Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Toros

David Galán pone el mejor Sabor a Málaga en una tarde de emotiva despedida y triste retirada

El fuengiroleño corta dos orejas y sale a hombros por la puerta de cuadrillas; Maripaz Vega dice adiós a La Malagueta con un trofeo y José Antonio Lavado sorprende al cortarse la coleta tras el sexto de una interesante corrida de Lagunajanda

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Daniel Herrera

Daniel Herrera

Málaga

La tarde tenía nombre propio antes de empezar, Sabor a Málaga, y terminó encontrando más de uno. Maripaz Vega se despedía de La Malagueta, David Galán regresaba once años después y José Antonio Lavado afrontaba apenas su segunda corrida de toros desde la alternativa. Tres toreros malagueños y un encierro de Lagunajanda, con dos ejemplares de nota, dieron contenido a la primera corrida de toros de la Feria. El triunfo mayor fue para Galán, que cortó una oreja de cada uno de sus oponentes y salió a hombros por la puerta de cuadrillas; Maripaz paseó otra en una despedida cargada de simbolismo y Lavado dejó en el sexto sus mejores pasajes antes de protagonizar la imagen más inesperada: cortar simbólicamente su coleta.

Maripaz Vega, en La Malagueta

Maripaz Vega, en La Malagueta / Álex Zea

La despedida de Maripaz Vega

Había algo de círculo que se cerraba cuando Maripaz Vega hizo el último paseíllo de su carrera en Málaga. Treinta y cinco años después de su debut de luces, la niña de El Palo que quiso ser torera volvía al albero en el que se formó y construyó tantos sueños. Antes de que saltara el primero, la Diputación le entregó una biznaga de manos de su vicepresidente Manuel Marmolejo, con el empresario Alberto García como testigo de la escena. Después habló el toreo. Lo recibió con una larga cambiada de rodillas, declaración de intenciones. El toro, noble pero justo de fuerzas, permitió que apareciera su concepto artístico.

Mientras sonaba el nuevo pasodoble ‘La Malagueta’, Maripaz templó y llevó cosida la embestida. Elegante y ceremoniosa, dejó un cambio de mano dentro de un circular de enorme belleza y lo remató con un pase de pecho que hizo crujir el tendido. Hubo incluso un apuro junto a tablas, cuando el toro la apretó, sin romper el hilo de una faena serena. La estocada, algo caída, desató una petición rotunda. La oreja tuvo peso propio, sin nostalgia ni paisanaje.

El cuarto, serio y cuajado, no permitió un cierre a la misma altura. Protestado por su debilidad de los cuartos traseros, terminó defendiéndose con violentos derrotes. Maripaz apenas encontró materia sobre la que construir. El estoconazo, arriba, tuvo algo de rúbrica. Después llegó una ovación que ya no pertenecía al toro sino a una trayectoria de perseverancia y lucha, desde aquella histórica alternativa de 1997 hasta una carrera que encontró en América grandes reconocimientos, incluida la puerta grande de la Monumental de México. La vuelta al ruedo y aquel beso al albero fueron la verdadera despedida.

Un momento de la actuación de David Galán en La Malagueta

Un momento de la actuación de David Galán en La Malagueta / Álex Zea

El dueño de la tarde: David Galán

David Galán terminó adueñándose taurina y numéricamente de la tarde. También recibió con una larga cambiada al segundo y continuó a la verónica para rematar con chicuelina y revolera. La faena empezó con un brindis al cielo. Mientras la banda interpretaba el toque de oración, recordó a su padre, Antonio José Galán, ausente desde hace veinticinco años. Luego se fue a los medios, dejó llegar de lejos a ‘Triguero’ y se lo cambió por la espalda. El toro respondió con bravura, alegría y transmisión. Galán le bajó la mano y lo exigió, aunque tuvo la inteligencia de templar el pulso cuando comprendió que aquella embestida había que administrarla. De esa combinación de raza y madurez nació una faena con hondura, desde el inicio vibrante hasta las manoletinas finales. Un pinchazo previo a la estocada y la necesidad del descabello enfriaron algo el desenlace, pero no impidieron una oreja que certificaba un regreso de peso once años después de su último paseíllo en La Malagueta.

