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Toros

Emilio de Justo encuentra agua en el desierto en la Feria de Málaga

El cacereño corta dos orejas al quinto y vuelve a abrir la Puerta Grande de La Malagueta en una tarde marcada por la mansedumbre de Victoriano del Río; Roca Rey deja dos actuaciones de firmeza y Talavante se pierde en la falta de opciones

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Daniel Herrera

Daniel Herrera

Málaga

Había casi lleno, calor, expectación y uno de esos carteles que justifican por sí solos una tarde de feria. También había una corrida de Victoriano del Río que, toro a toro, fue convirtiendo la ilusión en desencanto. Mansos, rajados, sin fondo y con una desesperante tendencia a desentenderse de la pelea, los toros fueron vaciando de contenido un festejo llamado a ser uno de los grandes acontecimientos del abono. Hasta que Emilio de Justo encontró en el quinto un resquicio de nobleza y decidió convertirlo en faena. Donde apenas había agua, bebió despacio. Natural a natural, terminó levantando una tarde que parecía condenada al tedio y volvió a salir por la Puerta Grande ‘Manolo Segura’ con dos orejas en la mano.

Un momento de la actuación de Alejandro Talavante ayer en La Malagueta

Un momento de la actuación de Alejandro Talavante ayer en La Malagueta / Alex Zea

Alejandro Talavante: sin poder entrar en la corrida

Alejandro Talavante fue el primero en comprobar por dónde iba a caminar la corrida. El que abrió plaza frenó ya de salida, sin querer fijarse en el capote y mostrando una absoluta falta de entrega. El pacense y Emilio de Justo dejaron sendos quites con gusto, especialmente el del cacereño, y Javier Ambel fue muy ovacionado en banderillas. Pero todo acabó en cuanto la muleta entró en escena. El toro apenas quería coger el engaño y mucho menos repetir. Talavante intentó provocar una embestida que nunca llegó, terminó macheteándolo y tomó pronto el camino de la espada. Era solo el primero, pero ya llevaba escrita buena parte del argumento de la tarde.

El cuarto confirmó los peores temores. Talavante ni siquiera encontró sensaciones de salida y dejó la lidia en manos de Javier Ambel. El toro huyó de cualquier planteamiento, buscó tablas y convirtió la mansedumbre en su única expresión. A esas alturas el público había dejado de esperar una remontada inmediata y comenzó a mostrar su hartazgo. Las protestas se repartieron entre el comportamiento del ganado y una actuación del extremeño que tampoco transmitió la sensación de querer discutirle al toro su apatía. Talavante se marchó de vacío y casi sin poder entrar realmente en la corrida.

Emilio de Justo, ayer en La Malagueta

Emilio de Justo, ayer en La Malagueta / Álex Zea

Emilio de Justo: quien busca, encuentra

Emilio de Justo, en cambio, había anunciado desde antes que quería encontrar algo. Al primero de su lote lo recibió con verónicas elegantes, especialmente dos por el pitón derecho, y lo llevó al caballo mediante chicuelinas al paso cargadas de torería. El animal había enseñado alguna condición aprovechable y se le cuidó. Roca Rey, sin embargo, apretó en el quite, elevando momentáneamente la temperatura. Ya con la muleta, De Justo dejó pasar los primeros compases hasta encontrar la distancia. Cuando comenzó a torear en redondo aparecieron muletazos de gusto y cierta cadencia. Parecía que la faena iba a crecer, pero el toro decidió otra cosa: se rajó y dio la espalda a cualquier posibilidad de continuidad. El cacereño entendió pronto que aquello no tenía más recorrido y abrevió.

El quinto tampoco prometió demasiado con el capote. Y quizá ahí estuvo una de las claves de lo que vino después. Tras cuatro toros que habían ido consumiendo la paciencia del tendido, De Justo no salió a esperar una embestida ideal. Salió a buscarla. Brindó al público y se fue a los medios consciente de que su primera tarde en el abono no podía escaparse sin pelea. El toro tenía nobleza, sí, pero tampoco una reserva inagotable de fuerza ni transmisión. Había que administrarlo. Y lo hizo al natural. Bien colocado, sin prisas y dando tiempo entre muletazo y muletazo, comenzó a construir la faena con temple en una plaza que llevaba horas pidiendo emociones. Cada natural parecía entonces tener más valor precisamente porque el resto de la corrida había negado casi todo. De Justo fue ganando profundidad, largura y confianza. No hubo un toro extraordinario, pero sí un torero capaz de agrandar lo que tenía delante. La faena nació de la inteligencia y terminó encontrando emoción.

