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Consumo

Comer en la Feria de Málaga, cada vez más caro: platos que duplican su precio y copas de hasta 15 euros

Los malagueños reducen sus visitas, comparten raciones o llegan comidos de casa ante la subida de los precios en la Feria del Centro, un malestar que también crece en las redes sociales

Una comida en una caseta de la Feria del Centro

Una comida en una caseta de la Feria del Centro / Álex Zea

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Adrián Torres Postigo

Adrián Torres Postigo

Málaga

Algunas de las costumbres que condensan la esencia de la Feria de Málaga se recuperan poco a poco: los trajes de flamenca, los verdiales o ese vaso de Cartojal bien frío con el que muchos brindan cada agosto. Otras, sin embargo, empiezan a resentirse. Entre ellas, la tradición de sentarse a comer en familia durante los días grandes de la ciudad.

Almorzar a un precio asequible en el Centro durante la Feria se ha convertido para muchos malagueños en una tarea cada vez más complicada. La subida de los precios ha llevado a numerosas familias a reducir sus visitas, limitar el consumo o reservar solo una jornada para comer en el casco histórico.

“El Centro se ha puesto a precio de guiri, a precio de extranjero. Y a nosotros, los malagueños, que es nuestra Feria, nos cuesta venir a comer”, resume Mar, que solía acudir con sus padres al Centro y que ahora lo hace con menos frecuencia. “Solemos venir un día nada más, porque los precios están de una manera que es imposible venir más de un día. Nos gusta, pero… un día nada más”, explica.

El mismo plato, casi el doble de caro

Muchos de quienes acuden a almorzar a la Feria son clientes habituales, familias que, por tradición, reservan una jornada para disfrutar de la Feria del Centro. Las comparaciones con ediciones anteriores surgen en cuanto repasan la carta. Pepi, como otros asistentes, recuerda cuánto pagó por el mismo producto hace apenas un año y señala una diferencia especialmente acusada en uno de los platos más habituales. “Yo me comí un plato de arroz que el año pasado me costaba siete euros. Este año me ha costado quince”, asegura.

Brindis en plena calle Larios

Brindis en plena calle Larios / Gregorio Marrero

La subida también se deja notar en opciones tradicionalmente consideradas más asequibles. “Los montaditos, por ejemplo, valían cinco euros y ahora valen ocho”, apunta María, otra malagueña que disfruta cada año de la Feria. Poco después de llegar, calculaba que su grupo ya había gastado entre 20 y 30 euros por persona. Pepi, por su parte, había desembolsado 29 euros. Son cantidades que pueden aumentar con rapidez cuando a la comida se suman las bebidas y el resto de los gastos propios de una jornada festiva.

Según la encuesta anual de la Unión de Consumidores de Málaga, los asistentes prevén gastar una media de 76,63 euros por persona durante la Feria. La comida y la bebida concentrarán buena parte del presupuesto, mientras que el incremento de los precios continúa generando descontento entre los consumidores.

La cartera elige el menú

El encarecimiento no siempre lleva a levantarse de la mesa, pero sí obliga a mirar con más detenimiento qué se coloca sobre ella. Ante la subida de algunas raciones, hay quienes descartan los productos más costosos y buscan alternativas que les permitan mantener la costumbre de comer en la Feria sin disparar la cuenta.

“En vez de pedir un plato de jamón o un plato de gambas, dices: ‘Bueno, pues me tomo unos boquerones, una tortilla o un pinchito’. Compensas un poquito”, explica Araceli Prado, una malagueña que, junto a su grupo, mantiene la tradición de comer cada año en la Feria. Entre ellos, además, el gasto se reparte: uno pide un plato, otro aporta el siguiente y todos comparten la comida. Calcula que la cuenta puede situarse entre los 40 y los 50 euros, aunque admite que cada año resulta más difícil prever hasta dónde llegará.

Un camarero sirviendo platos en una caseta de la Feria

Un camarero sirviendo platos en una caseta de la Feria / Gregorio Marrero

Pepi plantea una estrategia parecida. No está dispuesta a renunciar a la Feria, pero sí a sustituir algunas raciones: “En vez de un plato de arroz y unos pimientos, me comeré un bocadillito y unas patatas fritas, y ya está”. El cambio resume una realidad que comienza a repetirse en muchas mesas.

La subida, por tanto, no solo condiciona cuánto se gasta, sino también qué se come. El jamón, las gambas o determinadas raciones dejan paso a tortillas, pinchitos, bocadillos y patatas. La cartera acaba confeccionando un menú distinto al que muchos clientes habrían elegido sin tener que mirar el precio.

Las quejas llegan a las redes

El malestar por los precios también se ha trasladado a las redes sociales, donde algunos usuarios cuestionan el coste de las consumiciones durante la Feria. “¿Nadie va a hablar de que las copas en la Feria están a diez euros? Pregunto”, señala uno de los mensajes publicados en la red social “X”. Otro usuario eleva la cifra: “Casetas a 15 euros la copa. ¡Perfecto!”.

Las críticas no se limitan a casos concretos. Bajo la etiqueta #FeriaMLG, algunos usuarios se preguntan si se está “normalizando los precios de las bebidas y las comidas”. Un debate que refleja la preocupación por el encarecimiento de una celebración que los malagueños siguen reivindicando como propia.

¿Caro o abusivo?

La mayoría de los entrevistados asume que comer durante la Feria cuesta más que hacerlo cualquier otro día. La discusión comienza al intentar establecer hasta dónde resulta razonable esa diferencia. Para algunos, el límite depende del producto; para otros, de la capacidad económica de quien se sienta a la mesa.

Araceli Prado encuentra el ejemplo más claro en algo tan básico como el agua. “Un botellín de agua a 2,50 o tres euros lo veo abusivo, porque puedes ponerlo a 1,50, sigues ganando y no es tan abusivo”, sostiene. Pepi aplica una lógica similar al plato de arroz: “Si antes valía siete euros, pues bueno, que lo pongan a diez, pero no a quince. La diferencia es mucha”.

No todos trazan la frontera en el mismo punto. Teresa, otra de las asistentes reconoce que cuatro euros por una consumición le parecen caro, aunque no necesariamente inasumible. “A lo mejor alguien dice que es abusivo y yo digo: ‘Bueno, es caro, pero lo puedo pagar’. Al final depende de lo que tú puedas pagar”

Esa reflexión revela que la diferencia entre un precio elevado y uno abusivo no se mide únicamente en euros. También depende de quién se encuentra frente a la carta, de cuántas personas tenga que pagar y de cuantas veces quiera regresar durante la semana. La tradición de comer en la Feria permanece, pero cada vez exige más cálculos, más renuncias y un mayor esfuerzo para que la cuenta no termine siendo la protagonista de la jornada.

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