A cualquier malagueño que se precie se le pone la carne de gallina cuando escucha el tintineo de los cascabeles al paso de los caballos, engalanados con flores de colores en la romería a la Basílica de la Victoria, primer acto que lleva la Feria de Málaga 2022 a la calle. 

A la espalda del Ayuntamiento de Málaga, pasados pocos minutos de las 10, ya hay un grupo de mujeres que representan a las distintas generaciones de malagueñas. Con un traje blanco de lunares negros, sin mangas, para aguantar el tirón de los 31 grados que ya hacen, una chica joven se recoloca la bandera que lleva en el pelo. Son dos flores, una verde y otra morada, los colores de la ciudad de Málaga que hoy inaugura su tan esperada feria después de dos años "en barbecho". 

Mientras tanto, en la portada del consistorio ya se arrejuntan los representantes políticos de los grupos municipales. Hoy esos colores no son los que importan.  Con todos ellos dispuestos en las escaleras, luciendo sus trajes, suenan el himno de Andalucía y el de España a manos de la Banda Municipal de Música. Estas instrumentales son las teloneras para un espectáculo de malagueñas y verdiales que no tarda en comenzar. La admiración es de todos y no sólo por el arte con el que se mueven, si no también por llevar leotardos en pleno agosto. 

Una mujer de mediana edad, con fajín negro, camisa blanca y falda oscura canta:  "De Málaga la bella no quisiste na', cuando vayas a Marbella te vas a enterar". 

El entorno del ayuntamiento está abarrotado por locales y turistas. Es entonces cuando aparece la duda: "¿Qué distingue a una malagueña sobre las demás?" Es la expresión de picardía y de confianza, son las manos con cierta tensión, pero no temblorosas, es el pie derecho un poco adelantado y en punta, es el porte.  El mismo que llevan las mujeres que ahora se encargan de llevar a los caballos en la comitiva que precede a los carruajes: La flor perfectamente colocada sobre la cabeza, "tiesa", como dirían nuestras abuelas, y el torso muy recto. La comitiva la forman corceles de todos los tonos y justo uno de los jinetes llama la atención sobre los demás, pues va como un bandolero, con su pañuelo de colores en la cabeza, aquel que protagonizaba la leyenda de la Virgen de la Cofradía de Zamarrilla. 

El primero de los coches de caballos, como ya es tradición, va ocupado por el alcalde Francisco de la Torre, quien esta ocasión va acompañado por la concejala Teresa Porras y el abanderado de este año, Rafael Prado, dueño del mítico Café Central. 

Una postal de recuerdo

Poco a poco se va formando la postal de recuerdo. Un conjunto de escenas que recuerdan a lo que era la feria, una celebración de la comida, el Cartojal, las castañuelas y las zapatillas de esparto. "Parece que corre una mijita de aire", dice una mujer al paso de los más de 30 coches de caballo por la calle Atarazanas. 

Mientras tanto, en la esquina que dobla por la zapatería Martín Luque suena: "Ay que te como y te como, que hay que te voy a comer". A más de uno y de una seguro que le anima a arrancarse por sevillanas... o por malagueñas.

La marcha continúa hacia Carretería en su camino hacia la ofrenda floral para la Virgen de la Victoria. Un paseo en el que parece el primer desfile de la moda flamenca de la temporada, que este año, para cuestión de algunos se basa en mangas largas. Son muchas las que aún así, se resisten a sucumbir a ser una "fashion victim".

Las ganas de Feria, tras dos años de frustración, se nota a cada paso en el Centro. Paloma, de 16 años, lo tiene claro: "Lo que más me apetece es ir al Real, porque es el primer año que puedo salir así sola, con más libertad". Eso sí, Paloma apuesta por vestir de flamenca: "Me visto desde chiquitita, este vestido lo repito de la última vez, el año que viene lo jubilo".

Mónica y Silvia tampoco dudan sobre sus ganas de Feria en cuanto se le pregunta: "No ni ná, aquí estábamos desde las 9 y media de la mañana. Ganas de beber, de bailar, llevamos dos años en barbecho".

Con la llegada al Santuario de la Victoria, y mientras comienza la misa en honor a la Patrona, las sombras que dan los árboles se llenan: "El año que viene nos vamos a venir en bikini", defiende una mujer rubia. Es en el interior de la capilla donde se crea un ambiente de celebración, al son de las melodías de las componentes del Coro Aire Andaluz. Concluyen con un: "Nunca nos abandones, Virgen de la Victoria".