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El estado de la fiesta

Los malagueños coinciden: “La Feria del Centro ha perdido su identidad”

Pulsamos la opinión de la gente que disfruta estos días de la fiesta en las calles de Málaga en torno a la pregunta que todos los años surge en torno a la Feria del Centro:¿Ha muerto como tal?¿Se ha quedado sin idiosincrasia? Malagueños y visitantes comentan los cambios que se han producido

Panorámica de la calle Larios, hoy, en la recta final de la  Semana Grande de la capital

Panorámica de la calle Larios, hoy, en la recta final de la Semana Grande de la capital / Álex Zea

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Aroha Moreno

Aroha Moreno

Málaga

Una mezcla de botellas de Cartojal, pandas de verdiales, flores en el suelo y selfies con amigos al comienzo de Calle Larios caracterizan la tradicional Feria del centro de Málaga. Los infinitos bailes y las numerosas risas, que con el paso de los años se han ido difuminando, y han ido apagando el espacio que una vez fue destinado a los ciudadanos de la provincia. Una semana de disfrute que sobrevive coexistiendo con el turismo, un horario reducido y la polarización.

Para Fabiola Sarmiento, el ambiente durante estos días de Feria se asemeja bastante al de un fin de semana cualquiera: «La Feria del Centro ya no tiene nada que ver con las que se celebraban antes». Añade que las calles están prácticamente vacías y destaca la presencia de la verdadera tradición en el Real, en el Cortijo de Torres. Afirma que para ella «está muerto» el festejo urbano y reclama la vuelta de la esencia pura al casco histórico de la ciudad.

El origen

Por su parte, Juan Diego Vivar, malagueño orgulloso, recuerda el origen de la Feria en las calles de la capital: «El Centro te ofrecía un lugar estratégico geográfico por la cercanía a la inmensa mayoría de las personas y evitabas tener que utilizar un vehículo por la conexión del transporte público». Sin embargo, recalca las mejoras que ha tenido el recinto del Cortijo de Torres, poniendo en peligro la relevancia de la tradición en Calle Larios: «Cada año se pierde un poco más la esencia de la feria de referencia, quedando en una sin chispa ni gracia. Hoy en día es como cualquier otra ciudad», sentencia.

«El Centro no es lo que era»

Lo más importante de las festividades es la compañía, no la ubicación. Aurora Marín destaca la importancia de elegir a buenos compañeros para disfrutar: «Me gusta más el Real, más fresco, más ambiente de feria. Desde hace unos años, el Centro no es lo que era, aunque si hay que ir por estar con las amigas, se va». A pesar de no estar demasiado contenta con los cambios ocurridos en este lugar, siempre prioriza pasar un buen rato con sus seres queridos.

La Plaza de la Constitución, uno de los tradicionales epicentros de la fiesta del Centro, ya no se llena

La Plaza de la Constitución, uno de los tradicionales epicentros de la fiesta del Centro, ya no se llena / Álex Zea

Marta Durán respalda estas palabras y señala la serenidad de la zona con respecto a otros años: «Antiguamente había más conciertos en la calle, más ambiente... Por lo tanto, ahora, en realidad, es como dar un paseo tranquilo. Yo recuerdo que antes, en cada esquina había gente tocando y bailando música por la calle, ya no se ve eso».

Identidad difuminada

Pero no todas son opiniones negativas en lo relativo a la Semana Grande en el Centro Histórico. Como, por ejemplo, la de Sonia Gutiérrez: «Aunque ha cambiado durante estos años, sigue manteniéndose la esencia de la auténtica Feria de Málaga». Comenta que anteriormente, se solía celebrar en las calles, en los tingladillos y con la música de ambiente. Menciona además la diferencia de duración con respecto a la fiesta en el Cortijo de Torres: «El límite horario hace que, por ejemplo, la gente prefiera irse al Real directamente porque saben que no hay uno como en el Centro, que limita mucho y corta el rollo completamente».

La duración de las actividades no es el único factor de cambio. Trinidad Porras, por su parte, prefiere todavía la popular celebración en las calles del casco antiguo. «A mí personalmente me sigue gustando más la del Centro. Aunque hay menos gente y es verdad que cortan la música a una hora demasiado temprana en las calles, suelo ir un par de veces: una al Centro y otra al Real; todo depende también de las casetas».

Nuria Castillo coincide en este argumento y afirma que «los que hemos crecido yendo al Centro durante el día y por la noche al recinto ferial, seguimos sintiendo la necesidad de seguir con esa tradición». Sin embargo, pone el foco en los horarios reducidos por las quejas de los turistas: «Es una lástima que se vaya perdiendo la esencia del Centro y que haya tanto turismo, incluso con maletas en pleno Centro».

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