Toros
Fortes obliga a que sucedan cosas importantes para abrir la Puerta Grande de la Feria de Málaga
El malagueño corta tres orejas y vuelve a salir por la ‘Manolo Segura’ en una tarde en la que Morante dejó destellos de enorme sabor y Urdiales se estrelló contra un lote imposible de una desrazada corrida de Núñez del Cuvillo

La tarde había levantado una de las mayores expectaciones de la Feria y terminó explicándose en clave triunfal. No fue la inspiración de Morante ni el clasicismo de Urdiales lo que terminó escribiendo el desenlace, sino la capacidad de Fortes para convertir la dificultad en triunfo. La corrida de Núñez del Cuvillo, desigual de presentación y desrazada en su conjunto, puso muy poco de su parte. Los toreros estuvieron por encima. Y entre los tres, el malagueño fue quien mejor entendió que aquella tarde se ganaba obligando a que sucedieran cosas.

Un momento de la actuación de Morante de la Puebla en La Malagueta / Álex Zea
Morante lo vio desde el principio
Morante de la Puebla lo intuyó ya desde el primero. El toro había salido flojo, desentendido y sin excesivas ganas de pelea, pero el cigarrero comenzó a enseñarle el camino hasta encontrar un par de derechazos con ese sabor que solo él sabe imprimir. A partir de ahí fue dejando detalles aislados, pequeñas piezas de una tauromaquia que no necesita cantidad para reconocerse. Cuando estaba más relajado llegó la voltereta, fuerte y seca, quedando a merced de los pitones. Se levantó sin mirarse y regresó exactamente al sitio donde había sido prendido. Esa decisión tuvo tanto valor como algunos de los naturales que llegaron después. Un gran pase de pecho y un desplante cerraron una faena que tuvo más contenido del que permitió el toro. La estocada caída fue fulminante y la petición no alcanzó la fuerza suficiente.
El cuarto salió andando, casi sin querer embestir. Y, sin embargo, bastó una verónica para recordar por qué Morante convierte cualquier detalle en acontecimiento. Marcó los tiempos con el capote y dejó un lance de esos que parecen detener el ruido de una plaza llena. Algo le vio, porque quiso hacerse cargo personalmente de toda la lidia y mantuvo la fe incluso cuando el toro confirmó su falta de casta. Con la muleta puesta, sin brusquedades, fue robándole derechazos y naturales sueltos de enorme regusto. El viento, que empezó a hacerse protagonista desde el tercer toro, añadió dificultad a un conjunto que fue creciendo poco a poco hasta alcanzar sus mejores momentos en redondo. Fue una faena de enorme mérito, equilibrada entre arte y valor, a la que la espada privó de premio.

Diego Urdiales, en La Malagueta / Álex Zea
Diego Urdiales exprimió lo que había
Diego Urdiales tuvo todavía menos opciones. Al segundo lo recibió con verónicas de sello clásico y una media de buen trazo, pero el toro mostró desde muy pronto que tenía la raza justa. Noble, sí, aunque sin verdadera entrega. Urdiales trató de convencerlo con toques suaves, buscándole siempre el recorrido y dándole aire entre serie y serie. El problema fue que cada pausa encontraba al animal un poco más parado. La faena se fue diluyendo al mismo tiempo que el toro, hasta quedar prácticamente aplomado. El riojano exprimió lo que había, pero allí no había materia suficiente para construir una obra.
Peor fue el quinto. Un toro sin celo, sin clase y sin voluntad, que pasó de los arreones iniciales a los cabezazos y las embestidas defensivas. Urdiales insistió más por compromiso que por verdadera posibilidad de lucimiento. Había que estar delante y aguantar las miradas de un animal que, con aquellas astifinas defensas, amenazaba con convertir cualquier error en un serio disgusto. Sacó oficio, voluntad y una habilidad suficiente para cerrar con una estocada casi entera. La ovación fue el reconocimiento a quien había cumplido con una tarde que no le dio nada.