El quinto planteó otra batalla. Un toro de imponente presencia que obligó a Galán a tirar de oficio y carácter. Brindó a su hija Vera y comenzó doblándose con él, rodilla en tierra, antes de dejarle la muleta puesta por el pitón derecho. Por ahí construyó una faena de poder. Por el izquierdo, el animal soltaba un violento derrote al final de cada viaje y acompañaba su comportamiento con miradas incómodas. Galán no volvió la cara. Fue imponiendo su mando y terminó metiéndose entre los pitones cuando la obra pedía exposición. La estocada fue fulminante y la oreja completó una tarde importante. Se pidió la segunda, que no llegó, pero las dos sumadas le abrieron la puerta de cuadrillas para una salida a hombros que engrandecía su regreso.

Lavado, en un momento de su actuación

Lavado, en un momento de su actuación / Álex Zea

José Antonio Lavado, ante una gran oportunidad

José Antonio Lavado comparecía ante una de esas oportunidades que pueden marcar una carrera. El tercero conservó la nobleza de Lagunajanda, pero careció de la entrega y transmisión de sus hermanos. El torero de Benamocarra puso voluntad, aunque el trasteo nunca terminó de despegar.

Fue en el sexto donde apareció el Lavado más reconocible. Se estiró a la verónica y, después de brindar a su mujer y a su hijo, plantó la muleta en la cara del toro y comenzó a exigirle por abajo. El animal tenía un excelente pitón derecho y el malagueño encontró ahí tandas de interés, con determinación y esa garra que ha acompañado su trayectoria desde sus años en la Escuela Taurina. Al entrar a matar, el estoque se le resbaló y quedó a merced del toro durante unos angustiosos segundos. Pero la última imagen no llegó con el estoque, sino con la coleta. Tras despachar al animal, Lavado apareció con ella en la mano para escenificar su retirada de los ruedos. Una decisión inesperada y profundamente personal, tomada apenas dos años después de su alternativa y en su segunda corrida como matador. La tarde adquiría así un significado inesperado: mientras una torera cerraba una trayectoria de treinta y cinco años y otro regresaba para reivindicar la vigencia de la suya, un tercero decidía detener la suya casi al comienzo.

Quizá ahí estuvo el verdadero ‘Sabor a Málaga’. No solo en las orejas ni en una terna íntegramente malagueña, sino en tres formas distintas de enfrentarse al tiempo. Maripaz besó el albero donde empezó todo; Galán volvió once años después para cortar dos orejas, y Lavado abandonó la plaza con la coleta en la mano. Tres imágenes para resumir una tarde en la que el toreo habló de memoria, presente y futuro.

La ficha del festejo:

La plaza registró tres cuartos de entrada en tarde calurosa.

Se lidiaron seis toros de Lagunajanda, bien presentados y de juego desigual. Destacó el noble primero y el bravo segundo; siendo el sexto también enrazado.

Maripaz Vega: estocada caída (oreja) y estocada (vuelta al ruedo)

David Galán: media estocada, estocada y descabello (oreja tras aviso) y estocada (oreja).

José Antonio Lavado: media estocada (silencio) y pinchazo, estocada trasera y tres descabellos (palmas tras aviso).

La corrida de mañana: tarde de rejones

La Feria Taurina celebra este domingo 16 de agosto su única corrida de rejones, para la que se lidiarán toros de Los Espartales ante un cartel formado por Rui Fernandes, Diego Ventura y Ferrer Martín. Una terna de gran atractivo en la que sobresale la presencia de Ventura, máxima figura del toreo a caballo, junto al veterano portugués y el rejoneador malagueño, que tendrá una nueva oportunidad de actuar ante su afición.

Tracking Pixel Contents