Rafael Prado, último propietario del mítico Café Central, situado en la Plaza de la Constitución, y desgraciadamente cerrado el pasado día 9 de enero tras un diglo de actividad, será el abanderado de la Feria de Málaga 2022.

La asociación de comerciantes del Centro Histórico, encargada de tomar esta decisión, califica al emprendendor malagueño como «un referente empresarial que lleva a Málaga por bandera». «Por eso y por otras miles de cosas la Junta Directiva del Centro Histórico ha elegido a Rafael Prado como abanderado de este año», afirmó Juanibel Vera, presidenta de la asociación en el acto que tuvo lugar hace dos semanas en el consistorio malagueño.

Rafael Prado aseguró en ese mismo acto que el nombramiento le había pillado por absoluta sorpresa. «Esto me ha llegado de repente y directamente al corazón». Asimismo, Prado confesó que «con este nombramiento me siento como teniente general de los ejércitos malagueños de la alegría». Y es sobre esa alegría sobre la que afirma el empresario que se tienen que desarrollar la romería y la feria de Málaga. «Lo que tiene que predominar durante la Feria es la alegría y la música y eso es lo que pretendo trasmitir como abanderado», aseguró.

Rafael Prado será el encargado de portar la bandera oficial de Málaga en la Romería que se celebra el primer sábado de Feria (13 de agosto) y que hace un recorrido hasta el Santuario de la Victoria, dónde se realizará una ofrenda floral a la patrona de Málaga. En ella, el abanderado estará acompañado en el trayecto hasta el santuario por caballistas, carruajes y multitud de vecinos que rinden homenaje de este modo a la patrona de la capital.

Rafael Prado es hijo de José Prado Crespo, quien en 1954 inauguró el Café Central en la céntrica plaza de José Antonio Primo de Rivera (hoy Plaza de la Constitución). Fue en estos años cuando José inventó la peculiar forma de pedir el café en Málaga. La historia se remonta a la cruda y larga época de posguerra en nuestra ciudad, en la que obtener ciertas materias primas era muy complicado como era el caso del café. Por aquel entonces, José Prado trabajaba sin parar detrás de la barra y veía cómo cliente tras cliente tenía que o bien tirar café, o bien, volver a hacer otro para adaptarse a los gustos de los mismos, lo que significaba todo un derroche. Tras mucho pensar se puso manos a la obra para poner orden en los gustos de sus clientes. Su intención no era otra que hacer un cartel en el que se identificasen cada uno de los gustos que veía tras la barra. En su intento llegó a completar un total de 9 denominaciones, desde el solo hasta la nube, pero como no le cuadraban para hacer un cartel con dos filas, (necesitaba dos hileras con cinco cafés) continuó buscando uno más. Preguntó a clientes y conocidos hasta que uno de sus empleados le dijo: «Don José, ¿menos que una nube?... pues para eso no se lo ponga», y dicho y hecho, José decidió incorporar esta gracia al mosaico de los cafés que lució tantos años en el Café Central.