Fortes, en La Malagueta / Álex Zea
Fortes: exigente y sin concesiones
Fortes, en cambio, encontró una puerta donde los demás apenas habían visto paredes. Ya había dejado su primera declaración en un quite por chicuelinas al toro de Urdiales, y cuando salió el tercero se explayó a la verónica, ganando terreno hasta rematar con una buena media. Curro Vivas y Javier Gómez Pascual calentaron el ambiente en banderillas, especialmente el primero, que expuso muchísimo. El toro tenía recorrido y cierta transmisión, pero también amagaba con rajarse. Ahí empezó la verdadera pelea del malagueño. Se puso de rodillas y se lo dejó venir. El primer derechazo, sacando el pecho y acompañando la embestida con empaque, encendió una plaza que esperaba su actuación con especial interés. Ya en los medios apareció un viento incómodo que obligó a cambiar de terrenos. Fortes se refugió en el tercio y desde allí comenzó a exigir al toro para impedirle abandonar la pelea. Lo sujetó, lo colocó y terminó exprimiendo cada viaje con un ajuste extraordinario. No hubo concesiones. Cuando el animal parecía querer marcharse, él lo obligaba a quedarse. Cuando aflojaba, le planteaba otra vez la muleta. Las manoletinas y un pase de pecho ejecutado casi únicamente con la muñeca terminaron de redondear una faena de lucha y mando. Los aceros se resistieron, pero la oreja llegó como premio incontestable.
El sexto tenía ya aroma a oportunidad definitiva. Fortes volvió a torearlo a la verónica y lo llevó al caballo mediante chicuelinas al paso de mucha torería. Juan José Trujillo revivió después sus mejores tardes con los palos y tuvo que desmonterarse. El brindis fue para Morante. Y entonces Fortes eligió un escenario cargado de simbolismo: comenzó la faena junto a una de las pilastras de la Puerta Grande que quería abrir, agarrado con la mano libre a la madera mientras citaba al toro. A partir de ahí, la faena tomó vuelo. Sacó al animal hacia el tercio y comenzó a construir por el pitón derecho con muletazos hondos y templados. Cada tanda tenía mayor exigencia. Por el izquierdo el toro nunca terminó de entregarse y Fortes tuvo que aguantar miradas y medias embestidas con una firmeza extraordinaria. No se descompuso. Regresó a la diestra y recuperó la rotundidad mientras sonaba ‘La Concha Flamenca’. La plaza entendió que la Puerta Grande estaba cerca. La estocada cayó baja y dejó margen para el debate, pero la petición fue unánime y el palco concedió las dos orejas. Tres en total y una nueva salida a hombros por la Puerta Grande ‘Manolo Segura’. La imagen final tuvo además un componente íntimo: Fortes salió en volandas llevando en brazos a su hijo menor, mientras La Malagueta celebraba a uno de los toreros que más y mejor ha respondido en sus últimas temporadas. Este viernes regresará con el mismo objetivo y el reto de medirse a astados de Victorino Martín.
La ficha del festejo:
La plaza registró lleno en tarde calurosa y a partir del tercer toro ventosa.
Se lidiaron toros de Núñez del Cuvillo, desiguales de presentación y desrazados.
Morante de la Puebla: estocada caída (ovación tras aviso) y media estocada y descabello (ovación tras aviso).
Diego Urdiales: pinchazo y estocada contraria (ovación) y estocada casi entera (ovación).
Fortes: pinchazo y media estocada (oreja tras aviso) y estocada caída (dos orejas).
Saludaron Curro Vivas y Javier Gómez Pascual, de la cuadrilla de Fortes, al banderillear al tercero de la tarde; al igual que Juan José Trujillo en el sexto.
Vuelven los "victorinos"
La Malagueta acogerá hoy la lidia de una corrida de la ganadería de Victorino Martín, doce años después de su última presencia con seis toros. Manuel Escribano, especialista en hierros exigentes y brillante banderillero, abrirá un cartel que completan Emilio de Justo, en su segunda tarde tras triunfar en la Feria, y el malagueño Fortes, que asumirá el reto de medirse a una de los hierros más emblemáticos del campo bravo.
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