01 de noviembre de 2019
01.11.2019
La Opinión de Málaga
10-N

Albert Rivera promete "un paraíso para los emprendedores y un infierno para los chorizos"

A su paso por Málaga, el líder de Cs habló del sueño español y se imaginó, aunque no precisó los socios, gobernando en una coalición, que con la lógica y su opinión en la mano es la única fórmula posible para salir del desbloqueo del que culpa a Pedro Sánchez

01.11.2019 | 13:26
Albert Rivera promete "un paraíso para los emprendedores y un infierno para los chorizos"
Albert Rivera.

Minutos antes de que los relojes acariciasen el mediodía, la cafetería del malagueño hotel Barceló se prestó a ser envuelta por un bullicio que destilaba marcados tonos naranjas. En los improvisados mentideros, hubo quien con sentido del humor recordó que, de un tiempo a esta parte, a la gente de la piel de toro le ha dado por conocer a los dirigentes, afiliados y simpatizantes de Ciudadanos evocando el plural de la mascota del Mundial 82.

"Los Naranjitos, jeje", espetaban algunos a la vez que otros tampoco perdían la sonrisa -a mala encuesta, buena cara- y ya en la sala del mitin mostraban o se enfundaban sin pudor camisetas blancas con una grafía anaranjada en la que se leía: " Liberales ibéricos ". Moraleja o impertinente recordatorio: los naranjitos son liberales ibéricos y sin complejos desde que un político de la competencia -inquilino en funciones de La Moncloa, para más señas, les colgó con mala intención la etiqueta y Albert Rivera y varias dirigentes más se hicieron con ella un video y una camiseta. Lo que hasta ahora nadie ha hecho es catalogar la denominación de tales ibéricos. De bellota o de recebo? Quién sabe ahora mismo. En política, la calidad del producto sale en muchas ocasiones de las urnas.

Con estas inquietudes en el aire, las manecillas del tiempo llegaron al momento fijado -la antigua hora del Ángelus- y luego atravesaron unos cuantos minutos más. Mientras entre la prensa se hacían apuestas sobre la demora con la que irrumpiría Albert Rivera, en el establecimiento hotelero ya había quedado constancia de la presencia de aquella plana alta naranja del Gobierno andaluz que no vive en Málaga. El vicepresidente de la Junta, Juan Marín, o el consejero de Economía Rogelio Velasco ya estaban preparados. Y eso significaba que la demora no sería tanta como se aventuraba.

A las 12.16 empezaron a sonar los aplausos y la música -is simply the best- para que, tras bajar el volumen del tocadiscos para subirselo al de los gritos de presidente, emergiera desde la nube de fotógrafos un culé oriundo de la Axarquía malagueña que se llama casi igual que aquel lateral del Real Madrid. Alberto Carlos en lugar de Roberto Carlos. Alberto Carlos Rivera. O, dicho como se debe, Albert Rivera acompañado por el núcleo duro del equipo económico de su partido. Por María Muñiz, que mezcló Brexit con cava. Por Marcos de Quinto, que era más de Coca Cola y descorchó la botella con un irónico "a Pedro Sánchez no se le puede echar la culpa de todo". O por un Luis Garicano que no ha permitido que el camino hasta la misma urbe mediterránea críe hierbas y, tras los churros y las cañas del lunes, estaba de vuelta por aquella ciudad a la que, con el motor rugiendo o gripado, tantos le llaman la capital económica de Andalucía.

Tras el extenso debate previo y los elogios de Garicano a la política económica andaluza, el líder del "partido de los autónomos" y de la 'España en marcha', Albert Rivera, tomó la palabra presidente de un ataque de chovinismo malaguita: "Se me ve un poco el plumero, he empezado en Málaga".

Albert Rivera apeló a que todos los que se encontraban en la sala "quieren cambiar España". Y dicho esto, atacó a las políticas educativas y económicas del bipartidismo y se cebó con los socialistas que convirtieron " Andalucía en el paraíso de los chorizos y en el infierno de los emprendedores, pero a partir de ahora será el paraíso de los emprendedores y el infierno de los chorizos".

Es más, Rivera prometió esta dicotomía paraíso-infierno para toda España: "Hemos venido a cambiar las cosas, no vamos a decir que hay de lo mismo sino que hay de lo nuestro para todo el país", proclamó.



El candidato naranja a la presidencia del Gobierno insistió en la necesidad de emprender en todo el país reformas económicas " como las de Andalucía " y abogó por adaptarse a los nuevos mercados y oportunidades laborales que representan iniciativas de nuevo cuño como las que proponen Glovo o Cabify.

"No podemos esperar que se adapten a ello Pedro Sánchez o Susana Díaz. Los huesos de Franco no pueden esperar, pero la sentencia del Ere sí porque no se puede dictar sentencia en campaña, estoy deseando ver en cuántos años de cárcel se traduce", vino a decir antes de reiterar que " ahora los andaluces tienen a la Junta de su lado".

Con el 10-N en el horizonte, Albert Rivera habló del "sueño español" y se imaginó, aunque no precisó los socios, gobernando en una coalición, que con la lógica y su opinión en la mano es la única fórmula posible para salir del desbloqueo del que culpa a Pedro Sánchez.

"En la vida PP y PSOE harían una coalición porque estaba por delante el rojo o el azul que ser español; pero ahora sí, hasta en eso ha innovado Ciudadanos, ahora está por delante ser español", añadio Rivera hasta que un grito unánime de Sí se puede le interrumpió. Luego, él lo retomó dirigiéndose a sus familiares del municipio malagueño de Cutar que estaban en el público y evocó las penurias que su madre vivió al llegar a Cataluña hasta prosperar a base de trabajo. Rivera estaba de vuelta en una geografía a la que llamó "mi tierra".



Estaba en la Ciudad del Paraíso a la que le cantó la poesía de Vicente Aleixandre y allí se aferró a la promesa de "un paraíso para los emprendedores", aunque resultara redundante. Pero ahí no se quedó. Un paraíso para los emprendedores y un infierno para los chorizos. La promesa de Rivera era doble.

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