Recomendaciones
Los ocho cacharritos imprescindibles de la Feria de Málaga
De los clásicos coches de choque a la velocidad del Ratón Vacilón, el Real de Cortijo de Torres reúne atracciones para quienes buscan disfrutar de la Feria desde las alturas

Espectacular vista desde la noria / B.R-N

«Mamá, vámonos ya a los cacharritos, porfa», es tal vez una de las frase que más hemos repetido de pequeños cuando estábamos hartos de escuchar sevillanas en las casetas porque, a ojos de un niño, lo más divertido de la feria era pelear por conseguir la escoba en el Tren de la Bruja. Algunos hemos crecido, pero lo que sigue intacto es el cosquilleo que remueve ver como se montan poco a poco los cacharritos en el Real del Cortijo de Torres unas semanas antes de la celebración de la Feria.
Un poco antes de que la noche se haga con el Real, los cacharritos se convierten en uno de los grandes protagonistas de la fiesta. Música, luces y vueltas forman parte de un paisaje que, año tras año, atrae tanto a los más atrevidos como a quienes buscan recuperar por unas horas la ilusión de cuando eran niños. Entre tantas opciones, hay atracciones que se han convertido en auténticos imprescindibles, clásicos que sobreviven al paso del tiempo y que ponen a prueba incluso al más valiente.

El Saltamontes, un clásico / B.R-N
El Saltamontes: Subir y bajar, subir y bajar
Una de las muchas versiones de este formato de atracción. Cada viaje se convierte en una montaña rusa en la que los pasajeros pasan de estar arriba a encontrarse abajo en cuestión de segundos. Una combinación entre velocidad y saltos que alertan la adrenalina de todo el que sube. Uno de los jóvenes que esperaba en la cola para subir aseguraba que «es subirse y aunque no haya empezado ya sientes los nervios de subir y bajar». Una opción para quienes llegan al Real con ganas de empezar fuerte.

Los imprescindibles coches de choque / B.R-N
El cacharrito por excelencia: los coches de choque
El lugar donde si tienes el permiso de conducir no te va a servir para absolutamente nada. Si existe una atracción capaz de despertar el espíritu competitivo de cualquiera, y que además ha marcado la infancia de todos los niños que se han montado, esa es la de los coches de choque. Los vehículos guardan en sus asientos, como el de la chica que, mientras esperaba para arrancar, le contaba a este periodico su recuerdo de «ser pequeña, estar vestida de flamenca y no entrar prácticamente en el coche por culpa del vestido». Ese es precisamente su encanto, que no entiende de grandes y pequeños, y por eso cualquier persona puede contar un recuerdo al volante de esta atracción.

El tren de la bruja / B.R-N
El tren de la bruja: escobazo asegurado
«Es mi favorito, aunque da mucho miedo», fueron las palabras del pequeño Jaime, un niño de 6 años que esperaba con su papá montado en uno de los vagones a que arrancara la atracción. El Tren de la Bruja es otro de esos nombres que forman parte de la memoria colectiva de las ferias. Su recorrido en círculos se convierte en un gran viaje en el que que nunca se sabe cuándo llegará el próximo susto o el próximo escobazo. «Veremos a ver si conseguimos la escoba», decía riendo el padre de Jaime hablando de ese premio tan preciado.

Ala Delta, otro clásico / B.R-N
Ala Delta: la feria desde las alturas
Pese a ser uno de los cacharritos más caros de toda la feria, es a su vez uno de los que más expectación atrae. Tener la sensación de estar suspendido en el aire es su mayor atractivo, a lo que se le añade la experiencia del movimiento y la velocidad. «Es que los veo ahí arriba y me pongo mala», comentaba casi sin querer mirar una de las madres que miraba desde el somo sus hijos caían en picado por una de las bajadas del recorrido de la atracción.

El querido Ratón Vacilón / B.R-N
El Ratón Vacilón: que te como, que te como
Tom lleva intentando atrapar a Jerry desde 1940. Un año más intenta hacerlo en la Feria de Málaga desde los raíles del Ratón Vacilón. Es uno de esos cacharritos en los que la velocidad, las curvas y el hecho de que el vagón gire sobre sí mismo, consiguen que el recorrido parezca mucho más intenso de lo esperado. Además, el «¡Qué te como! ¡Qué te como!» que suena antes de ser engullido por el gato es una de las sintonías más características de esta parte de la Feria.

El barco vikingo / B.R-N
El Barco Vikingo que nunca lleva a puerto
El Barco Vikingo es otra parada obligatoria para los amantes de las emociones fuertes. El movimiento comienza poco a poco, pero la sensación cambia a medida que el barco alcanza mayor altura. Hay quien prefiere estar de pie en la jaula, o quien elige estar sentado, pero de lo que no hay duda es de que el balanceo pone a prueba el estómago y convierte cada recorrido en una batalla naval.

El toro loco / B.R-N
El toro loco: que aguante el que pueda
La atracción que convierte el equilibrio en el principal aliado, y el movimiento en el principal enemigo. La mecánica es sencilla de entender: subirse, agarrarse y tratar de mantenerse sobre el toro mientras que la plataforma y el toro hace todo lo posible para mandar al pasajero al suelo. Aquí no existe un recorrido, simplemente hay «que resistir aunque acabes revolcado por en el suelo», tal y como comentaba uno de los que bajan de la atracción.

La inevitable noria / B.R-N
La noria: la hermana mayor de los cacharritos
Para quienes prefieren contemplar el Real antes que salir disparados por los aires, la noria ofrece otra manera de vivir la Feria. Poco a poco, las cabinas ascienden mientras las luces del Real del Cortijo de Torres se quedan en pequeños puntos de luz en la lejanía. «No podemos venir a la feria y no subirnos en la noria, es una tradición», comentaba una pareja que esperaba la cola para comprar los tickets.
Volver para encontrarse con la infancia
Los cacharritos tienen algo que ninguna otra parte de la Feria consigue. Porque pasan los años, las canciones se mantienen y llegan unas nuevas, crecemos y dejamos de pedirle a nuestra madre que nos lleve de la mano hasta esa zona del Real, pero basta con sentir esa adrenalina en el estómago para volver a ser aquellos niños que solo querían montarse en todo lo que veían. Crecer no significa dejar atrás los cacharritos, sino darse cuenta de que algunas ilusiones merecen repetirse. Y cuando la Feria vuelve a Málaga, también vuelve ese niño que llevamos dentro, dispuesto a gritar, reír y decir: «Mamá, vámonos ya a los cacharritos».
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