Echándose una foto en la calle Larios, comprando un imán para la nevera o "having a break" en un banquito frente a la Casa Mira. Estas son algunas de las situaciones más típicas en las que encontramos a los turistas extranjeros durante la Feria de Málaga. La mayoría de ellos han venido a pasar sus vacaciones a la Costa del Sol y se han topado, "con suerte", con la celebración de la fiesta más esperada y colorida del año.

Este es el caso de Anne y su novio, una pareja de Budapest (Hungría): "Estamos visitando Málaga y nos hemos encontrado con la feria. Normalmente vamos a Fuengirola, solemos ir todos los años". La Feria de día les parece "emocionante", aunque también creen que "la música está un poquito alta al principio", hasta que te acostumbras. La pareja húngara se encontraba precisamente en la calle Larios degustando uno de los manjares más malagueños: las almendras garrapiñadas.

La comida es sin duda uno de los mayores reclamos de los visitantes, aunque desde luego el folclore no se queda atrás. Maurice, de Países Bajos, está por primera vez en Málaga con su mujer y sus hijos, aunque ya le atraía el flamenco, baile que conoció en sus viajes a Granada y Córdoba: "Hemos venido por la feria pero también para visitar Málaga. Yo he estado ya en Córdoba y en Granada dos o tres veces pero nunca había estado aquí (...). Nos gusta la música, es auténtica".

Eso sí, tienen muy claro que prefieren no probar a bailar: "No nos gusta cuando los turistas se ponen a bailar. 'No lo hagáis, mirad a los españoles que lo hacen perfectamente y de manera espontánea'. Nosotros preferimos verlo". De hecho, Jessica, una de las empleadas de la Oficina de Turismo que se sitúa junto a la Alcazaba, asegura que los espectáculos de flamenco son los más pedidos por los turistas.

"A ellos les encantan los shows de flamenco, te preguntan qué se suele hacer por ser la feria. Verdiales, coplas, flamenco, les intentamos explicar que cada uno es un tipo de danza pero que todo es parte del folclore malagueño", señala la trabajadora.

En la Feria, también se han vuelto un pilar esencial las zonas con actividades para los más pequeños. Jessica explica que "son muchas las familias con muchos niños que han venido preguntando por una zona infantil", por lo que considera que la programación de la Plaza de la Merced, 'La Feria Mágica', "es muy apropiada".

Los niños y adolescentes son habitualmente los que más se sumergen en las tradiciones populares, haciéndolas suyas. Así, desde la calle Santa María, cerca de la Iglesia del Sagrario, se observa una escena que, con casi total seguridad, se da a diario: Una niña que no para de saltar pidiendo a su madre, en inglés, que le compre uno de los típicos trajes de gitana rojos que se muestran en los percheros de las tiendas de souvenirs.

En un negocio cercano, Tobbias y Elisabeth, dos jóvenes que no llegan a la treintena y que proceden de Bélgica, se paran a mirar las flores de colores y los pendientes de varios expositores. Piensan que han tenido "mucha suerte" de haberse topado con la celebración de la Feria: "Es muy colorida y muy alegre, aunque solo llevamos aquí 10 minutos".

Los monumentos no se quedan atrás

Los monumentos y museos de la capital malagueña siguen teniendo 'mucho tirón', a pesar de las atracciones que ofrece la Feria, tanto en el centro como en el Real. "Hemos venido aquí sobre todo por las iglesias, me interesan mucho, y también queremos probar la comida típica española". Siylas es un chico belga, apasionado de la historia del arte, que opina que las fiestas son "fascinantes": "Muy bonito, mucha música, mucha gente vestida con ropa tradicional". Asegura que en Bélgica ninguna de sus tradiciones se asemeja a esta, aunque narra que en los pueblecitos que colidan con la capital, Bruselas, sí que se celebran algunos eventos donde hay "mucha comida y mucha bebida, pero no tanto baile".

En un día como hoy, donde el Puerto de Málaga se ha llenado de cruceros, las calles del centro histórico están a rebosar. Es constante el tráfico de grupos de visitantes acompañados por guías que señalan a uno y otro lado a cada rato. En concreto, uno de ellos, en la Plaza de la Aduana parece estar concluyendo su recorrido. Dice en inglés: "La próxima vez tenéis que ver en marzo o abril para ver las procesiones". Es por eso que advierte: "Debéis reservar con antelación, mínimo dos meses". Se despide del 'grupo 33' moviendo, de lado a lado, una raqueta de playa.