Todo lo que hace María Peláe proviene del sentío, de su tremenda fuerza, su chispa e ingenio y sus ganas de mover a los demás. Su pregón de la Feria de Málaga no podía ser de otra manera, porque ella no puede ser nunca de otra manera. Y enhebró un texto (con canción de regalo, compuesta un par de días antes) con tanto de reivindicación del ADN malagueño, como de su árbol genealógico y de reivindicación popular de ser como somos sobre todo en estos tiempos difíciles que seguimos atravesando. Por cierto, fue el primer pregón celebrado en el Cortijo de Torres el Sábado de Feria.

Hecha un manojo de nervios («Voy a intentar mantenerme firme, que estoy más blandita que el salchichón de Málaga y que un mollete antequerano», confesó), La Peláe empezó por el principio, por su familia. «Si a mí me hicieran una prueba genética de antepasados, sería algo así como una versión malaguita de Ocho apellidos vascos…. Allá por el paleolítico, mi primer gen, fijo que se encontraba en un boquerón, y seguro que en vinagre, o mucho mejor al limón». Y empezaron a desfilar por sus palabras esa Maruja «que lavaba la ropa a los marineros para sacar adelante a 7 hijos», y también su abuelo, Pepito El de las colchas («En plena Calle Nueva, vendía lo que hiciera falta pa llevar a sus hijas a la Peña Juan Breva») y luego, esa Málaga, que es La Peláe. En sus palabras: «Soy del Colegio Europa cuando veían los de Los Olivos a hacernos la peseta, soy del Fútbol Femenino Malagueño y soy La Bombonera, soy Torremolinos y su libre Nogalera, soy el Metro por abajo que termina siendo por arriba y el romano que sale cada vez que picamos una piedra, soy el mollete de pringá en El Pimpi y el arró de la venta El Túnel con la pandereta de nuestros verdiales en la oreja. Soy cada una de las teterías donde empecé a cantar, soy La Botica de calle Cañón, soy la que pone mala cara de Despeñaperros para arriba si una sardina es muy grande o tiene la cabeza muy negra. Soy la lagrima saltá leyendo a María Zambrano, el sombrero quitado frente a Victoria Kent y los pelos de punta ante un lienzo de Picasso, la mano en el pecho por Blas Infante y sus andaluces levantaos, el al ataqueerr de nuestro Chiquito, el aplauso a Pepa Flores, la Repompa y el Chaqueta, Ángel de Álora, el Niño las Mora y la Cañeta. Soy el guarrito taladrando tu paré, la shorraera del aguapark y la avispa que no te dejaba comé!».

El escenario que acogió el pregón de María Peláe GREGORIO MARRERO

María lleva doce años en Madrid, fuera de Málaga, pero la lleva por bandera con orgullo: «Si vinieran los extraterrestres, que por lo que veo es de lo poquito que nos falta que suceda, id cogiendo hueco para la sombrilla en la playa porque os digo que seguro vienen a parar a Málaga, ¡y esta gente son unos fieras!».

Y luego la cantante quiso brindar por «todo lo aguantado» estos dos años, que resumió así: «Aguantamos la crisis, la pandemia y una cuarentena de más de cuarenta días, la precariedad en la sanidad, que a base de aplausos y palmadas no se come pishita mía, aguantamos los besos distantes, las pantallas rotas, el cinismo de la OTAN; la gasolina, la luz, las peleas políticas y ya no sé cuantas variantes, aguantamos como quien aguanta una vela que tiene ya el cirio torcido... Y encima después de todo lo vivido, aguantamos ver que en vez de vernos más cerca hay quienes nos quieren ver distantes. Chicos, chicas, chiques, hasta aquí hemos llegado. ¡Díganme si no nos merecemos celebrarlo!».

María Peláe elogió el carácter abierto y plural de la Feria de Málaga: «Aquí no se pide la cartilla, aquí todo el mundo es bienvenido, te guste el flamenco, el rap, el reguetón o la marimorena, que si esta Feria se caracteriza por algo es por tener las puertas bien abiertas». Eso sí, un toque a los de siempre: «Si te crees un fiera, dueño de otros cuerpos y estás calado del patriarcado hasta la médula, hay un puñado de malagueñas que lo que quieren es gozar libremente de su Feria, y no les vas a dar la noche o la vida porque tú quieras, así que tú, sí, tú, ya sabes donde queda la puerta».