variedad de uva. En nuestra bodega, por ejemplo, elaboramos blanco con Moscatel Morisco, con grandes matices salinos y aromáticos, mientras que para el rosado usamos la variedad Cabernet Franc, obteniendo un vino de color pálido, pero de sabor intenso, con mucho cuerpo y matices. Son, en definitiva, vinos con carácter», asegura.