La fiesta en el Cortijo de Torres
Mucho calor y precios altos, pero nadie puede con el Real
El Cortijo de Torres supone para muchos la alternativa de una Feria, la del Centro, que ha dado la espalda a los malagueños y sus tradiciones
Pero el Real no es un refugio idílico, ni mucho menos: exprimir los días y las noches tiene un coste importante en varios sentidos

Tres visitantes en el Real de la Feria de Málaga. / álex zea

Farolillos, abanicos de miles de formas y colores, sombreros, flores y sintonías que envuelven el ambiente: sí, un agosto más el Cortijo de Torres viste sus mejores galas intentando estar a la altura de la gran fiesta de la Costa del Sol. Intentemos aprehender la esencia del Real este 2025 en una serie de apuntes al natural.
El calor
En medio de una ola de calor, es difícil cumplir las exigencias estéticas del Real. Sólo las malagueñas más valientes se atreven, y con su flor y los labios pintados, salen a pasear por el engalanado Cortijo de Torres. «Esto es lo que hay, y por un día pasar calor no pasa nada, una vez que ya lo llevas puesto no es para tanto», nos confiesa una de ellas. Y las más veteranas hacen gala de, eso, su veteranía: «Yo me visto desde que tengo uso de razón», nos dice otra malagueña de pro. Y lno hay ola de calor que pueda con ellas.
Aunque casi, casi sí puede con uno de los oficios más presentes en el Real, el de los relaciones públicas, jóvenes malagueños y malagueñas pasan las tardes y los días recorriendo las calles del Real, invitando a los más rezagados a pasar un momento de disfrute, comida o de un buen baile. «Lo que menos me gusta de todo esto es el calor, los toldos no están bien puestos», expresa una de las trabajadoras de la zona.

Una calle del Real, abarrotada. / Eduardo Nieto
Feria en el Real o en el Centro
Bastantes de los asiduos de los mediodías y tardes del Cortijo de Torres son refugiados, exiliados de la Feria del Centro, una fiesta que ya no reconocen como propia: «Han hecho de la Feria del Centro un botellón, hay que volver a la Feria de los años 90», nos dice una de las consultadas.
Una opinión en la que muchos coinciden, tanto jóvenes como adultos: «Allí la fiesta acaba a las seis de la tarde y después de eso muchos lo que hacen es irse de discotecas, y eso no es la esencia de la Feria de Málaga».
La mayoría de los visitantes del Cortijo de Torres apuestan por un festejo de tradición, de verdiales, conciertos y arte, una Feria «que se viva en las calles y que no se base solo en beber y hacer botellón».
El Real es la ubicación ideal para muchos de los foráneos y autóctonos, que buscan un tardeo, aquellos que visitan la Feria con niños o familiares o quienes se visten de flamenca; todos ellos apuestan por una Feria de albero y casetas.
Los precios de la Feria
Pero el Cortijo de Torres no es la tierra de Oz. Especialmente, el listado de precios sorprende por lo elevado un año más a los malagueños y visitantes; todos esperan una festividad repleta de compañía, y buena comida, pero ir a consumir allí cada vez es más complicado. Un campero por 19.50 euros en La Canasta o un tomate aliñado por 7 euros en una peña. Por no hablar de las tarifas de las atracciones para los más pequeños de la casa. Unas cifras que imposibilitan el disfrute de muchos malagueños. «Cada vez es más caro bajar aquí, es inviable», nos dicen sobre el terreno. Bastante terminan haciendo el esfuerzo económico pero si la inflación de la Feria prosigue a este nivel avisan de que pronto prescindirán de asistir al Real.

Colas para entrar en una caseta del Real. / Eduardo Nieto
La otra cara del festejo
Para que los malagueños y visitantes, los que se lo puedan permitir, disfruten de mediodías, tardes, noches y madrugadas inolvidables en el Cortijo de Torres hay una pléyade de trabajadores que sudan de lo lindo (y no sólo por las intensas temperaturas que se resisten a abandonarnos): camareros, cocineros, los citados relaciones públicas, feriantes... Y aunque durante esta semana la carga de trabajo es inmensa, la ilusión y la sonrisa no se borran de esas caras que esperan todo el año la llegada de agosto. «No encuentro nada malo en trabajar en la Feria del Cortijo de Torres, yo estoy muy bien aquí, la gente está feliz y disfrutando»,nos cuenta un joven que venido desde Ibiza para ejercer como camarero en una de las casetas del Real.
Para otros el cansancio acumulado empieza a pesar, y mucho, aunque siempre hay fuerzas para bailar al son del arte malagueño. «Estamos aquí desde por la mañana temprano hasta que llega la noche, pero siempre con ganas», ha comentado Octavio, uno de los socios de la caseta Casa Canalla. Ése es el espíritu.
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