En una tarde de sequía, aquello supo a mucho. El cacereño no necesitó artificios para levantar el festejo; le bastó con colocarse, templar y llevar por abajo una embestida noble. La estocada, contundente aunque algo trasera, desató la petición y el palco concedió las dos orejas. La Malagueta se volvió festiva de golpe. De Justo mantenía además una relación peculiar con esta plaza: sus tres comparecencias anteriores se habían saldado con triunfo, y la cuarta volvió a conducirlo a la Puerta Grande.

Roca Rey, en la plaza malagueña

Roca Rey, en la plaza malagueña / Alex Zea

Roca Rey: con actitud

Roca Rey tuvo que librar su propia batalla contra el tono general del encierro. El tercero titular fue protestado por flojedad y devuelto cuando ya se habían colocado dos pares de banderillas. El sobrero tampoco estaba sobrado de fuerzas, y por eso resultó difícil entender el quite por delantales que Talavante le instrumentó antes de la faena del peruano. Roca Rey brindó al público y comenzó hierático en el tercio, antes de llevárselo hacia los medios y exigirle por el pitón derecho. El animal respondió inicialmente con cierta calidad, pero por el izquierdo (cuya punta había quedado dañada tras un derrote contra el burladero) mostró menos opciones. Después llegó lo inevitable: el toro emprendió una huida hacia tablas de la que no quiso regresar. Roca Rey intentó insistir, pero la corrida volvía a imponer su ley. Tras pinchazo y estocada recibió una ovación, incluso con una petición minoritaria que decía más del ambiente de la plaza que del verdadero peso de la faena.

El sexto salió con De Justo ya a hombros en el horizonte y con la sensación de que Roca Rey necesitaba responder. Lo recibió por verónicas a pies juntos, queriendo cambiar el signo del festejo desde el capote. Con la muleta buscó plantear una faena por ambos pitones, pero el toro fue de una sosería exasperante, sin celo ni recorrido. El peruano decidió entonces llevar la faena al terreno donde más domina la escena: las cercanías. Se metió entre los pitones, se lo pasó por la espalda y asumió riesgos con la autoridad que le corresponde a quien ocupa la cúspide del escalafón. No hubo toro para construir una obra, pero sí torero dispuesto a no regalar la tarde. La ovación final reconoció esa actitud, aunque tampoco pudo borrar la frustración de una comparecencia que el ganado había dejado prácticamente sin argumentos.

La gran paradoja fue que uno de los carteles de mayor interés de la Feria terminara dependiendo de un único toro que simplemente se dejó. No hizo falta más para que Emilio de Justo cambiara por completo el relato. Talavante pasó de puntillas por una tarde sin materia; Roca Rey puso firmeza y riesgo allí donde no hubo emoción; y el cacereño demostró que, cuando casi nada sucede, también hay una forma de triunfar: saber encontrar lo poco que existe y hacerlo parecer mucho. Victoriano del Río dejó una mansada que estuvo cerca de llevarse por delante una de las citas grandes del abono. Emilio de Justo evitó el naufragio. En mitad de una tarde seca, encontró un pequeño manantial en el quinto y bebió hasta convertirlo en Puerta Grande.

La ficha del festejo:

La plaza registró un casi lleno en tarde calurosa.

Se lidiaron toros de Victoriano del Río, muy mansos en general. El quinto fue el único que se dejó.

Alejandro Talavante: dos pinchazos y estocada baja (silencio) y pinchazo y estocada (silencio).

Emilio de Justo: media estocada (ovación) y estocada trasera (dos orejas).

Roca Rey: pinchazo y estocada (ovación) y media estocada (silencio).

Saludó Viruta, de la cuadrilla de Roca Rey, tras banderillear al tercero.

Vuelve Morante de la Puebla a La Malagueta

La Feria de Málaga continuará el jueves con toros de Núñez del Cuvillo para Morante de la Puebla, Diego Urdiales y Fortes. El festejo, octavo del abono, comenzará a las 19.00 horas en La Malagueta. El cartel reúne la inspiración de Morante, el clasicismo de Urdiales y la presencia del malagueño Fortes, que volverá a hacer el paseíllo en la plaza en la que ha logrado tantos grandes triunfos en las últimas temporadas.

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